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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 22 de Julio de 2011
Fuerzas mentales

La fiebre no es inspiradora, aun cuando la inspiración pueda compararse con un estado de fiebre. Conozco a personas febriles, seudo inspiradas, que tienden a confundir la literatura con otras cosas. Arturo Soria hablaba de señoras y caballeros “magnético epilépticos”. En el círculo de los amigos de Neruda se hablaba de personas “de esencia divina”. Entre los arquitectos de mi tiempo se usaba la palabra “fauno”. Fulano era “fauno”, fulana, “fauna”. Eran términos fáciles de reconocer, pero muy difíciles de explicar. La condición de fauno, por ejemplo, era diferente de la cursilería o la siutiquería, a pesar de que nunca andaba lejos del mal gusto. No sé ahora si fueron factores de época, o si se repiten hoy en formas nuevas, que a veces cuesta reconocer. De repente, me encuentro con una señora de Antofagasta o de Iquique, pero que vive, no se sabe por qué, en Budapest o en Varsovia, y descubro, a poco andar, que pertenece a la especie, que yo creía extinguida, de los faunos o de los magnético-epilépticos. Tomo el asunto con toda calma, con buen humor, hasta con una pizca de nostalgia. Me acuerdo de conversaciones de la década de los cincuenta, de una señora que se vestía a base de velos, de tules, de largas bufandas, que invocaba el fantasma de Isadora Duncan y a quien llamábamos Madame Gaviota. Me gustaría mucho volver a encontrarme, en cualquier laberinto mental, con la inolvidable Madame Gaviota.

Escribo así, quizá, porque la primavera francesa, en lugar de internarse en el verano, retrocedió al invierno, y porque el viento, la lluvia, los nubarrones, no sólo producen estados gripales, sino también estados mentales inéditos. Algunos piensan que hay una relación entre las nubes y la aparente culminación de la crisis financiera europea. Los jefes de Estado y las principales cabezas financieras de la zona del euro están reunidos en Bruselas mientras escribo estas líneas, y nadie puede adivinar cómo serán los anuncios del final del día. La sensación de víspera, sin embargo, y no cometo indiscreción alguna al decirlo, es fuerte. Hasta hay un silencio mayor que el habitual y que me sorprende mucho.

El sábado en la noche asistí a una ópera clásica, el Othello, de Giuseppe Verdi, en el notable edificio de la Plaza de la Bastilla, y me impresionó la influencia de las fuerzas de la naturaleza en el desarrollo del argumento. No sé si en el texto de Shakespeare, que fue seguido de cerca por Arrigo Boito, músico y amigo de Verdi, ocurre lo mismo. Escribo lejos de bibliotecas, y he llegado a la conclusión, hace rato, que esta distancia puede volverse favorable cuando se practica el género de la crónica. En la puesta en escena de La Bastilla, en la función que cierra la temporada 2010-2011, hay un comienzo de aguas, de borrasca, de naufragio, subrayado por un coro fantasmal, que anuncia la llegada de Othello, el moro de Venecia, a la Isla de Chipre. Es un coro de arrebato, de victoria de todo el pueblo, y anuncia, sin embargo, algo oscuro, indefinido, peligroso. Como conocemos el desenlace, esta sensación podría ser producto de la imaginación nuestra. Pero la verdad es que las nubes, las aguas, el oleaje denso, tienen un elemento intencionado, dirigido, alarmante. En el drama de Shakespeare, que sólo recuerdo de lejos, sin los versos originales a la vista, el episodio del pañuelo de Desdémona y su uso maligno por Yago conducen al estallido de los celos de Othello y al asesinato de la mujer. Aquí, en la ópera, por lo menos en el montaje actual, la historia del pañuelo es más elaborada, más complicada y creo que menos convincente. El espectador no entiende por qué el famoso pañuelo se convierte, en la mente del moro, en prueba irrefutable del adulterio. En cambio, la letra, la música, la actuación de los cantantes, hacen sospechar que pudo existir una relación entre Desdémona y Cassio, el joven oficial que se emborracha en las primeras escenas y pierde la confianza de su jefe. El moro es demasiado brutal: es un personaje violento, apasionado, arrollador, que ha adquirido todo lo que tiene en la práctica de la guerra sin cuartel contra los turcos. Desdémona, joven, frágil, soñadora, espera, encerrada en su pequeña corte, y da la impresión de que el oficial degradado por Othello en un acto de autoridad habría podido consolarla. Las peticiones de clemencia que hace ella, insistentes, en tonos desesperados, adquieren un aire sospechoso. Y Yago, el maligno, entiende toda la situación y la aprovecha para sus fines.

