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Editorial
Martes 07 de Febrero de 2012
Desafíos del Transantiago

Al borde del quinto aniversario de la inoportuna puesta en marcha del criticado servicio actual de transporte público en la capital que combina el metro con buses, el ministro del ramo, Pedro Pablo Errázuriz, explicó a La Segunda el viernes pasado las razones por las cuales confía en que 2012 marcará un giro en la calidad del sistema y su sustentabilidad. De hecho, en el año que lleva a cargo del problema ha invertido gran parte de sus esfuerzos en negociar nuevos contratos del Estado con los operadores de los buses (y ahora con el AFT, es decir el Administrador Financiero del Transantiago), con el objetivo de cambiarles el foco de sus preocupaciones desde el mero cumplimiento del plan programado hacia un interés real en la aprobación de las personas al servicio ofrecido, que redunde en su utilización frecuente.

En su concepto, la regularidad de los recorridos, la facilidad de acceso oportuno, el espacio interior del bus y un menor número de transbordos deberían llevar a una mayor satisfacción de los usuarios y a que el sistema sea "el mejor de Sudamérica" para el año 2014. Se ha señalado, además, que la modificación contractual en cuanto al cálculo del ingreso de los operadores supondrá que dejen de ser de cargo estatal la evasión por el no pago de pasajes y el exceso de transbordos, lo que incidirá en disminuir el déficit, mientras una mayor competencia beneficiará al público.

Pero, si bien cabe esperar, como lo plantea el ministro, un progresivo avance en las condiciones de frecuencia, puntualidad y comodidad de los buses gracias a la renovación de los equipos, las vías preferenciales y el propio interés de las empresas ya señalado, subsiste el problema de un déficit que hasta ahora ha venido creciendo. Para este año, él se estima en US$ 188 millones, pese a que el Presupuesto Nacional incluyó el subsidio a la tarifa escolar y otro transitorio calculado en 2009 sólo hasta 2014. Por ello, Errázuriz prepara un proyecto de ley para un aporte permanente que cubra el 40% de los costos y modere el actual ritmo de alza en los pasajes (recién incrementados en $ 20), con lo que se descartaría en forma definitiva la ilusión de autofinanciamiento del proyecto inicial.

Ambos aspectos -mejor servicio y corrección del déficit- son complementarios, y más allá de las necesarias medidas que se adopten requieren también un cambio cultural que no es fácil de lograr. En efecto, todo indica que un sector numeroso de la población ha asumido casi como un derecho la burla del pago en los buses (lo que por diversos motivos no ocurre así en el metro), y este obstáculo aparece como el más negativo e influyente. Por lo mismo, es el más necesario y urgente de abordar desde diversos ángulos que van de la vigilancia e intervención directa hasta la creación de conciencia, sin perjuicio de que se reconozcan sus reales dificultades, por la naturaleza y la extensión de una irresponsabilidad y un desnivel entre derechos y deberes que, bajo distintas modalidades, se presenta hoy en muchos aspectos de la vida pública.


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