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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 28 de Mayo de 2010
Los patios del sur

A fines del año 2008 me encontraba en la Universidad de Chicago, donde dictaba un curso sobre temas de literatura de América Latina, y se producían en el país dos fenómenos históricos: Barack Obama accedía a la Presidencia de los Estados Unidos y la crisis financiera estallaba en forma dramática, con amenazas serias de una recesión de carácter mundial. Los economistas, los intelectuales, los políticos de Occidente, se hacían complicadas preguntas sobre la naturaleza del capitalismo norteamericano. Algunos pensaban que era el ocaso definitivo: que el mercado, por su propio dinamismo interno, llevaba a su destrucción inevitable. En Chicago, en los barrios universitarios de Hyde Park y en el centro de la ciudad, entre sus canales, sus puentes levadizos, sus rascacielos asombrosos, se respiraba un aire de fin de civilización, de Apocalipsis. Parecía que la quiebra de Lehman Brothers marcaba el comienzo de un desastre en serie, sólo comparable al que se inició en un martes negro del mes de octubre de 1929 en la Bolsa de Wall Street y que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Si la imposibilidad de controlar la fiebre especulativa era un vicio inherente al sistema, hasta se podía sospechar que el socialismo, después de haber dado tumbos en diversos países del Este de Europa, de Asia, de América Latina, a lo largo del calamitoso siglo XX, podría encontrar una segunda oportunidad, una especie de refundación, en el todavía enigmático siglo XXI.

No sé hasta dónde llega la recuperación norteamericana de ahora. No soy experto en el tema y tampoco le he prestado la atención indispensable. Tengo conciencia, por otro lado, de que en los escenarios del Asia, sobre todo en China y en la India, se producen fenómenos nuevos, asombrosos, de dimensiones gigantescas. Las coordenadas tradicionales, las referencias conocidas, nos sirven ahora de bastante poco. El futuro se presenta con claves diferentes, que no habíamos previsto, que ni siquiera habíamos vislumbrado. ¿Significa esto que la influencia relativa de Europa, que la hegemonía centenaria del pensamiento europeo y occidental, han entrado en su declinación definitiva?

Como ya lo he contado, estuve en Turquía, en España, en Francia, entre fines de abril pasado y mediados de este mes de mayo. Esta vez, no era el capitalismo pretendidamente salvaje, el liberalismo económico en estado puro, lo que había entrado en una crisis que amenazaba con ser terminal, sino la economía a la europea, con su síntesis de desarrollo, de alta productividad y a la vez de protección social. La medicina gratuita, las vacaciones y los estudios pagados, las jubilaciones a los sesenta años de edad por parte de personas que llegaban con facilidad a nonagenarios, habían llevado a límites fiscales insostenibles. Parecía un proceso evidente, indiscutible, pero eran muchos los que llegaban a la conclusión de que es muy difícil aceptar y soportar la evidencia. Había que frenar, pero la decisión de poner el pie en el freno exigía un esfuerzo sobrehumano.

Un amigo dedicado a la política, sobresaliente en la materia, me explicó a su modo los secretos de los mecanismos europeos. Nos fijamos por consenso, me dijo, tales y cuales normas, sobre todo en cuestiones fiscales, de gasto público, de ahorro, y después, en la política interna, los gobernantes, sometidos a presiones variadas, dicen que no pueden hacer tal cosa o tal otra porque las reglas de la comunidad les amarran las manos. En otras palabras, la legislación supranacional ayuda a frenar determinados derroches internos, a resistir influencias gremiales, sindicales, sectoriales, de todo orden.

El sistema europeo y comunitario no fue suficiente, sin embargo, para mantener los equilibrios fundamentales. Las reglas de la Unión Europea, a pesar de los buenos propósitos de los primeros momentos, fueron desbordadas de las más diversas maneras. Hubo excesos de endeudamiento, especulaciones ruinosas, burbujas inmobiliarias que estallaron. En el caso de Grecia se llegó al extremo de falsear las estadísticas para disimular la bancarrota. La imagen de la Europa sólida, equilibrada, financiada, se hizo humo con notable rapidez. En estos días y semanas, parece que los Estados Unidos recuperan prestigio y que la vieja Europa pierde imagen. En Alemania, en los días de la reunificación, se dijo que el canciller Kohl sería capaz, en un plazo más o menos breve, de hacerse cargo de las finanzas desarboladas de Alemania del Este. Alguien, poco tiempo después, le preguntó a Angela Merkel si Alemania también sería capaz de hacerse cargo de Grecia, Italia, España, Portugal. Los problemas de los países del sur todavía no saltaban al primer plano, pero ya estaban latentes. Si nos permitimos interpretar esa pregunta, observamos que la Alemania austera, sólida, protestante, seguía con aprensión los juegos de sus vecinos del sur. Esos patios atractivos, cálidos, revoltosos, parecían condenados a la irresponsabilidad, y los electores alemanes, reacios a financiar aventuras griegas, portuguesas, españolas, preparaban sus votos de castigo. Es una historia nueva y muy antigua, anunciada por personajes como Martín Lutero y Juan Calvino: la moral protestante, precursora del capitalismo moderno, en contraste con la molicie, con la fiesta mediterránea.

