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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 09 de Abril de 2010
Las antenas del destino

Era el título de uno de los libros de Violeta Quevedo, seudónimo que ocultaba a dos hermanas escribidoras, ingenuas, en cierto modo ajenas a este mundo, pero buenas observadoras de la realidad chilena de los años cincuenta y sesenta. Me parece recordarlas, delgadas, huesudas, de boinas y calcetines de lana gruesa, llenando modestas papeletas de depósito en las oficinas de un banco del centro de Santiago. “Violeta por lo humilde, declaró una de ellas a la prensa de la época, Quevedo por lo que veo…” Recordé a las hermanas inefables después de leer Cuba Libre, la recopilación de los últimos tres años de la cubana Yoani Sánchez, quien, desde luego, no tiene nada de ingenua, y quizás tampoco sea humilde, pero es una formidable, aguda observadora de la Cuba de estos días. Yoani Sánchez, que empieza a ser conocida en el mundo como «la bloguera cubana», nació en La Habana hace treinta y cinco años, hija de un empleado de los ferrocarriles que eran entonces de propiedad soviética. No hay nada más literario que los trenes. Se podría escribir un ensayo interesante sobre los trenes en la literatura del siglo XIX y en la del siglo pasado, sin olvidar al padre ferrocarrilero de Neruda y la historia del «tren lastrero». Pero Yoani Sánchez, tan escritora como nadie, no escribe, como el autor de Machu Picchu, con excesos retóricos, letanías gongorinas, torrentes verbales. Su experiencia de la Cuba contemporánea, precisamente, la lleva a refugiarse en la miniatura, en la viñeta, en el humor leve, soterrado, en las anécdotas cotidianas, de barrio, desprovistas de todo énfasis, pero siempre sugerentes, instructivas, reveladoras.

En su país, el verbo torrencial es el verbo oficial, la manipulación abusiva del lenguaje practicada desde el poder durante décadas interminables, con monotonía abrumadora. Algunos, incluso en Chile, siguen creyendo en la fórmula, en su magia gastada, ramplona, y la respuesta de Yoani Sánchez no puede ser más convincente: una escritura concisa, que recoge la sabiduría de la calle, las voces discretas, los gestos expresivos, una poderosa contracorriente soterrada. Uno de sus blogs, por ejemplo, se refiere a las viejas recetas del pan, a la “milenaria combinación”, como dice ella, “de harina, agua, levadura y fuego”. El socialismo real, que empezó a extenderse por el planeta a partir de 1917, terminó por convertirse en experto de los milagros al revés, de la desmultiplicación de los panes, los peces, los vinos. La bloguera, en pocas palabras, nos habla de los panes de su infancia, desaparecidos, transformados en sustancia de fábula, con cuya masa se podía formar muñequitos y hacer bolitas. En nombre de la teoría revolucionaria, se terminaron los panaderos privados, de barrio, que tenían su especialidad particular, su toque personal, y se produjo la más completa insipidez funcionarial y estatista: un pan blancuzco, que no pesa, que hace daño a las encías y se deshace en una arenilla que mancha la ropa. Parece una exageración, pero es otra cosa: una verdad menuda y reveladora, que nadie se atreve a decir, con la excepción de Yoani Sánchez. La bloguera tiene la mirada del miniaturista, del escritor comprometido con las cosas pequeñas, que no rehúye su compromiso y que al proceder en esta forma fabrica, como quien no quiere la cosa, pequeñas bombas de tiempo. Sería extraño que dictadores palabreros, vociferantes, borrachos de retórica, pudieran ser amagados, quizá destruidos, por una palabra menor, deliberadamente modesta, pero sería también una lección de notable higiene mental, un fenómeno que podría volvernos optimistas con respecto a los procesos lentos de la historia. Porque la lectura de los textos de la bloguera, entre otras cosas, nos comunica un aire de verdad y nos hace comprender una frase que parece haberse gastado con el uso: que sólo la verdad nos hará libres.

