Gonzalo Vial en la memoria (95)
Edwards, Jorge
Recuerdo una frase de los años 70, del mes de octubre de ese año, para ser más exacto. Dicha por un escritor muy conocido, cuyo nombre no estoy autorizado para divulgar, y en el contexto de esos días dramáticos, entre el triunfo electoral de Salvador Allende y antes de que asumiera el mando, adquiere un relieve inquietante. No creíamos en los crímenes del estalinismo, me decía ese personaje, que había sido militante comunista en su adolescencia y que había tomado una relativa distancia, y ahora resulta que hasta las denuncias del Reader’s Digest eran verdaderas. Nada parecía menos confiable para la izquierda que el Reader’s Digest, ninguna publicación estaba más desprestigiada en el mundillo intelectual de aquella época y, sin embargo, ya ven ustedes. Primero había sido el Reader’s, con sus denuncias aparentemente inverosímiles, y más tarde llegó Nikita Kruschev, llegaron tantos otros, y las confirmaron plenamente.
Me acuerdo de estas antiguas historias porque leo una espeluznante información absolutamente actual. Tiene que ver con el reciente campeonato mundial de fútbol, pero va, como observarán los astutos lectores, mucho más allá del fútbol. Va, incluso, más allá de lo verosímil. Después del campeonato, no sólo perdió el equipo de Corea del Norte, sino que Kim Jong-hun, su entrenador, perdió, además, su carrera, su libertad, y a punto estuvo de perder la vida. Fue juzgado en público en un escenario del Palacio de los Pueblos de Pyongyang por el delito de no haber conseguido clasificar a su equipo para la segunda fase. Los mismos jugadores que había preparado hacía muy poco, entre quienes tenía buenos amigos, participaron en el juicio y estuvieron obligados a humillarlo, con la sola excepción de dos de ellos que habían conseguido escapar a Japón. El entrenador fue sentenciado por “traicionar la confianza de Kim Jong-il”, el hijo del creador de la dinastía, y condenado a perder su condición de militante del partido único y a catorce horas diarias de trabajos forzados. Había alcanzado a ser héroe norcoreano durante pocos días por conseguir la clasificación de su país después de 44 años. Además, había sufrido una derrota muy honorable frente a Brasil:
Hoy, en el París de las revoluciones de mayo del 68, donde vi a un conjunto de guardias rojos haciendo ejercicios en un corredor del aeropuerto de Orly hace más de treinta años, y mostrándose el librito del Gran Timonel Mao entre gritos guturales, pienso en estas cosas con sentimientos muy mezclados y nada de inactuales. Se podía haber sido, por idealismo, por aspiraciones a la justicia social, por lo que fuera, un buen militante en los años sesenta. Pero si se ha seguido en la causa, no se puede mirar ahora para otro lado cuando se conocen estas aberraciones, estas crueldades y estos disparates, como si no tuvieran nada que ver con una militancia del siglo XXI. En Italia, en España, en Francia, las revisiones han sido desgarradoras, dramáticas. Algunos, por fidelidad, por asumir nuevas formas del idealismo pasado, siguen, pero nadie ha dejado de pasar por un proceso de autocrítica radical. ¿Se puede afirmar con perfecto aplomo, por ejemplo, en el día de hoy, con todo lo que ya sabemos, que Cuba es una democracia perfecta, que allá la libertad de expresión está impecablemente asegurada? Hay lugares, sectores, organizaciones del mundo de hoy, en los que el comunismo ha tratado de renovarse, y ese esfuerzo intelectual, hecho contra viento y marea, tiene un aspecto interesante, humano, respetable, y puede dar lugar a una línea fresca de pensamiento. Cuando son vivas, naturales, engendradas por la razón humana, las ideas siempre sirven: el debate es siempre estimulante, productor de síntesis y concepciones nuevas. No sirve de nada, en cambio, mirar para otro lado, hacerse los lesos, contemplar el drama que ocurre bajo nuestras propias narices y no decir una palabra, como si el tema no nos tocara. Es una actitud débil, frígida, profundamente cobarde, y no convence a nadie.
