Gonzalo Vial en la memoria (95)
Felipe Cubillos en la memoria (95)
Moulian, Vasco
Este martes fue el segundo capitulo de “Signos Vitales”, buena apuesta de Mega.
Bien Pablo Mackenna como conductor: su voz es grata, tiene intención y además es un tipo cercano y querido por el público. Y quién mejor que él para hablar de aquellas cosas que sabemos que nos hacen mal, que nos están matando y debilitando pero conviven con nosotros como las adicciones.
Mackenna lo pasó mal por sus propias adicciones pero salió adelante y eso nos hace creerle cuando le dice a un adicto a los esteroides que se está matando lentamente. El programa es impactante, pasea por diferentes estados en la vida de una persona y nos muestra cómo su edad cronológica dista muchas veces de la edad de su cuerpo o sus órganos vitales. Me pareció eso sí que la edición estaba mala, sobre todo en el caso de Daniela quien hace más de 22 años consume 40 cigarrillos diarios.
En la introducción el escritor dijo que ella escribía poemas y los recitaba en la micro y cinco minutos después se mostraba sorprendido, en una conversación con la protagonista del caso, de que se dedicara a escribir poemas y recitarlos en el Transantiago. Es un detalle pero un detalle que un espacio tan pulcro y bien musicalizado y relatado como este no debería dejar escapar.
Impactante es el momento en que el paciente se somete a un escáner corporal completo. Los efectos visuales son buenísimos y queda en evidencia cómo las distintas adicciones van destrozando el cuerpo y deteriorando el organismo.
La propuesta de Mega es efectiva, convincente y necesaria. Mega es el canal de los docurrealitys, con los que se logra atrapar al espectador incluso cuando muchas veces odiamos que nos hablen de nuestros propios vicios o errores. Bien por esta apuesta. Tiene cuerpo, tiene textura; es palpable y evidente hasta la pena ver cómo personas desperdician sus opciones por falta de voluntad y falta de amor propio. Lo mejor de todo: el convincente y muy profesional Pablo Mackenna. Creíble. Y eso en televisión no tiene precio.