Supongo que podríamos analizar los textos de Yoani Sánchez utilizando el sistema que descubrieron los teóricos franceses y que bautizaron como «desconstrucción», pero soy hombre que puede llegar a divertirse con las teorías, pero que se resiste, por temperamento, por lo que sea, a tomarlas en serio. En una de sus viñetas, que casi nunca tienen el menor desperdicio, la autora cita una frase de Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925. “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”, anunció Mella, en un arrebato de optimismo revolucionario, y la bloguera se hace preguntas inevitables, inevitablemente corrosivas, que ya me tocó escuchar muchas veces en Cuba antes de que ella hubiera nacido, en los remotos finales del año 1970 y comienzos del 71. Porque la calle donde nació ella y donde alguna vez hubo asfalto es ahora “una accidentada superficie de baches, polvo y piedras” y en los garfios oxidados de la carnicería de la esquina ya no cuelga un pedazo de carne “hace mucho tiempo”.

Aquí me atrevo a esbozar no sé si una teoría, pero por lo menos un punto de vista que se amplía con la experiencia reiterada. Hay escritores y filósofos del pasado, incluso de la antigüedad clásica, que desarrollaron una visión del presente, del instante, de la belleza de la vida en su plenitud inevitablemente pasajera. ¿Fueron reaccionarios, indiferentes, egoístas? El siglo XIX, en cambio, fue una época de constructores de grandes sistemas de anticipación. Carlos Marx es el más conocido e influyente, pero hubo muchos otros. Y el desmentido de la teoría, la gran contraprueba, vino con la implantación de los socialismos reales. El embajador de la antigua Yugoslavia en La Habana, a fines del año setenta, me decía que ellos (los dirigentes cubanos), no sabían que no existe ninguna filosofía que dure más de cien años. Julio Antonio Mella, mucho antes del castrismo, tampoco lo sabía. Yoani Sánchez, por su parte, sin necesidad de filosofías, lo sabe por la piel, por la experiencia diaria, quizá por su sensibilidad femenina, por la necesidad de encontrar alimentos sanos para su hijo, necesidad que se le plantea al despertar todas las mañanas.

El libro me lleva a una conclusión interesante: el paso cansino, pesado, ahora militarizado, de la Revolución castrista, se queda cada vez más atrás en el camino de la tecnología. Una de las viñetas más logradas tiene un título que resulta algo enigmático para la gente de mi tiempo: Parabólicas. Parece que en La Habana de hoy, a nivel de familias, existe un apasionado interés por hacerse de antenas clandestinas que puedan conectar con la televisión de México o de Miami. En vez de los programas oficiales, grises, llenos de interminables discursos políticos, hay películas norteamericanas y de todos lados, espectáculos de baile y de música popular, teleseries. Leo estas líneas y me reconcilio con las teleseries, culebrones, rockeros de toda especie. Viva la farándula, me digo, y me sonrío. Las familias pagan hasta un salario completo mensual para que los técnicos del mercado informal instalen estas misteriosas parabólicas en lugares ocultos de las techos, de las cañerías subterráneas, bajo amenaza de serias multas y confiscaciones. Es la historia cotidiana, menuda, la intrahistoria, que se burla de las teorías políticas, una vez más. Y la palabra precisa de la bloguera lo pone en la más perfecta evidencia. Da en el centro mismo del blanco.


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7 Comentarios publicados
Posteado por:
Herman Aguirre Ayala
13/04/2010 16:28
[ N° 1 ]

¿es en serio que don Jorge AÑORA "farandula" para los cubanos? ¿con que fin? ¿la farandula le hace BIEN a la vida?

Posteado por:
Jorge Camposanto Camposanto
12/04/2010 17:06
[ N° 2 ]

Don Alfredo, el francotirador, defensor de los Castro.¿No tiene mejor argumentación que la diatriba, el insulto? Eso es común en los que no tienen argumentos, caso de los que ven en Cuba la utopía socialista, pero desde lejos. Como este Don Alfredo, chileno que gana miles de dólares en el Imperio. Eso está en la página de él en Internet poniendo su nombre. ¿Por qué no entonces se va a Cuba a ayudar con su profesión y se deja de criticar a los que realmente saben que en la isla se reprime, se abusa, y es una cárcel para 13 milones de cubanos.¿Por qué no argumenta en contra de lo que escribe Yoani Sánchez? Esto Don Alfredo es es tipo al que se le aplica al pie dela letra la frase: "MAL DE OTROS, CONSUELO DE TONTOS".