Un amigo del mundo del arte chileno me acusó en privado, en forma, a pesar de todo, amistosa, después de anunciar mi voto por la candidatura de centroderecha, de haber virado, llevado por mi anticomunismo, a posiciones de alianza con elementos pinochetistas y hasta nazis. Ahora bien, y lo digo con la máxima claridad: no he virado en nada, pero he evolucionado, naturalmente, como tienen que hacerlo las personas reflexivas, observadores, que no quieren aceptar la parálisis de la inteligencia, las interminables cárceles mentales de nuestra época. Temo mucho, por el contrario, que mi amigo, que adhirió a la izquierda militante desde nuestros años de la Escuela de Derecho y del Parque Forestal, desde los años de Jean-Paul Sartre, para decirlo de otro modo, se haya quedado un poco atrasado de noticias, anquilosado, contemplando sus ilusiones pasadas convertido en estatua de sal. Para construir ilusiones actuales, vigentes, posibles, modernas, no tenemos más remedio que revisarlo todo, en forma tajante, y renacer de todo eso como de las cenizas, sin enredarse en palabrejas, en tópicos. De lo contrario, nos ponemos a mirar para los lados, y a decir que el pobre Castro, si no fuera por la tontería de los norteamericanos, lo habría hecho tan bien, y que al desgraciado de Kim Jong-hun, si su delantero tal o cual hubiera pateado el balón en tal forma y no en otra, otro gallo le cantaría. Pero ocurre que hay un origen ideológico, un mal de fondo en todas estas cosas. El que no se atreve a sacarlo a la superficie está perdido. Lean ustedes otro desarrollo actual de un tema antiguo: el reciente proceso en Camboya a un esbirro estaliniano del período de Pol Pot. Llegarán a conclusiones parecidas —siempre discutibles, diversas, cambiantes—, o seguirán anclados en una nube.
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Posteado por: Juan Jose Diez Radovic 25/09/2010 10:06 [ N° 1 ] |
Estimado Jorge. |
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Posteado por: juan g zaldivar 12/08/2010 13:49 [ N° 2 ] |
Mr. Edwards. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 10/08/2010 12:45 [ N° 3 ] |
Si se siguiera la logica de don Jorge, adpatarse a los tiempos y evolucionar, la derecha deberia estar vacia, simplemente por que despues de enterarse de que la dictadura de Pinochet cometio crimenes, la mayoria de esos derechistas ¿debio cambiarse a la izquierda? No lo hicierón, se corrieron un "poquito" al centro, muy poquito. Nadie dio un salto tan grande como el que dio don Jorge.La otra alternativa, es que siempre haya sido de derecha. Vaya a saber uno. |
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Posteado por: alfredo kirkwood montero 09/08/2010 19:31 [ N° 4 ] |
Edwards achaca a toda la izquierda con las tonteras del regimen Norcoreano: el juicio publico al entrenador por haber perdido un partido. ah y esta.."he evolucionado, naturalmente, como tienen que hacerlo las personas reflexivas, observadores, que no quieren aceptar la parálisis de la inteligencia, las interminables cárceles mentales" Sobre la misma, Galileo, Einstein, Kant, Descartes serian unos anquilosados. Pues una vez que se hicieron su idea, ninguno de estos proceres la cambio. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 09/08/2010 17:04 [ N° 5 ] |
Lo importante es la rosa cantaba Becaeud, don Gilbert. O lo escencial es invisible a los ojos decia un pequeño niño en un planeta pequeñito |
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 07/08/2010 08:49 [ N° 6 ] |
Es siempre interesante leer a Jorge Edwards. No siento que su posición sea una posición de "derecha" propiamente; es conservador, es verdad, pero muy versátil y culto, refinado, técnico, un estudioso serio y formal. Para algunas miradas esto parece "complicidad con el sistema". Pero cualquiera que maneje un auto, o consuma por día un cierto promedio de energía no renovable, o quinientos dólares, etc., es complice de un sistema claramente inhumano. |
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Posteado por: M. Muñoz 06/08/2010 20:55 [ N° 7 ] |
Sr. Edwards, sólo las personas inteligentes pueden cambiar de opinión y de forma de pensar, los estúpidos no tienen esa capacidad intelectual. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 06/08/2010 15:19 [ N° 8 ] |
¿O sea don Jorge que ser de izquierda es solo ser comunista? Me parece que su problema es con los comunistas.Y sobre cambiar, la consulta que cabe, es ¿como puede usted estar al lado de personas como Diez y Otero que aun hoy inisiten en defender la "obra" de la dictadura y que aun niegan los atropellos a los ddhh? Esta bien cambiar, pero nunca tanto. |