Gonzalo Vial en la memoria (95)
Felipe Cubillos en la memoria (95)
Edwards, Jorge
Por todos lados hay signos de los tiempos. Anuncios inquietantes, reacciones favorables. Los sociólogos aseguran que hay que rehacer la sociedad. Si hablan de rehacerla, quiere decir que alguna vez estuvo hecha. Cada renacimiento, cada nuevo humanismo, consiste en parte en un intento de resucitar el pasado, un pasado mejor. Pero nos preguntamos si ese pasado mejor no es ilusorio, producto puro de la imaginación nuestra. Leo noticias en la prensa francesa sobre las peripecias de Ai Weiwei, artista chino que hizo trabajos oficiales y que ahora se ha convertido en disidente. Ai Weiwei inventó el estadio en forma de nidos de golondrina de los últimos juegos olímpicos de su país. Después cayó en desgracia, no sé por qué, y estuvo preso en un lugar secreto durante alrededor de tres meses. Ha salido de su prisión, pero ha sido condenado a pagar la suma aproximada de un millón setecientos mil euros por el delito de evasión de impuestos. Para que los lectores chilenos tengan una idea: es una multa de un poco más de mil millones de pesos. El asegura que su único delito consiste en haberse transformado en un partidario ferviente de la democracia y en haber apoyado su ideal político en público. ¿Se define usted como artista o como hombre político?, le pregunta un entrevistador profesional. El arte, para mí, contesta Ai Weiwei, es de naturaleza necesariamente política. La política es mi vida y mi destino.
Alguna gente en Chile, incluso gente del arte y la literatura, se podría molestar. Somos profundamente desconfiados. Tendemos a pensar que el arte es un fenómeno químicamente puro, ajeno a otras realidades. Pero si viviéramos asediados, humillados, en peligro de extinción, inventaríamos formas de resistencia. Ai Weiwei es un hombre más bien gordo, de mediana edad, que se viste con telas toscas, oscuras, en parte occidentales, y que vive en las afueras de Pekín. Tiene una barba en punta y bigotes cuidados, de aspecto mandarinesco. Descubrió hace poco el uso de internet y piensa que internet es como un canal abierto a la orilla de un lago y que permite que las aguas, hasta entonces estancadas, se escurran. La imagen no es mala: internet como imagen de salida, de escurrimiento, de liberación. Pues bien, aquí viene un detalle interesante, fascinante incluso. Miles de chinos anónimos se han movilizado para juntar la multa de Weiwei. En el espacio de una semana, veinte mil personas llegaron a reunir, sobre la base de aportes individuales de tres o de cuatro euros, la suma de 705 mil euros, unos seiscientos millones de pesos nuestros. Puede que los artistas, como sostiene Weiwei, sean políticos, pero saco una conclusión diferente. Concluyo que debemos confiar en la naturaleza humana, que es la misma en todas partes.
Después de leer estas noticias, asisto a la ceremonia de inauguración del Rally Dakar, que se correrá a fines de año entre Mar del Plata, Argentina, Copiapó y otros puntos del norte de Chile, y varias ciudades del Perú, hasta finalizar en la Plaza de Armas de Lima. Es una manifestación de modernidad, de vitalidad, de energía, de habilidades mecánicas de todo orden, de juventud. Las imágenes de motocicletas, automóviles, camiones, que cruzan cumbres de arena o de tierra y que caen al otro lado en saltos mortales, las de cámaras que se desplazan a alta velocidad por huellas saladas, acuosas, verdeantes, las de espectadores parados en alturas inverosímiles son dignas de los mejores espectáculos de esta tierra. Asisto a un cóctel matinal de jugos de fruta de todos los colores del arcoíris, entre estupendas azafates, jóvenes periodistas, donde nunca falta un par de enviados chilenos, corredores con sus vestimentas profesionales, camarógrafos, organizadores, empresarios, y me digo que el espíritu de crítica permanente, sistemática, dotada siempre de un punto de amargura es un error. Y, sin embargo, compruebo que el espíritu crítico, la observación lúcida, que no hace concesiones a nadie, son tan necesarios como el agua y el aire, como la magnífica portada de Antofagasta sobrevolada. Porque si los corredores del rally pasaran por donde les diera la gana destruirían huellas humanas extraordinarias. Porque los chilenos, aunque no tengamos capillas románicas y catedrales góticas, tenemos misteriosas formas precolombinas dibujadas en los cerros, visibles desde la altura, y huellas como el Camino del Inca, con sus indicaciones y sus descansos para los caminantes y para los chasquis, los portadores del correo, así como los peruanos, en los trayectos entre Arequipa, Pisco, Lima, tienen maravillosas ruinas de los incas y de las culturas anteriores, preincaicas. Viva, entonces, el Rally Dakar, Mar del Plata, Copiapó, Lima, y vivan las inversiones astronómicas multimillonarias anunciadas por el ministro Pablo Longueira en las alturas desérticas, instaladas en las regiones más transparentes del mundo, de Atacama, pero que todos respeten los lugares sagrados y los flamencos rosados, entre muchos otros misterios. Cuando salgo a un otoño con llovizna suave, junto a los árboles de los Campos Elíseos, a las rejas imponentes de la embajada de Inglaterra, y me saco una fotografía junto a uno de los automóviles de carrera de última generación, mareado por los jugos de manzana que acabo de consumir, pienso en todos estos complicados asuntos, estas contradicciones de la modernidad, estos signos esperanzadores. Corren los automóviles por las arenas de Atacama, Antofagasta, Tarapacá, pasan por el costado de Pisco, donde el representante del Perú anuncia que se bebe un brebaje único, a pesar del alcance de nombres con otro que se bebe en Chile, reciben saludos frenéticos desde campamentos instalados en las colinas, y yo también celebro, como es natural, pero pienso que después habrá que levantar los bivouacs y los puestos de bebidas gaseosas, de empanadas fritas, de hot dogs, y permitir que vuelva a tomar posesión del espacio el silencio majestuoso de la naturaleza. De otro modo, llamaremos a los chinos de Ai Weiwei para que acudan a socorrernos.
