Gonzalo Vial en la memoria (95)
Sepúlveda, Alejandra
Es cada vez más frecuente oír decir a los especialistas que la pobreza -en nuestros países, pero también en los más desarrollados- tiene rostro de mujer. Se habla incluso de un proceso de “Feminización de
Como la propia pobreza, la feminización de ésta tiene muchas causas: las disparidad de género en el acceso al poder económico; el limitado acceso a la educación, capacitación y recursos productivos; la falta de autonomía; el desbalance en la distribución del trabajo remunerado y no remunerado, entre otras. Todas estas causas hablan de desigualdades determinadas culturalmente, que requieren de una mirada multidimensional para abordarlas eficazmente.
Este es un proceso sostenido en el tiempo, que debe ser enfrentado con políticas públicas igualmente sostenidas e integrales. Si las mujeres dejan de ser pobres muchas de sus familias pueden dejar de serlo también, por ello la mujer tiene un rol central en cualquier política de superación de la pobreza.
La feminización de la pobreza tiene una dimensión cuantitativa, pero también una cualitativa que muchas veces explica la primera. Para poder dar cuenta de esta situación necesitamos contar con estadísticas diferenciadas por género, capaces de visibilizar el interior de los hogares. Buena parte de la estadística en esta materia hoy, es ciega respecto de las diferencias entre géneros. Con esa información no es posible diseñar mejores políticas públicas.
La inserción laboral tampoco es la panacea para superar la pobreza pues, en el caso de las mujeres, muchas veces se traduce en acceso a empleos de baja calidad, precarios, sin estabilidad, ni respeto a los derechos laborales de las trabajadoras y con un fuerte diferencial de salarios entre hombres y mujeres en puestos análogos de trabajo. Las mujeres dejarán de ser pobres en la medida en que accedan a empleos dignos, con estabilidad, con remuneraciones justas y derechos plenos.
La pobreza de la mujer también se expresa en su baja participación en el sistema político, en la mantención de pautas de división sexual del trabajo según las cuales las tareas de cuidado de la familia están casi exclusivamente concentradas en las mujeres y en que al interior del hogar, la pobreza no se distribuye equitativamente.
Abordar esta compleja realidad supone avanzar hacia cambios culturales, que van mucho más allá de las políticas de fomento de la inserción laboral de la mujer o compatibilización de trabajo y familia. Son sin duda medidas imprescindibles, pero para avanzar en la equidad de géneros, que supone cerrar brechas en otras dimensiones de la pobreza de las mujeres, es necesario un cambio cultural profundo, que probablemente tome varias generaciones, pero debemos empezar ya.
Cuando conmemoramos el Día Internacional de
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Posteado por: L. F. Rojas Rosas 14/03/2011 14:02 [ N° 1 ] |
Alejandra, Leoncio Flavio Rojas Rosas,Ph.D. |
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Posteado por: fernando donoso meneses 08/03/2011 14:06 [ N° 2 ] |
Alejandra, mirar este problema como algo derivado exclusivamente de la cultura es erróneo, según mi opinión. Se requiere una mirada más objetiva, en la cual se pondere lo mejor posible los diversos factores que concurren. Los sueldos (de hombres y mujeres) están regulados por el mercado y se haga lo que se haga en dirección opuesta necesariamente debe hacerse distorsionando el mercado. A mi juicio es preferible mejorar las condiciones de competencia de las mujeres que introducir "discriminación positiva" creando leyes especiales. |