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Foco político
Viernes 03 de Febrero de 2012
Las preguntas que dejó enero

La última sesión del Senado, el martes, antes del receso legislativo de febrero, y el inicio de las vacaciones presidenciales, el miércoles, bien podrían simbolizar el verdadero cierre del año político, un mes después del final cronológico de 2011. La solitaria presencia del ministro Chadwick en La Moneda y la multiplicación de figuras subrogantes que empiezan a copar los espacios mediáticos son síntomas de una actividad que, con excepciones (como la intensa campaña de algunos de los precandidatos municipales), experimenta por estos días una brusca reducción de su ritmo y deja pendientes ("para marzo") una no despreciable cantidad de interrogantes. Aquí, algunas de ellas.

¿Se ordenará el oficialismo? Formalmente, el discurso prioriza la agenda social y supedita a un acuerdo previo al interior de la Alianza cualquier paso hacia la reforma del sistema binominal. Con tal criterio, acordado en trabajosas reuniones, el Gobierno intentó zanjar los conflictos entre sus huestes que marcaran enero. Sin embargo, el que, un día después de plantearlo en una entrevista al Mercurio, otras declaraciones del propio Presidente parecieron poner en duda dicha secuencia, habla de la dificultad práctica de disciplinarse en torno a esa idea... en especial cuando a veces se observa al Mandatario mucho más entusiasmado con la reforma de lo que la carta de navegación oficial sugeriría. Las señales del presidente de RN, Carlos Larraín, acatando la fórmula del acuerdo previo en la Alianza, pero a la vez manteniendo sus contactos con la DC abren más dudas en este sentido. Si a eso se añade el quiebre de confianzas entre la mesa de Renovación y la UDI, o las cada vez más notorias diferencias entre los ministros gremialistas y figuras claves de su partido, como los senadores Novoa y Hernán Larraín, las perspectivas de ordenamiento posveraniego no asoman fáciles. Todo ello, de cara a un año en que es natural esperar el aumento de los episodios de tensión, por la competencia municipal y la siempre compleja negociación previa de cupos. Esta se encuentra, de hecho, suspendida en estos días debido a conflictos locales, mientras casos como el de Providencia ya encienden algunos ánimos.

¿Habrá despegue? La encuesta Adimark no dio muchas luces. Pero aunque la aprobación presidencial aparece allí estancada, el descenso de tres puntos en la desaprobación y la mejor evaluación de varios atributos del Mandatario podrían generar en el oficialismo una discreta esperanza. La apuesta sigue siendo que los logros del Ejecutivo, como la creación de empleos, iniciativas emblemáticas (posnatal, 7%) ya en operación y el nuevo ritmo en la reconstrucción, finalmente se traduzcan en mayor valoración ciudadana. Las perspectivas son, sin embargo, inciertas: también en el tramo final de 2011 los partidarios del Gobierno se esperanzaban pensando que el ordenamiento introducido por los ministros políticos y el haber podido sacar adelante su agenda pese al conflicto estudiantil serían premiados por la opinión pública. Al final, la CEP de diciembre echó abajo esas ilusiones. Otro sondeo -eso sí, no político- puede terminar siendo crucial para la suerte de Palacio: la ENUSC (Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana) que podría conocerse en abril y que constituirá el gran examen para las políticas antidelincuencia, donde los antecedentes que al respecto entregó enero (números del Ministerio Público, encuesta de Paz Ciudadana) no fueron precisamente auspiciosos.

¿Cómo se estructurará el pacto opositor? Parece difícil que la Concertación no logre llegar a acuerdo con el PC en materia de alcaldías, considerando todos los acercamientos que ambos sectores tuvieron en 2011, pero el tema va tomando un cariz menos pacífico al asumir la DC una dura «defensa» de municipios pedidos por los comunistas. El ultimátum de estos últimos el miércoles (con una casi bíblica amenaza de levantar candidatos propios en 15 comunas por cada una que les niegue la Concertación) lo dice todo. Si esto ha de resolverse en marzo, de aquí a abril se verá qué tanto afectan al pacto DC-PS los casos de comunas importantes (Valparaíso, Talca, La Serena, entre otros) donde sus precandidatos chocan o, más complejo aún, en que las huestes locales de un partido, en lugar de apoyar a la carta de su socio preferente, se inclinan por un nombre del PPD-PR. Además, todo indica que otras fuerzas -como el PRI o el PRO de Enríquez-Ominami, para no hablar de los descolgados- avanzan decididas a frustrar el sueño concertacionista de enfrentar a la Alianza con un candidato único de la oposición en el máximo de lugares.

¿Colisión de príncipes? El conflicto se venía anunciando casi desde que unieron fuerzas para ganar la directiva DC, pero ahora ya se hizo explícita la oposición de intereses entre Ignacio Walker y Claudio Orrego. Ambos tienen aspiraciones presidenciales, pero no chocan sólo en eso, sino también en el camino para concretarlas. Orrego ha decidido que acelerar las cosas es la única forma de conseguir una oportunidad: demorarse significaría dejar que avance la cuenta regresiva para la vuelta de Bachelet y se cierren los pocos espacios que pudieran quedar para levantar una alternativa mínimamente creíble. Eso implica lanzarse desde ya en la presidencial, en lugar de ir a una tercera reelección como alcalde de Peñalolén y detener hasta entonces sus planes. Para Walker, la situación es la opuesta: su opción pasa por un buen resultado municipal DC que lo catapulte. La renuncia de un edil con posibilidades ciertas de alta votación en una comuna importante, que se suma a la del alcalde del otro bastión metropolitano DC, Maipú, en un cuadro general donde el partido sufre escasez de buenos candidatos, amenaza así directamente sus posibilidades.


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