Los celos homicidas, en buenas cuentas, van anunciados en la ópera por el desorden de la naturaleza, y el personaje de Yago es una fuerza demoníaca, algo así como el mal encarnado. Habría que hacer un estudio comparativo entre el drama isabelino y la ópera del romanticismo. En ambos, la noción de un destino negro, que conduce al desastre, es coincidente, auque las respectivas estéticas vayan por otros lados. Lo que en Verdi es un huracán a toda orquesta, en Shakespeare es un proceso más humano, más interior, más misterioso. El moro, al final, comprende y no tiene más remedio que el suicidio. El desenlace de la ópera, en cambio, le pertenece por entero a Desdémona. No sólo por la melodía delicada, por la famosa canción del sauce. También, y sobre todo, por la conciencia de ella de su condena, de su final inminente.

Termino de escribir y faltan minutos para conocer las noticias de Bruselas. Si Europa es capaz de enderezarse, de adquirir una coherencia definitiva, de ponerse de acuerdo sobre un plan ambicioso, estaríamos ingresando a una etapa histórica más segura. Pero todo está por verse todavía. Veo los titulares de la madrugada siguiente y me anuncian que Europa ha salvado a Grecia y ha reforzado el euro. Cayeron las cortinas, entonces, después del antiguo drama, y entramos a lo que parece un período nuevo. En lo que respecta a la ópera, intuyo que este cambio de folio deja a Shakespeare en plena vigencia y a Giuseppe Verdi en una lejanía más o menos brumosa, donde los desenlaces sangrientos y los grandes climas corales, vocales, orquestales, pueden ser asimilados con una sonrisa.


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5 Comentarios publicados
Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
27/07/2011 12:34
[ N° 1 ]

¿por que Grecia y no Irlanda? Grecia esta endeudado 2 veces su PIB, Irlanda SEIS veces su PIB.

Posteado por:
Guillermo Roberto Vega Ramirez
27/07/2011 11:11
[ N° 2 ]

El drama de Europa, como todo drama, comienza cuando se sabe la verdad. Al respecto el Viejo Continente, cuna de la Civilizacion Occidental, va a tener que reconocer que a perdido mucho del liderazgo, en todo orden, que llego a tener sobre el planeta, de lo contrario solo sera un museo viviente de la cultura mundial.

Posteado por:
avkio olssonn ramirez
23/07/2011 19:08
[ N° 3 ]

atetado Noruega, 80 muertos, duele la noticia, Noruega por años escapo a la esquizofrenia asesina, ignorancia, racismo(ambas anda de la mano) del resto de Europa. Recorriendo los musueos de Europa, asombroso, pero afuera estan los miles y miles de muertos de la guerra de los 30 años, guerras mundiales y los colobariocinistas franceses de los nazis, que en el fondo están orgullosos. El fuego dantesco de la intolerancia arde en el último punto de tolerancia de la decadente Europa. Mi abuelo, desetor ballenero nace de nuevo em uma tierra el ultimo de la cristiandad como llamó Chile Darwin, desolación y dolor por los chicos muertos por un loco inspirado en la estupidez de la guerra de civilizaciones

Posteado por:
juan eleuterio díaz núñez
23/07/2011 13:04
[ N° 4 ]

Sinceramente, no sé de que habla, o para quien lo hace, ¿para si mismo, en un solipsismo de salón?. Casi de modo autodidacta, por amor a las letras, lo voy a re-leer con parsimonia. ¿Por qué la literatura no podria confurdirse o limitar con algo no literario? ¿La filosofía, la politica o las artes, son no-literarias? Muy dificilmente. En cuanto a las Damas del Misterio, que encandilan, hace rato, a Edwards, me recuerdan a Madame Blavatsky, o a nuestra coetáena Dra. Lola Hoffmann, la psiquiatra chilena de la Antroposofia Oriental, del I King Mágico, y de Silo, y no menos del señor Gastón Soublette, de grata memoria. Pero no se de qué habla Edwards, ¿sabe psicoanálisis? Nada. ¿Politica social, poesía, arte posmoderno? Dificilmente. A riesgo que no me publiquen de nuevo, solicito que se le retiere el premio nacional, y se le nombre Conservador de Bibliotecas, Archivos y Museos, de modo vitalicio. Pero entendámonos: una cosa es conservar la cultura y otra, renovarla y recrearla. Edwards, con el respeto que me merecen las letras, hace sólo lo primero y nada más que lo primero.

Posteado por:
mario juvenal ramos peña
22/07/2011 17:36
[ N° 5 ]

De suerte que, al parecer, en estos tiempos en Europa no existir escurantismos, algo que sería muy trágico que lo hubiera, en una cultura tan antigua,sin embargo, han tenido dos grandes guerras, aun no centran mucho los criterios, como lo dice un reciente Embajador norteamericano,"la vieja Europa,incorregible antigua y costumbrista", aun no aprenden.
Existe una película "Héroes de pie de barro", refiriéndose al manejo del dinero, que, mientra los EEUU hace un buen arqueo con sus dolares, ellos solitos se han puesto un cascabel con su EURO, cuya soga les apreta cada dia sin ver una salida,ya no está América ni la "cortina de hierro", con las cuales poder disimular su incompetencia.

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