Orellana, Cristina
Directora Ejecutiva CDC


Orellana, Cristina
Cuando las cifras no bastan

Miles de paraguas de distintos colores y tamaños. Todos cobijando uno, dos y hasta tres manifestantes que, una vez más, marcharon el jueves por el centro de Santiago, como se repitió en las principales ciudades del país. Ello, sólo horas después de los nuevos anuncios del Gobierno para eso que ya parece una leyenda: una educación de calidad para nuestros hijos, nietos y los que siguen. El desafío era seguir sacando la voz y hacerse escuchar pese a la nieve y al frío, en un debate nacional abierto, público, transparente, que incluso cuenta con el clima como aliado para hacerse cada vez más épico.

Por eso seguramente le es tan difícil entender y encontrar una salida a la derecha en el gobierno. Es cierto, hubo pequeños avances, razonables muestras de intento de diálogo por parte de La Moneda, en un acierto más propio del ministro a cargo que del Ejecutivo en su conjunto. La verdad es que —cacerolas, marchas estudiantiles, convocatorias dominicales a las familias y huelgas de hambre mediante—, la Confech, los profesores y los secundarios han logrado ser un solo gran aliento para sintonizar con una ciudadanía agotada de lucros, cobros abusivos, un transporte público insoportable, exceso de represión policial.

Sí, todo eso ha estado pasando aquí mismo en Chile, el país de los jóvenes-que-no-están-ni-ahí, el de los consumidores pasivos que se dejan aplastar, el de los denunciantes que se aburren de tanto trámite judicial. Algo cambió en nuestro Chile. Sea cual sea el resultado, lleguemos o no al tan temido plebiscito, se elimine del todo o no el lucro, ya no será igual de fácil para esos mismos grupos, acostumbrados al poder con escaso límite, imponerse por las buenas o las malas. Ya no será tan fácil que, sin ni arrugarse, un senador de la República deseche el fin del sistema binominal por no estar entre sus prioridades. Ya no es que otros hablen por “la gente”. Todos y cada uno sacamos la voz por nosotros mismos. Para un modelo neoliberal preocupado de cifras, imaceces, ipeceses y demases, hoy se impone la escala humana, muy de comunidad, muy de democracia. Criterios nuevos, vientos nuevos que exigen una nueva Constitución política para Chile, y más y mejores mecanismos de participación. Y que nos dicen que la nueva forma de gobernar está a punto de expirar.

Miles de paraguas de distintos colores y tamaños. Todos cobijando uno, dos y hasta tres manifestantes que, una vez más, marcharon el jueves por el centro de Santiago, como se repitió en las principales ciudades del país. Ello, sólo horas después de los nuevos anuncios del Gobierno para eso que ya parece una leyenda: una educación de calidad para nuestros hijos, nietos y los que siguen. El desafío era seguir sacando la voz y hacerse escuchar pese a la nieve y al frío, en un debate nacional abierto, público, transparente, que incluso cuenta con el clima como aliado para hacerse cada vez más épico.

Por eso seguramente le es tan difícil entender y encontrar una salida a la derecha en el gobierno. Es cierto, hubo pequeños avances, razonables muestras de intento de diálogo por parte de La Moneda, en un acierto más propio del ministro a cargo que del Ejecutivo en su conjunto. La verdad es que —cacerolas, marchas estudiantiles, convocatorias dominicales a las familias y huelgas de hambre mediante—, la Confech, los profesores y los secundarios han logrado ser un solo gran aliento para sintonizar con una ciudadanía agotada de lucros, cobros abusivos, un transporte público insoportable, exceso de represión policial.

Sí, todo eso ha estado pasando aquí mismo en Chile, el país de los jóvenes-que-no-están-ni-ahí, el de los consumidores pasivos que se dejan aplastar, el de los denunciantes que se aburren de tanto trámite judicial. Algo cambió en nuestro Chile. Sea cual sea el resultado, lleguemos o no al tan temido plebiscito, se elimine del todo o no el lucro, ya no será igual de fácil para esos mismos grupos, acostumbrados al poder con escaso límite, imponerse por las buenas o las malas. Ya no será tan fácil que, sin ni arrugarse, un senador de la República deseche el fin del sistema binominal por no estar entre sus prioridades. Ya no es que otros hablen por “la gente”. Todos y cada uno sacamos la voz por nosotros mismos. Para un modelo neoliberal preocupado de cifras, imaceces, ipeceses y demases, hoy se impone la escala humana, muy de comunidad, muy de democracia. Criterios nuevos, vientos nuevos que exigen una nueva Constitución política para Chile, y más y mejores mecanismos de participación. Y que nos dicen que la nueva forma de gobernar está a punto de expirar.

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