Gonzalo Vial en la memoria (95)
Felipe Cubillos en la memoria (95)
Edwards, Jorge
La literatura está llena de museos imaginarios, y no sólo de museos: talleres, cuadros, pintores inventados. Ahora que no tengo tiempo para hacerlo, me dan muchas ganas de organizar un curso, un seminario, un ciclo breve, sobre este asunto. Son ganas saludables, me imagino, y me pongo a pensar en un esquema, una estructura, un plan de lecturas, por si las moscas. Hace años escribí un relato de extensión mediana en el que había tres figuras de cera en una sala inexistente, adentro de una mansión que tampoco existía. Las figuras correspondían a personajes de ficción, de modo que había una doble ficción, o que todo, la casa, el paisaje, los personajes, era mentira ficticia. Me encontré con Severo Sarduy, el escritor cubano, en uno de los eventos culturales de aquellos años, y me dijo: Los dos hemos escrito el mismo libro. Después descubrí que él había escrito un ensayo sobre el barroco. Es decir, eran bromas literarias muy de la época. Ahora se hacen menos bromas, y no sé si la seriedad nos ayuda a escribir peor o mejor.
Me encuentro en el período humano de la relectura, y pienso que es probablemente el mejor de todos. Aunque también es una maravilla el tiempo del descubrimiento, de la exploración, de la primera formación: los años juveniles en que uno escuchaba hablar de un libro y corría como loco a buscarlo. La dificultad de la búsqueda era un aliciente adicional. Me acuerdo hasta ahora de cómo descubrí a Marcel Proust en una edición que se había llovido, a James Joyce en la librería Studio del centro de Santiago, a Fernando Pessoa en una breve antología brasileña. Leí mi primer William Faulkner en una edición argentina que se desarmaba. Ahora leo mi último Balzac, pero es, en realidad, una relectura, y la verdad es que no me acordaba de casi nada. La novela, de unas cincuenta o sesenta páginas, se llama La obra maestra desconocida : es una proeza de brevedad, de fuerza, de fantasía, de análisis estético. Balzac la escribió en
El testigo más cercano de la historia de Balzac, que tiene un punto de partida verdadero, es el gran pintor francés del siglo XVII, Nicolás Poussin. Poussin, para conseguir que el artista anciano muestre su obra, ha permitido que una joven amiga suya pose desnuda para el maestro.
La escena quizá no sea demasiado verosímil, pero, tal como la narra el futuro autor de la Comedia Humana , es de un dramatismo sobrecogedor. El interior de la sala de Freehofer, el viejo, tiene algo mágico. Evoca los recipientes, las probetas, los calderos, los libros herméticos, del laboratorio del Fausto , la obra de Goethe que impresionaba en esos días a toda Europa. Más tarde, Delacroix se inspiraría muchas veces en las imágenes fáusticas. También son atmósferas que se encuentran a cada paso en las novelas mayores de la Comedia Humana .
Se han escrito centenares de páginas en muchos idiomas sobre La obra maestra desconocida . Balzac sostuvo ahí una tesis fundamental del arte moderno: "La misión del arte no es copiar la naturaleza sino expresarla". En otras palabras, Balzac fue un precursor de la modernidad, y lo fue desde muy joven. Su visión de los salones de pintura de alrededor de 1830 es acerada, cáustica. Sostiene que el exceso de cuadros en exhibición, que se empezó a producir algún tiempo después de la Revolución Francesa, ha perjudicado a los grandes talentos. Cuando entraban entre cien y doscientos cuadros, la gente reconocía pronto a los artistas superiores. Cuando entran más de mil, cuando todos aspiran a ser pintores, se hace mucho más difícil distinguir la calidad de la mediocridad. En otras palabras, las nuevas libertades democráticas no consistían en que todos fueran artistas. Por el contrario, ese exceso provocaba una devaluación general de la obra de arte. Era equivalente al fenómeno de la inflación en la economía. La verdadera libertad democrática consistía en que el mayor número posible de personas tuviera acceso a la buena pintura, a los mejores libros, al teatro, a la música. A primera vista son dilemas antiguos, anacronismos. Si reflexionamos más a fondo, son temas de política cultural enteramente vigentes. Los libros mediocres, subvencionados, los diseños horribles, la mala pintura multiplicada, suelen contaminar nuestros paisajes mentales.
Termino con un detalle extraordinario. Pablo Picasso leyó Le Chef d'oeuvre inconnu y no descansó hasta encontrar el taller de Freehofer, casi intacto, junto a la calle de los Grandes Agustinos. Lo compró de inmediato para su propio uso. Parte del cubismo francés, de la vanguardia picassiana, se pintó en el interior de esos muros legendarios. Es un caso extraordinario de coherencia, de fidelidad en el arte.
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Posteado por: laureano lillo corvalan 04/02/2012 06:53 [ N° 1 ] |
En efecto, expresar la Naturaleza es algo que refleja al arte moderno, pero también lo sigue siendo transmitir la Belleza de la Naturaleza, en su concepto más profundo. |
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Posteado por: VLADIMIR ROLANDO RIVERA ORTEGA 03/02/2012 16:56 [ N° 2 ] |
interesante comentario y quede sorprendido,Vasco ,que te paso? y la farandula? y la Kenita y la RAca? |