Llegué de Europa a Santiago y escuché al día siguiente, con la mayor atención, sin perder una línea, el mensaje del 21 de mayo. Aquí se plantea, me dije, el propósito enteramente racional, pero no escuchado en los días que corren, de alcanzar la síntesis de un desarrollo económico vigoroso con una protección social sostenible y posible. Aunque no es una utopía como las del siglo XIX o el XX, es un proyecto enormemente ambicioso. Si lo realizamos, o si por lo menos nos acercamos, Chile tendría esa condición especial que consigue en sus etapas mejores: una influencia superior a su tamaño, a sus cifras, a su número de habitantes. Seríamos, en ese caso, un sur frío, disciplinado, inteligente. Los severos habitantes del centro y del norte de Europa no tendrían nada que reprocharnos. Cuesta un poco creerlo, y a lo mejor vale la pena fijarse metas superiores.


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8 Comentarios publicados
Posteado por:
M. Muñoz
06/06/2010 15:16
[ N° 1 ]

Sr. Edwin Dimter Bianchi, le faltó citar la fuente de su información, de que Alemania es mayoritariamente Católica.
En caso contrario puede informarse en la Enciclopedia Encarta del año 2008, donde figura el país Alemania con un 45 % de Protestantes y un 40 % de Católicos.
Atte.

Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
04/06/2010 17:15
[ N° 2 ]

¿o sea que Chile tiene la receta? No me veo "viviendo" despues de jubilar a los 65 pagandome la AFP la jubilación. Por que de la Isapre me van a echar cuando cumpla los 60. ¿en que burbuja vivira don Jorge? Asi como viaja por el mundo, deberia bajar y caminar por las calles de Santiago bajo la cota mil.

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Vicente Lopez Garay
02/06/2010 21:35
[ N° 3 ]

Creo que como colofón hubiese sido bueno terminar con la fábula de la hormiga y la cigarra. Los nórdicos y sajones, son las hormiguitas, los latinos la cigarra, a estos último les gustan los lideres populistas que les ofrecen todo tipo de beneficios, sin esfuerzo. Total dicen bastan con quitarleselos a los ricos.
Desgraciadamente la historia ha demostrado que eso no es suficiente.
Pero que le vamos a hacer America esta llena de lideres populistas, partiendo por el gran icono de Perón y de Eva Perón que convencieron a su pueblo de que era posible vivir sin trabajar y desde esa epoca unos de los paises mas ricos del mundo en recursos de todo tipo vive
eternamente quebrado.
Por ello podemos decir que desgraciadamente también resulta atingente la fabula de del sapo y el escorpión.
O sea pueblos que son incapaces de superar sus impulsos atávicos.

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Sergio Rojas Abarzúa
31/05/2010 13:12
[ N° 4 ]

Efectivamente don Jorge, tiene Ud. razón al reconocer que no es experto en el análisis político, aunque le ha encantado practicarlo, derecha o sesgadamente a través de sus publicaciones.
Queda de manifiesto esa condición en el último párrafo de su artículo al sorprenderse gratamente, a través del escuchar el mensaje del 21 de mayo, que en Chile se pretyende alcanzar "la síntesis de un desarrollo económico vigoroso con una protección social sostenible y posible".
Si hubiera Ud. conocido los documentos sobre la materia elaborados por la coalición gobernante hasta el 11 de marzo pasado y los proyectos surgidos y leyes aprobadas resguardándose ambos valores, tal vez no se habría impresionado por vez primera, como parece, de escuchar tales conceptos; menos si hubiera repasado las orientaciones que profundizaron en estas acciones durante el período presidencial de Bachelet.
Un conocimiento más depurado de nuestra historia reciente, o una decantación más objetiva del mismo, si se tiene, pudiera ser más ùtil a los propósitos de un embajador recien designado en una de las naciones más cultas del orbe, y con intelectuales muy sagaces, según lo dice los más leídos que uno.

