Gonzalo Vial en la memoria (95)
Felipe Cubillos en la memoria (95)
Una de las limitaciones que tuvieron las demandas sociales del año pasado en pro de la reforma educacional fue su silencio respecto del tema del profesorado, factor clave tanto para un real avance en materia de calidad de la enseñanza como para la operatividad efectiva de los cambios que se introduzcan, ya que cualquier aplicación concreta pasa por sus manos. Este silencio fue aún más notorio por la presencia de los dirigentes gremiales del magisterio en la cúpula del movimiento.
Ahora, desde diversos ángulos, comienzan felizmente a plantearse aspectos que se veían postergados. Así, sin perjuicio de llevar adelante en el Congreso los proyectos de índole económica destinados a aliviar el costo de la educación para las familias, como los que inciden en las tasas de los créditos, la forma de pago y las deudas pendientes, el ministro Harald Beyer ha anunciado un impulso sustancial a la enseñanza parvularia y preescolar. Por otra parte, se conoce el resultado de una encuesta realizada por el Centro de Perfeccionamiento e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP) del mismo ministerio en el que se consulta la opinión de los profesionales del sector sobre su carrera.
No se trata de una encuesta propiamente tal, por lo que no cabe sacar conclusiones con total rigor estadístico, sino de un llamado del Centro por internet a los docentes y directivos del sistema escolar que cumplen esas tareas a que manifiesten su opinión en forma voluntaria sobre algunos puntos precisos. De las 13.654 respuestas se validaron sólo 9.822 porque el resto, según se ha explicado, se entregó fuera de plazo o eran incompletas. Aun en esas condiciones, la notable participación de las provincias (67% frente al 33% de la Región Metropolitana) y mayoritaria (56%) de establecimientos municipales otorgan un especial interés a las respuestas.
Tanto en la enseñanza municipal (65,5%) como en la particular subvencionada (72%) se impone ampliamente la vinculación de los sueldos con la eficiencia profesional de los maestros, de manera que aquéllos puedan ser diferentes atendiendo a su desempeño. Es éste un elemento decisivo, frente al actual predominio de la antigüedad, para mejorar la calidad de la educación. Asimismo, el 69,2% de los docentes y el 76,4% de los directores respaldan el examen nacional de los egresados de Pedagogía antes de que comiencen a dictar clases, lo que aporta una nueva exigencia al mejoramiento de la enseñanza.
Pero quizás la más significativa de las respuestas, por las consecuencias prácticas que supone para la renovación y perfeccionamiento del magisterio, se refiere a la facultad de los directores -elegidos de manera objetiva y transparente- para despedir a los profesores mal evaluados. Esa atribución es apoyada por el 79,4% del personal de colegios subvencionados y -lo que es de gran importancia- también por la mayoría (54,5%) del sector municipal. Es probable que estos antecedentes den lugar a polémica con la posición tradicional de quienes encabezan la respectiva actividad gremial. Sin embargo, la libre coincidencia de los propios maestros con lo que es el sentir general de la ciudadanía y el juicio de los expertos en el tema constituye un paso sustancial en una de las reformas más necesarias del sistema.