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M. Muñoz
12/04/2010 15:43
[ N° 3 ]

Sr. Edwards, en nuestro país durante el gobierno del presidente socialista Sr. Salvador Allende, los partidarios al régimen que se encontraban inscritos en las JAP., podían comer pan de afrecho y carne de chanco que llegaba desde China, los que no estaban asociado a las JAP., tenían que comprar el pan de afrecho y el chancho chino en el mercado negro.
Atte.

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Jorge Pérez González
12/04/2010 12:30
[ N° 4 ]

Hola, tocayo mío. Hace tiempo sigo sus pasos en libros y entrevistas, desde fuera de Cuba, lógicamente. Quedé gratamente impresionado con la lectura de "Persona non grata", libro que no conocía porque nadie en Cuba me habló de ese texto ni de usted. Me identifico con su manera de narrar. "Persona non grata" ofrece muchas claves de aquellos años en los que yo era un niño y mi padre estaba enamorado de aquella denominada revolución y de muchas mujeres a la vez. En los tempranos 70 están las claves de todo lo que vendría después. Coincido con usted en que las viñetas de Yoani son tan eficaces que al régimen le han supuesto un quebradero de cabeza. Gracias por tomar, desde siempre, interés en mi país. Le deseo buena salud y por supuesto éxito, más aun. Fui periodista en Granma, ese "ladrillo" inexplicable que seguramente usted conoce bien. Por suerte he podido compaginar el lavado de cerebro que me hicieron allí con las perspectivas reales de otro mundo que, en efecto, existe. un abrazo. Este es mi blog desde Barcelona:
http://queridobob.blogspot.com/
Jorge Ignacio Pérez

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alfredo kirkwood montero
12/04/2010 09:42
[ N° 5 ]

Predecible.Otra columna despotricando contra el regimen cubano: la numero 87 con el temita. De yapa aprovecha de arremeter contra Neruda, su antiguo protector. Solapadamente, por supuesto.
La proxima semana le tocara a Chavez.
Y a la siguiente, vuelta a Cuba.
Porque de esas no sale. Senilidad, dicen unos. Pa su titantos cumpleaños los reyes de españa le regalaron un tarro de atun similar Nobel y un ventilador anticomunista made in Miami. El ventilador lo prende todos las mañanas. Su ultima alegria e inspiracion.
Si, si, don Jorge. Los crimenes de Stalin fueron muy terribles. Pero por favor, deje en paz por un momento el bendito ventilador y tomese la pastilla de una buena vez. Ya?

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juan eleuterio díaz núñez
10/04/2010 08:22
[ N° 6 ]

Me produce la sensación, este muy bien logrado texto, que la escritora cubana, Yoani Sánchez, tuviera una afinidad literaria con el minimalista de lo cotidiano, González Vera.
Pero José Santos desnuda la vida intraburguesa del conventillo, de la nihilificación de lo que no podia ser, ni por educación ni por clase, burguesia institucional chilena.
¡No es un alegato socialista! El drama de lo humano, su tragedia, florece en TODOS los regímenes. El pueblo, como el niño, quiere jugar y crear, quiere el bien y la paz, pero un ídolo anónimo del sistema, un fantasmático billete de treinta
dolores, nos devuelve a la finitud ambigua de lo humano en cuanto no-divino, por ende, no ilusorio, real y sufriente. Hay que releer a Unamuno: Del Sentimiento Trágico de la Vida, eso, o conversar, dialogar, dialectizar el alma, para que, cuando muramos, en el muro del cielo Dios Bueno nos escriba una carta, con su pluma de cruz de carpintero.

Posteado por:
Manuel López B.
09/04/2010 19:24
[ N° 7 ]

Una buena síntesis de lo que nos presenta el Libro de Yoani, para aumentar el interés en su lectura.
En su blog (http://www.desdecuba.com/generaciony/?p=3192), Yoani Sánchez publicó que los censores de Aduana no dejaron entregar y le confiscaron 10 ejemplares que le habían enviado por DHL porque tenía "documentación cuyo contenido atenta contra los intereses generales de la nación".
Parece que en Cuba es un atentado mostrar o escribir sobre su realidad tal como la viven en la isla.

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