Gonzalo Vial en la memoria (95)
Felipe Cubillos en la memoria (95)
Edwards, Jorge
He regresado mil veces a Santiago, la ciudad donde nací, y he tenido a menudo la sensación de ser también un viajero inmóvil. Al final, me parece que todos somos viajeros inmóviles. Nos movemos por el mundo y seguimos anclados en la memoria, en la región, en la primera casa o el primer patio. Vuelvo a un país más poblado, con más tráfico, invadido por los veraneantes, y resuelvo quedarme en mi rincón. Con un buen manejo de las corrientes de aire, de las cortinas, de las penumbras, el calor se hace más llevadero, y la caída de algunos grados centígrados en las noches me parece una bendición. Escucho lamentos, críticas, reacciones irritadas de todo orden, y pienso, a contracorriente, que la calidad de vida no es tan mala como dicen por ahí, que la ciudad, sobre todo abandonada por muchos de sus habitantes, puede ser bastante grata. En pocos días, he podido leer un par de libros, escribir algunas páginas, reflexionar rodeado de una sensación de tranquilidad, de una falta de urgencia. No sé si son ideas mías, extravagancias terminales. Ceno con amigos en atardeceres placenteros y hablamos de esto y aquello. Alguien, en relación con algunas páginas mías, me habla de La obra maestra desconocida, novela muy breve de Honorato de Balzac. Me pregunto si es posible conseguir en Santiago una novela de Balzac publicada en 1831. Pues bien, compruebo que sí es posible, y la rabia del artista anciano, frustrado, enloquecido, enamorado de sombras femeninas, retratado en el texto balzaciano, me parece extraordinaria. Comulgo con ella y comprendo la furia inútil del personaje. Eso sí, no sería capaz de quemar mis trabajos en una noche, y menos de suicidarme.
Redescubro, pues, algunos placeres urbanos, pero encuentro que mi vieja ciudad se ha puesto más burocrática que antes, más tramitadora, más aficionada a los papeleos. Es como el comienzo de un cáncer, y sería mejor prevenir que curar. Por ejemplo, nunca he puesto tantas veces el dedo índice de la mano derecha en una pequeña máquina rojiza. Es un curioso gesto repetido y ritual, y me pregunto si servirá de algo. En una tienda cuya publicidad es una selva, me venden un aparato que se llama algo así como “banda ancha móvil”. Es un pequeño instrumento que permite, a cambio de una suma mensual modesta, conectarse desde cualquier parte del país a internet. Me dijeron que en media hora estaría instalado y en funciones. Pues bien, la instalación duró cinco días completos, además de quince o veinte llamados telefónicos, y después la compañía tuvo la amabilidad de llamarme y preguntarme si todo andaba bien. Les contesté que sí, que por supuesto, que muchas gracias, pero que en otro país, con toda esa espera, con los llamados, con las órdenes y contraórdenes, habría tenido tiempo de sobra para comprar un edificio de veinte pisos. Los amables empleados sonrieron al otro lado de la línea, como si hablaran con una persona ligeramente enajenada. Me gustaría demostrarles que los enajenados son ellos, pero no tengo tiempo de hacerlo.
Después parto a renovar mi carnet de identidad y me sale muy fácil. Me encuentro con gente muy amable, ayudadora, y que suspira con el nombre de París. ¡Qué misterio! Una de estas personas me pide que firme un papel para dárselo a su novia. No sólo firmo un papel, sino que le regalo un libro. El buen trato debemos cuidarlo y fomentarlo. Forma parte de la atmósfera de la ciudad, del aire que respiramos. Me permite comprobar, además, que la administración pública, en estos días, es menos tramitadora que la empresa privada.
Entro más tarde a un ascensor, y nadie saluda, nadie existe, todos miran para otro lado. Entro a una tienda y nadie me saluda; salgo, y nadie me despide. Si nos limitáramos a imitar la cortesía francesa, española, holandesa, ganaríamos bastante más de lo que se cree. Pero no se cree, precisamente, en esas cosas. ¿Qué es la cortesía, para qué sirve?
