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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 16 de Septiembre de 2011
Reconciliaciones

Me encuentro de nuevo, después de largos años, en la sala II de la Unesco, en el edificio central de la Plaza de Fontenoy de París. Aquí se respira el ambiente, la expectativa, de los grandes homenajes unesquianos. Uno puede sospechar que el recinto está lleno de diplomáticos multilaterales, de profesores eruditos, de gente curiosa: residentes del barrio junto a tribunos exaltados, a oradores improvisados, quienes, con el pretexto de hacer una pregunta, nos lanzarán discursos encendidos, impresionantes arengas. Se trata, esta vez, de conmemorar la voz de tres grandes del siglo XX, tres autores que no se limitaron a ser poetas puros, que se comprometieron en las luchas decisivas de su tiempo: el bengalí Rabindranath Tagore, nuestro Pablo Neruda, y el gran poeta de las Antillas francesas, cuyos libros fueron ilustrados por Pablo Picasso y por Wilfredo Lam, Aimé Cesaire. El evento lleva un subtítulo sugerente: Por lo universal reconciliado. Estos rapsodas del Tercer Mundo, de la periferia de Occidente, presentaron visiones convergentes, cercanas a la naturaleza del Oriente, de las Antillas, de los bosques y mares del sur de Chile, y tocaron temas comunes, que se podrían resumir en los de la emancipación y la solidaridad humanas: Tagore en los primeros pasos de la descolonización de su región, cerca de la lucha pacífica de Mahatma Gandhi; Neruda en Alturas de Machu Picchu, en su invención de un nuevo indigenismo latinoamericano; Cesaire en su defensa exaltada de la particularidad, de la diferencia, del derecho a la cultura y a la dignidad de los antiguos marginados.

Se escuchan a lo largo de la mañana reflexiones de notable calidad, aportes originales, aparte de algunas peroratas más bien trilladas. Pero uno piensa para sus adentros lo que ya pensaba hace años: estos organismos mundiales tienen su retórica y su majadería, pero si no existieran, habría que inventarlos. Son necesarios, a pesar de todo. Son lugares en los que se puede hablar desde el punto de vista de la universalidad, tan poco frecuente y tan urgente. Neruda, entonces, y Aimé Cesaire, y Tagore, y sus vastas constelaciones de poesía y de sentido.

El último de los conferenciantes, el encargado de trazar el resumen y las conclusiones de la mañana, es Edgar Morin, uno de los pensadores de la Francia de hoy más vigentes y provocativos, uno de los pocos que siempre escuchamos con verdadera curiosidad. Morin nos habla de lo universal y de lo particular, de lo abstracto y lo concreto, con el brillo, con la riqueza de referencias a la que nos tiene acostumbrados. Y menciona, de pronto, para sorpresa de algunos, a Octavio Paz. Podrían añadirse muchos nombres a esta reflexión sobre lo universal reconciliado, y entre ellos, dice Morin, el del mexicano que analizó los laberintos mentales en la relación de México con los Estados Unidos, en esa frontera entre el Tercer Mundo y el Primero, y que después extendió su examen a los grandes desafíos que plantea el pensamiento de la India para el hombre de occidente.

Como se sabe, la relación personal entre Pablo Neruda y Octavio Paz fue difícil, de abierto conflicto. El chileno y el mexicano se conocieron a fines de la década de los treinta, en un acto de solidaridad con los republicanos españoles, y se distanciaron en forma que parecía definitiva, por razones derivadas de la política soviética de entonces, en los años cuarenta en México. Era una ruptura en apariencia insalvable y, sin embargo, yo acababa de escuchar en París, de fuente inobjetable, una historia simple y conmovedora de reconciliación en los años finales. Se me ocurrió que era interesante comunicarla a la sala, y que la audiencia heterogénea y los oradores oficiales sacaran sus propias conclusiones. Lo que me contaron, lo que me contó una testigo cercana, era que Neruda se encontraba en Londres con Matilde en un octavo piso de hotel, y que Octavio Paz, asistente a un mismo congreso literario, alojaba con su mujer en el quinto. Los dos poetas no se habían dirigido la palabra desde la década de los cuarenta. Pues bien, la mujer de Octavio Paz, Marie-Jo, subía por la escalera del hotel y se encontró con Matilde Urrutia, que bajaba. ¡Qué cosa más tonta, le dijo Marie-Jo a Matilde, que dos poetas como Octavio y Pablo, hospedados en el mismo lugar, no puedan encontrarse y conversar como personas normales! Las dos mujeres se pusieron de acuerdo y los poetas se reunieron con la mayor serenidad esa misma noche. Fue un ejemplo de reconciliación por mano y hasta por sensibilidad femenina. Hasta hace poco tenía noticias más bien vagas de este asunto, pero todo se confirmó, también por voz femenina, y pude tener una visión diferente, más moderna, no sólo de uno, de los dos escritores implicados. En la sala nadie dijo nada, pero después se me han acercado muchas personas y me han comentado el episodio. Eso de que yo mencionara la mano femenina, conciliadora, componedora, les ha gustado a muchas mujeres. Por su lado, Edgar Morin, que hasta ahí mantenía una seriedad hierática, me dijo las siguientes palabras textuales, acompañadas de una amplia sonrisa: Neruda había visto en España que los mejores organizadores de la defensa de la República eran los comunistas. Octavio Paz, en cambio, a través de sus viajes, conocía de cerca los abusos del socialismo real, los del Estado comunista todopoderoso. Los del Ogro Filantrópico, acoté, título de uno de los grandes ensayos del mexicano. Una escritora y crítica literaria francesa pidió la palabra y celebró con entusiasmo la reconciliación de Pablo Neruda con Octavio Paz. Otros, de acentos chilenos, que en lugar de preguntas habían formulado declaraciones de guerrilla política, recogieron sus bártulos y se retiraron en silencio. Habían descubierto que el horno no estaba para bollos. Ni para bodrios.


