Gonzalo Vial en la memoria (95)
Algo contradictorios eran los ejes en que se daba la disputa en torno a la elección PPD del domingo. Por una parte, podía ser vista como un capítulo en la batalla por la renovación concertacionista, con las figuras de la generación del recambio, como Carolina Tohá y Ricardo Lagos Weber, intentando minar el poder de quien ha controlado la colectividad durante la última década, el senador Guido Girardi. Una contienda en la que, en todo caso, cabía hacer unos cuantos matices, considerando que Tohá y Lagos Weber acumulan ya trayectorias importantes en el aparato público y aun su diferencia de edad con Girardi es de sólo unos pocos años. Pero junto a ese eje «renovador», la elección también enfrentaba dos concepciones respecto del futuro de la Concertación, con el senador pugnando por una refundación «progresista» del bloque, con todo lo que ello implica en términos de entendimientos con Marco Enríquez-Ominami y radicalización de las propuestas, en contraste con quienes buscan preservar el carácter actual del pacto, concebido básicamente como un acuerdo DC-izquierda. Precisamente por este último punto es que la mayoría del establishment de la actual oposición —partiendo por los ex presidentes y en particular Ricardo Lagos Escobar— entregó desde un principio un respaldo más o menos explícito a Tohá y compañía.
Ya efectuados los comicios, ningunos de los dos ejes ha quedado resuelto. Mostrando una capacidad de sobrevivencia política a toda prueba, Girardi no sólo volvió a derrotar a Lagos Weber (ya lo había hecho en 2008) en la disputa por la primera vicepresidencia, sino que además su lista se impuso en la decisiva directiva nacional, augurándole el posible control de la comisión política. Y aunque la asunción de la presidencia partidaria por parte de Carolina Tohá —quien llega al cargo sin competir, en virtud de un acuerdo interno— implica de por sí un freno a las tentaciones meístas, es claro que el senador podrá seguir haciendo valer su influencia. Después de todo, su maquinaria interna mostró buena salud, pese a los vaticinios de quienes decían que, con la Concertación fuera del gobierno y por tanto del aparato estatal, él ya no tendría la capacidad de maniobra que otorga manejar el acceso al aparato estatal, área en que siempre se le ha reconocido destreza. Está por verse cómo ejercerá en adelante esa influencia; lo claro es que el alto respaldo obtenido le asegura márgenes para seguir en su juego de acercamientos progresistas.
Desde el punto de vista de Carolina Tohá, la elección implica varios desafíos, partiendo por aquel de transformar lo que hasta ahora ha sido un liderazgo «ciudadano», valorado en las encuestas, en un efectivo liderazgo partidario, despejando cualquier imagen de «reinar sin gobernar». Se trata de una tarea difícil, donde abundan ejemplos de quienes, siendo figuras valoradas por la opinión pública, terminaron desgastados por las durezas propias de la lucha interna de una colectividad, desde Alejandro Foxley a Soledad Alvear, por nombrar algunos.