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 17/11/2011 14:44 [ N° 1 ] |
Si esto le pasa a Weiwei en Cuba, la zalagarda habría sido monumental. Pero como es en China, tirita la pera para pararles el carro. La negocia es la negocia y da para todo. |
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Posteado por: Wilberio Mardones 16/11/2011 10:47 [ N° 2 ] |
Signos inquietantes de deterioro mental muestra el columnista. Su estilo se ha vuelto pomposo e incoherente. Su extravagancia suena falsa y retórica, al servicio sin duda de los representantes locales de Mammón que le dan fama y le pagan el viático. Su frase "Viva el Rally Dakar" quedará registrada entre las necedades mayores de la literatura chilena, fuente de arcadas para las futuras generaciones... |
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Posteado por: Guillermo Roberto Vega Ramirez 15/11/2011 10:57 [ N° 3 ] |
Es interesante la posicion de Ai Weiwei ante la realidad politica contingente, junto con ser absolutamente congruente con la que se tenia en la Atenas Clasica, donde se consideraba que aquel ciudadano, investido de derechos politicos, que no participara de las actividades propias de su investidura, era calificado con el vocablo de "idiota". Lamentablemente, en Chile, con Instituciones Politica Republicanas vigentes y abiertas a una participacion universal, que tantos esfuerzos y legislacion, a traves de la Historia Nacional, costo implementar, no sean consideradas en su justa dimension y se pretenda sustituirlas por una farandula callejera de ocasion. Mientras Ai Weiwei lucha porque, en su gigantesco pais, se tengan estas instituciones, en Chile el creciente porcentaje de "idiotas", lucha por desconocerlas. |
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 13/11/2011 12:44 [ N° 4 ] |
GRACIAS por su aporte al multiculturalismo eurocéntrico. Gracias por su pertinaz defensa de la cultura de elite, tan necesaria como la cultura del capital, para ir a buscar la vida a marte, a la luna, al ADN de los difuntos. Gracias por no creer en la Contracultura, el anarquismo, el nihilismo. Gracias por su preciosista uso del lenguaje. Gracias por sus equivocaciones que demuestran que es real, y no un procesador de palabras. Gracias por sus signos y designios. Gracias por no creer en el pueblo, en esas hordas cristianas que destruyeron la religión Griega. |
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Posteado por: patricio cornejo cornejo 12/11/2011 09:55 [ N° 5 ] |
Jorge Edwards, como lo atestigua su trayectoria intelectual y literaria, tiene el don de agradar, interesar, ampliar horizontes virtuales. Ello con sencillez y naturalidad. |
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Posteado por: Ruperto Barragan Lienlaf 11/11/2011 17:34 [ N° 6 ] |
Parece mentira que una persona como este escritor pueda defender, aunque sea en broma, tamaña aberracion como es el Dakar...Si las medidas de "resguardo" de los trayectos no han logrado impedir que gane la barbarie de la destruccion!!!Esta manifestacion"deportiva" fue expulsada de varios países africanos por el atropello constante que significaba a las costumbres ancestrales,al medio ambiente, paisaje cultural y al patrimonio de dicha región .Aqui en Chile ha ocurrido lo mismo, pero casi nadie dice ni hace nada, como de costumbre.El Consejo de Monumentos Nacionales ha emitido un informe LAPIDARIO sobre los efectos destructivos de este absurdo "show del consumo mecánico", de tan agresivos efectos sobre el patrimonio material e inmaterial de los habitantes de la region. Numerosos hitos patrimoniales del Norte han sido dañados o destruídos de manera IRREVERSIBLE e IRRECUPERABLE por la fiebre delirante de estas máquinas contaminantes y demoledoras, que destruyen la paz y el caracter sagrado de muchos sectores incluidos en los trayectos.Parece mentira la irresponsabilidad y egoismo de quienes apoyan esta alienación, que no tiene razon lógica de ser ni justificación por ningun lado.Precisamente en el momento en que el ser humano deberia orientar su civilizacion hacia vectores cada vez mas sustentables y respetuosos con el entorno, se permita esta orgia de contaminación, destruccion de paisaje cultural , patrimonio y atropello a la cultura de quienes habitan la región.Perdon, pero en este caso el distinguido escritor parece estuviera justificando a Atila, Fu Man Cchu o Genkhis Khan. |