Corral, Hernán


Corral, Hernán
El Mundial y el Derecho

Imposible sustraerse a la fiebre mundialera. Y la verdad es que el Derecho tiene mucho que decir sobre la organización del fútbol, la FIFA, la contratación y traspaso de jugadores, etc. Incluso en Italia existe una revista especializada en Diritto Sportivo. Pero ahora nos interesa más bien aprovechar el ejemplo del juego del fútbol para lograr una mejor comprensión del funcionamiento de las leyes y del sistema jurídico. Hay muchas formas de analogía entre el sistema normativo que impera en un partido de fútbol y el orden legal de una sociedad. Por de pronto, en ambos existen reglas que determinan lo permitido y lo prohibido. No es todo: existen individuos que ocupan esas reglas para orientar sus actos y omisiones; hay jueces que observan dichas conductas y determinan si las reglas han sido cumplidas o violadas; se aplican sanciones de diversa gravedad a los que transgreden las reglas, e incluso se declara la nulidad de actos que se realizaron sin sujetarse a las normas que determinan su validez (por ejemplo, la nulidad de un gol por una posición de adelanto).

Pero donde la analogía tiene un efecto demostrativo importante es en por qué obligan las leyes. La llamada concepción positivista del derecho (Austin, Kelsen) sugiere que éste obliga porque es un mandato del soberano, del que tiene el uso de la fuerza. La coacción, la amenaza de un mal, sería lo que impele a las personas a respetar el derecho. Ya el profesor inglés Hart puso en evidencia que ésta es una respuesta incorrecta si se atiende a cómo aprecian las leyes y su obligatoriedad los que participan del sistema. Si miramos el modelo del juego, en este caso el fútbol, entendemos claramente que los jugadores no respetan las reglas sólo por temor a los cobros del árbitro: éstos son más bien una anomalía, una excepción al juego. Lo hacen porque saben que la única forma de obtener el objetivo de todos —jugar fútbol—, es mediante el respeto de las reglas. Sin ellas, no podrían jugar. Las normas del fútbol no son vistas como limitaciones y coacciones a la libertad de los jugadores, sino como facilitadoras y promotoras de una libertad y una creatividad con sentido: dentro del juego y para su mejor desarrollo. Lo mismo sucede en la sociedad: si las normas son adecuadas al bien común, su cumplimiento es general y espontáneo, no por temor a la cárcel y a las sanciones, sino porque sabemos que es necesario su respeto y promoción para lograr una comunidad propiamente humana.

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5 Comentarios publicados
Posteado por:
Mónica Vásquez Vetterlein.
24/06/2010 09:58
[ N° 1 ]

Don Hernán para que el cumplimiento de las normas sea espontáneo se requiere una sociedad con cierto estandar ético, lo que se sustenta a su vez en educación entendida como un proceso civilizador del individuo del que ya deberían verse buenos resultados al egresar del colegio. Lamentablemente, lo observado en Plaza Italia o Baquedano como sea que se llame, no parece sustentar su tesis de que buenas normas generarían cumplimiento espontáneo dada su justicia y razonabilidad, entonces me inclino por más cárceles, más derecho de las victimas y revisión de la justicia en materia de menores.

Posteado por:
Aníbal
24/06/2010 18:45
[ N° 2 ]

Interesante el artículo del profesor. Es muy buena su analogía del fútbol con las leyes.

Posteado por:
Antonio
29/06/2010 17:06
[ N° 3 ]

Excelente analogía del autor, y muy ad-hoc con los tiempos.

Posteado por:
Carlos P
29/06/2010 17:21
[ N° 4 ]

Sin lugar a dudas, una analogía sin sentido y estéril.

Posteado por:
Francisco
30/06/2010 18:55
[ N° 5 ]

Creo que los jugadores que se transan por vitrina del mundial debieran pagar una compensación a nuestra selección, dado que se les paga por jugar y el único ganador hasta el momento es el jugador y su representante

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