En buenas cuentas, hay una burocracia generalizada, que me parece perfectamente inútil: hay que colocar el dedo índice en instrumentos mágicos y poner huellas digitales en todas partes. Me siento en una mesa que tiene sus pretensiones, hago un pedido y las gentiles, sonrientes camareras se olvidan de todo. Parece que han comido flores de loto. Después de reclamar tres o cuatro veces y de observar que los platos de mis vecinos llegan mucho antes, me traslado a un restaurante vecino. Parece que el mundo se hubiera contagiado con los inefables vendedores de bandas anchas.
El sistema de los dedos en las máquinas rojas impide el recurso a costumbres tan saludables y antiguas como la delegación, el mandato, el encargo. Si no voy en persona, no puedo recuperar una prestación de mi seguro médico. ¿Por qué? Porque tengo que colocar el dedo mío, no el de ningún otro, en la maquinita. ¿Y si vivo a doce mil kilómetros de distancia? No importa, responde la señorita del mostrador, y sonríe, porque le han enseñado que debe sonreír todo el tiempo, y cree, en su fuero interno, que soy un majadero insigne. Y la verdad es que he pensado en cortarme el dedo de la maquinita y dejarlo en Santiago, pero no me decido a hacerlo. Además, no sé si aceptarían el dedo sin la persona correspondiente.
El debate político es otra cosa. Quizá me refiera en una columna próxima al debate político, a sus presupuestos, a sus antecedentes. Pero observo que en la prensa chilena lo que más abunda son los politólogos y los opinólogos. A veces me parecen especies humanas inventadas por los santiaguinos. Y no hay que irse nunca de lengua. Observen ustedes lo que le ocurre a mi amigo el alcalde de Ñuñoa. Es mejor hacer el papel del “pobrecito hablador”, como decía Mariano José de Larra, y ahorrar la munición de grueso calibre.
En otras palabras, la ciudad, Santiago del Nuevo Extremo, tiene sus cosas, sus juegos, sus placeres y sus disparates.
|
Posteado por: Daniel lira Gonzalez 20/01/2012 11:13 [ N° 1 ] |
¿Quiere que lo saluden por las calles de Santiago? Si le gusta tanto la cortesia francesa, mejor haganos un favor a todos y quedese alla. |
|
Posteado por: vincent Huidobro Fernández 19/01/2012 11:10 [ N° 2 ] |
Sr. Edward me he quedado pensando en su regreso, y me parece que el suyo no marcó la misma sensación que sintió el grupo Illapu cuando regresó y lo dejó como huella digital en el inconsciente colectivo con el hermoso tema "Vuelvo", ni lo que sintió el cantautor Manns, ni nuestro Neruda que despertaba tanta emoción cuando escribía inspirado con cada regreso. Tal vez sean otros personajes, otros tiempos, otros amores; en fin otras vidas. Da la impresión que su regreso es más terrenal, más de un encuentro con lo establecido. Odiando y amando lo que se deja para encontrarse con una realidad que se lleva en la piel, pero que a veces se nos resbala y nos mira con ojos ajenos. Hay algo con lo que estoy en rotundo acuerdo con Ud., y es cuando Ud. hace referencia al desaire, a la poca amabilidad en el vivir diario de nuestros compatriotas, que tal vez eso sea el producto de una sociedad cuyos cimientos sean el desprecio. De esa forma uno se puede explicar los desbordes de lengueje de algunos personajes de nuestra clase politica como quedó demostrado con la actitud que tuvo su amigo alcalde de Nuñoa con las colegialas, o como aquella actitud que tuvo la mujer que vive en un condominio en Chicureo de querer negar la circulación de la servidumbre por el vecindario. En efecto, señor Edawdrs, ésto es impensable en el país en el cual Ud. nos representa. |
|
Posteado por: marco barrientos m 16/01/2012 13:26 [ N° 3 ] |
Señor Edwards, tal vez sea un mal de uno como chileno, el ver (casi) siempre las cosas malas de nuestra sociedad. Lo que en sí mismo es bueno, porque de ese modo uno puede corregir aquellas cosas deficientes, puede convertirse en un defecto. Es verdad que somos mal educados con respecto a otros contextos europeos (Ud. como embajador bien lo sabe), pero sin duda que con respecto a la burocracia a la que alude, Francia (sede de su representación) nos puede dar grandes lecciones de cómo hacer un trámite estatal es un infierno. |
|