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jose angel correa miranda
30/05/2010 19:52
[ N° 5 ]

Estoy muy de acuerdo con el articulista en un"Desarrollo economico vigoroso con una proteccion social sostenible y posible" pero debemos desmontar nuestra propia institucionalidad del despilfarro,en salud nadie(En los hospitales) se molesta en cobrar los copagos a los tramos altos de Fonasa y las deudas hospitalarias son astronomicas,en los planes de alimentacion de la JUNAEB la comida se pierde (Se dan cientos de miles de raciones)y el problema nutricional de nuestros niños es la ..... obesidad,¿En Fondart debe la sociedad subsidiar a cualquiera que se autocalifique de artista?FOsis,Fonadis,etc.Deberiamos focalizar la ayuda y no crear un segmento de la sociedad que solo dependa del Estado;lo que fragiliza la democracia al hacerlos dependientes de prebendas de los politicos de turno y distorsiona severamente la asignacion del presupuesto publico siempre escaso.

Posteado por:
juan eleuterio díaz núñez
29/05/2010 16:32
[ N° 6 ]

JORGE EDWARDS se nos muestra en esta columna como un gran cronista contemporáneo. El maestro literario recusó la via
fácil a la fama del best-seller, tiempo ha. Tampoco se dejó seducir por un cierto vanguardismo del "boom" latinoamericano. Serio, formal, profundo, ético, sistemático, son rasgos para los movimientos decadentistas un pecado fascista.
Yo, sin compararme con él, me confieso peor: la europa integrada y de gran solidez económica, la europa de los valores tradicionales de la cultura, del cristiansimo metódico, es una europa que hoy casi no existe. El socialismo permisivista, a medias con una utopia que sabe irrealizable, y con una moral despiadada contra los débiles interferentes de su hedonismo, que rechaza, luego de fingir amar, tan bien descripta por José Donoso en "El Jardín de al
lado", esa europa del despilfarro y del lessaiz faire, que acusa a mundo y medio de "fascista"... si actualmente combatiera contra los Nazis...¡perdería la guerra! La europa
que vencio a los fascistas "de verdad" fue la de Franco, y De Gaulle, la de Churchill, y la moral de la ética incondicional de servicio a la república. Por eso el neofundamentalismo, como por ejemplo, en Guénon, deberá recrear. Ah, y algo más, si ud., "amable lector" no ha leído a Guénon, ni conoce el ABC de la filosofia occidental, no se moleste en llamarme "reaccionario", "fascistoide", o algo por el estilo. Soy Republicano. Y Socialista, pero de los otros, "clásicos" de la música de Lara.-

Posteado por:
Edwin Dimter Bianchi
28/05/2010 17:23
[ N° 7 ]

Don Jorge,
Alemania...¿Protestante? A saber, su ciudadanía es mayoritariamente católica, incluso el mismo Papa es alemán, y de acuerdo con el Concordato, los alemanes son el sostén económico del papado.
Atentamente

Posteado por:
avkio olssonn ramirez
28/05/2010 15:09
[ N° 8 ]

Max Weber, citado profusamente sobre el espíritu que lleva al milagro del desarrollo, educación, conocimiento tecnológico; ciencias, y capacidad de investigar. Lo sorprendente que se cree todo de la vida ascética, trabajo, ahorro y la inversión capitalista, que ha determinado el desarrollo económico de Inglaterra, los Estados Unidos, el Canadá, y Europa tales falacias culturales las crremos a pies juntillas como un decalogo. Sin embargo, tales condiciones son concomitantes, pero existen como otras condiciones del desarrolo. Pero esto no es exclusivo bajo la esfera de la ética protestante y el punto de debate que planteamos, que si se les mira con detenimiento, las condiciones del surgimiento del capitalismo protestante, están lejos de ser exclusivas virtudes materiales o espirituales. Así la ética del ahorro protestante es mera avaricia calvinista. La cuestión es compleja, más de lo que supone Max Weber y otros. No hay duda, la Reforma en su rama calvinista ejerció una incitadora y maestra de estas supuestas virtudes del ahorro y acumulación capitalista, vease el alemán Ernst Troeltsch , Max Weber , el inglés R. H Tawney , sostienen las virtudes protestante capitalistas el motor del desarrollo pero no es más QUE AVARICIA SAJONA, ahorro disfrazado de austeridad o tacañería protestante, la iniciativa o capacidad individual es la facultad de explotar al otro, cuestionamientos que hacemos y que el ropaje de virtudes, queda sólo la codicia y avaricia. Dios libranos de la soberbia sajona y europea que es el cancer. Los alemanes y las economías del norte sabírn perfectamente de lo que hablamos.- Los hijos de Calvino nos llevaran a la hoguera a Miguel Servet.
El puritanismo protestante llevó a convertir un imperio de harapientos prostestantes a codiciosos imperialistas, pero no precisamente por ser virtuosos, sino por una gran cuota de ambición y depredación. La creencia de la existencia de una supuesta superior ética protestante es una creencia absurda.-

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