Gonzalo Vial en la memoria (95)
Ottone R, Ernesto
Máster en gestión cultural
El gesto bicentenario más importante no se va a producir con las múltiples inauguraciones o eventos de luces y fuegos artificiales, recordándonos nuestros símbolos patrios mañana, tarde y noche; se producirá por intermedio de un proyecto de bajo perfil llamado “Dislocación”, curado por Ingrid Wildi Moreno, artista chilena radicada en Suiza por mas de treinta años que se propuso lograr un diálogo entre artistas contemporáneos chilenos y suizos en la ciudad de Santiago en torno al bicentenario, con una réplica el año 2011 en la ciudad de Berna.
Diálogos inter-fronteras en nuestro país se han producido desde los años 60 en el arte, por lo tanto no es aquello lo novedoso. Lo que lo posiciona en un evento bicentenario es la capacidad que se logra con este proyecto de aglutinar espacios tan diversos en sus tamaños, génesis y propuestas editoriales.
Imaginarse el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Contemporáneo, el nuevo Museo de la Memoria, el Museo de la Solidaridad, la Galería Metropolitana de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, la Galería Gabriela Mistral, la Universidad Diego Portales y el Cine Arte Alameda en torno a un proyecto como “Dislocación” es el gesto más representativo de lo que debiera ser el trabajo mancomunado de las distintas instituciones culturales existentes en Chile. Espacios públicos, espacios universitarios, espacios privados, espacios mixtos, espacios autónomos, todos aglutinados bajo una sola premisa: crear aunque sea con el pretexto del Bicentenario un recorrido museográfico en la ciudad de Santiago, que permita durante varios fines de semana a nuestros ciudadanos participar de un diálogo artístico de gran relevancia.
Un patrimonio institucional que empieza desde el gran ícono arquitectónico como es el MNBA edificado como parte de las celebraciones del Centenario, hasta espacios más nuevos, pero del mismo modo consolidados, como son La Galería Metropolitana o el Cine Arte Alameda, pasando por instituciones tan relevantes como el MAC o el Museo de la Solidaridad. Una galería de arte como la Gabriela Mistral que ha sido fuente permanente de proyección de artistas emergentes y un Museo de la Memoria recién reabierto. Espacios que pueden constituirse en parte de la columna vertebral para entender nuestro corpus institucional del arte contemporáneo.
Un trabajo de construcción de soportes para nuevas audiencias con artistas nacionales e internacionales tan relevantes como Ursula Biemann, Thomas Hirschhorn, Alfredo Jaar, Josep-Maria Martín y Lotty Rosenfeld, cuestionando el contexto de la globalización, que es donde surge la pregunta por la trascendencia de las migraciones, la desterritorialización, las diferencias sociales, culturales y políticas en torno a la economía y el hábitat.
La celebración del Bicentenario como la instancia histórica para hacer un alto para repensarnos, solidificar nuestra memoria y nuestro imaginario, proyectarnos hacía un futuro sustentable.
Por medio del arte contemporáneo tendremos otro tipo de celebración donde lo relevante será el diálogo y la reflexión.