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8 Comentarios publicados
Posteado por:
Cristián Marti­nez Spikin
26/09/2011 15:58
[ N° 1 ]

EDWARDS: URGENTE NECESITARIAMOS DE UNA NUEVA VERSION DEL EDICTO DE NANTES PARA CALMAR A ESTA JAURIA DE BODRIOS ENVIDIOSOS QUE LE COMENTAN SU BLOG.

Posteado por:
María Ximena Alvarado Stanic
23/09/2011 14:49
[ N° 2 ]

Oiga, no tiene nada que contar del presente, de la vida cotidiana del chileno común y corriente ,que circula día a día por esta selva de cemento, lo suyo me parece casí todo irreal.

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Blanca Vivar carrillos
20/09/2011 19:46
[ N° 3 ]

A Neruda no le gustaban los traidores, podia reconciliarse con sus enemigos cuando estos politicamente tenian tendencias contrarias a el, cualquiera podria pensar diferente , pero, jamas podria reconciliarse con los traidores, alguien que compartiendo tendencia y pensamientos politicos al igual que el se dejaban comprar por algún puesto de embajador.

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Guillermo Roberto Vega Ramirez
20/09/2011 12:01
[ N° 4 ]

Es muy significativo, sobre todo en estas "Fiestas Patrias", poder reflexionar sobre nuestras "Fiestas Matrias", al parecer oscuro rol de la vida, si no fuese por la profunda huella que nos han impreso. Alberto Edwars cuando escribe sobre las "Presidentas de Chile", con simple claridad quiere señalar a todas las madres de nuestro pais, nos forman nuestras costumbres, sin aspavientos, sino con su cariño enorme. Es dificil, aunque lo intentemos, reconocer la huella de estas mujeres, sobre todo de las de los grandes hombres de nuestra patria , y en las patrias ajenas, precisamente por su desinteres de pasajeras glorias.

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vincent Huidobro Fernández
18/09/2011 16:10
[ N° 5 ]

No sé adónde van sus palabras , solo espero que su lado de mujer de conventillo no se apoderé de su intelecto. Pensaba que esta vez se referiría al desaire que le hizo el gran periodista de Le Monde, ese que con ojos de otro mundo siguió los acontecimientos del gobierno de Salvador Allende. Equivoqué mis pasos. Además, creo que todo el mundo sabe que el ensayista y poeta mexicano era el otro lado de la moneda. Digo bien el otro lado y no al lado, y no creo que un intercambio de pasillo iba a reconciliar tanta diferencia de posiciones. En todo caso habría que ser más cauto cuando se trata de confirmar algo que se escuchó y no están las fuentes fidedignas. No se olvide que no está en una novela. Por otra parte, por qué se refiere a sus compatriotas con esa arrogancia de noble de gallinero acusándolos de tener un acento propio de la primera generación de emigrantes ? Me parece que no puede ser que un Embajador mantenga un discurso tan despreciativo hacia quienes supuestamente debiera representar. Sus últimas frases parecen un paráfrasis de uno de los escritos de Paz cuando con desprecio y asco se refiere a los pachucos; Ud. usa ese mismo tono para referirse a sus conciudadanos que más parecen peones de unos de sus fundos. No sea tan mala sangre y no cultive su ego de persona non grata.

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juan ignacio espinoza gálvez
17/09/2011 11:39
[ N° 6 ]

Solamente una pregunta que sé , no tendrá reespuesta.Don Jorge No endendí,A qué " bodrio" se refiere?
y,po favor,el indigenísmo latinoamericano ¿una invención de Neruda?
Curioso que Ud,que fué Secretario de la Embajada de Chile en Francia cuando el poeta era el embajador ignorara el episodio de la reconciliación,porque despuès de esa fecha Neruda volvió a Chile a morir de dolor por su patria destruída y por su enfermedad salvadora.
QUÉ INSOPORTABLEMENTE CURSI ES LA EXPRESIÓN "UNESQUIANA",EN TODO CASO,MUY PROPIA -QUIZÁS- DE QUIEN GOZA DE LA DIPLOMACIA COMO FORMA DE GANARSE LA VIODA.

Posteado por:
cristián peñailillo zúñiga
16/09/2011 22:48
[ N° 7 ]

Excelente artículo don Jorge, es de esperar que sirva de inspiración a los que en estos momentos no tienen alturas de miras para dialogar y llegar a consensos, a veces los conceptos son parecidos, similares, pero las experiencias distintas.

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juan eleuterio díaz núñez
16/09/2011 19:20
[ N° 8 ]

Advierto, desde hace algunas columnas a esta parte, una tendencia Mitómana en Edwards, es decir, los incidentes de familiares y amigos contactados de los grandes de las letras y las artes son tantos, tan variados y matizados, y el observador omnisciente --el propio Edwards-- es tan atempòral y ubicuo, que se permite en una mañana de 1909 tomar el té con Tagore, para después asistir a la canonización de un primo de Enrique VIII, a realizarse en el salon de cultura y artes de la ONU el 2027, por cierto, usando algún tipo de proyección literaria muy esotérico y ultracultista, por la cual lo imaginado lejos de ser fantasmático, es un hecho "pro causa". Asiste, impertérrito, a la decapitación de Ana Bolena en plena contraofensiva reaccionaria de Luis XVI, para luego entregar a Trosky una carta secreta de Stalin, que le acredita como doble agente de la Mossad. Claro, ¡asi escribiamos la historia en el colegio! Etapa que, por cierto, Edwards con ahinco busca revivir: el hombre da por soñado lo vivido, ¡mitómanos del mundo, uníos!

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