Posteado por: Jorge Francisco San Juan Ubilla 16/01/2012 07:44 [ N° 4 ] |
Don Jorge, parece que el tema de la burocracia en nuestro país ha tomado vuelo. Llegó a mi correo esta invitación, que le transcribo a continuación: El Programa Legislativo y Constitucional de LyD elaborará en marzo un ranking de los principales trámites y evaluará cada uno de ellos, proponiendo soluciones que pueden ir desde su eliminación hasta la opción de hacerlos online o efectuar las modificaciones legales necesarias." |
|
Posteado por: laureano lillo corvalan 16/01/2012 06:36 [ N° 5 ] |
La cortesía es una virtud propia de gente con alto coeficiente de inteligencia emocional. Sirve para tener una mejor calidad de vida en la relación con el mundo que nos rodea.Cierto que en países europeos existe,pero mucha veces es una actitud fría e impersonal.Hay cortesía más auténtica en países como Colombia e Indonesia. En Santiago,que no es Chile, no existe, salvo entre gente mayor. Habría que hacer una campaña pública como en París en los 80 para que trataran mejor al turista, o en Pekín antes de las olimpiadas. |
|
Posteado por: Claudio Vargas Flores 15/01/2012 15:04 [ N° 6 ] |
Santiago no es tidi Chile...Atte.CVF Iquique/Chlle |
|
Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 15/01/2012 11:20 [ N° 7 ] |
Tengo la bendición de no haber nacido en Santiago, como me dijo un amigo una vez, soy hombre de otra época. Nunca me gustó Santiago en si, sino solamente algunos barrios y rincones, y soy admirador del temprano siglo XX. Pero debo felicitar al autor por sus columnas, muy bien escritas, y amenas. La observación psicológica (de) que la mente de uno se queda pegada en rincones de la infancia, dormida y soñante, sin que lo sepamos, es muy buena viniendo de alguien analfabeto, es decir, que desconoce tanto a Freud como a los grandes filósofos. Es un reproche directo, y un desafio, porque Edwards es un hombre joven, de genio, y aún puede doctorarse en Estudios de Erudición Autodidacta, que es único titulo que vale la pena, especialmente si dejamos de ser comprendidos. Gracias. |
|
Posteado por: mario juvenal ramos peña 14/01/2012 13:42 [ N° 8 ] |
Escribo por lo que señala en su artículo, sobre la cortasía del chileno.Reflexionar,, rodeado de tranquilidad es lo rescatable,con sabor a hogar, a familia, de terruño, de sangre chilena, si la hay, ¡ nada termina!, si hemos sembrado bien, quedan finalmente nuestro pasos por la vida, los hechos, nuestros aportes a la sociedad que nos demanda el contrato social. Libros, los hay de todo en cualquier lugar de Chile y si falta, aun se puede viajar a Mendoza, en un viaje menos que ir a Curicó. Los trámites como la película "El burócrata", hecha por Manolito González, se hacen esfuerzos en terminarlos, por lo menos no se entinta el dedo con azul, en los viejos tampones. Internet, eso instrumento maravillosos le permitirá ser libre y libre en seleccionar a sus amigos. Ser feliz, es su carnet de identidad, como dice la canción. Sobre todo cuando hay mucho tiempo para morir. |
|
Posteado por: laureano lillo corvalan 14/01/2012 00:28 [ N° 9 ] |
Pienso que la cortesía es una manera de relacionarse inteligente y armónicamente con los demás. En algunos países europeos, asiáticos y latinoamericanos es una actitud natural que se adquiere desde la cuna. Pero hay matices. La cortesía francesa es bastante fría e impersonal, mientras que en Colombia y en Indonesia las sonrisas son generosas y cautivadoras. Actualmente se considera la cortesía como un atributo propio de quienes tienen altos coeficientes de inteligencia emocional, pero también debiera ser parte de la cultura cívica. En Santiago, que no es Chile, la cortesía es una virtud que se ha perdido y que en general la mantienen las personas mayores. No obstante, esas generaciones en cierto modo son responsables de no haber sido capaces de transmitir este valor a sus hijos y nietos. Habría entonces que enseñarle cortesía a los santiaguinos con campañas parecidas a las que se hicieron en París en los 80 para que trataran mejor a los turistas, y en Pekín antes de las olimpiadas. Claro que en Santiago no será nada fácil, por aquello de lo que natura non da..... |