Gonzalo Vial en la memoria (95)
Edwards, Jorge
Cada vez que llego a España tengo que estudiar de nuevo, tengo que tratar de entender. He seguido al país desde hace cuarenta años, desde un poco más, en los finales del franquismo, en las primeras etapas de su transición, en el desarrollo de su democracia moderna. Es una de las experiencias importantes de mi vida, una de las enseñanzas, y a veces una perplejidad, un dolor de cabeza, un punto de interrogación. Ahora, en un rápido viaje destinado a discutir sobre Chile, el del cambio político y, en forma no calculada y lamentada por todos, el del terremoto, me encuentro con otro nudo difícil de entender y de deshacer. Existen indicios serios de que miembros de ETA han dado cursos a las FARC de Colombia sobre uso moderno, siniestramente eficiente, de explosivos, y parece que algunos de los cursos terroristas en cuestión se han efectuado en territorio venezolano y con algún grado de protección oficial. Un juez de la Audiencia Nacional de España, el magistrado Eloy Velasco, ha dictado un auto sobre el asunto, ha solicitado su traslado por vías oficiales al gobierno venezolano y ha pedido algunas extradiciones, y las reacciones de Hugo Chávez y de su ministro de Relaciones Exteriores no se han hecho esperar. No entro en los detalles, porque no los conozco a fondo. Pero me quedo asombrado, como casi siempre, por la pintoresca y virulenta artillería verbal que sale de las más altas esferas de Caracas. La diplomacia española actúa con su prudencia habitual, con su tradicional profesionalismo, pero esto no significa que el chavismo le dé facilidades de ninguna clase. Llueven los insultos al magistrado Velasco, que es tratado de “mafioso” por el ministro de Venezuela, y se extienden a José María Aznar, que es sindicado como su cómplice presunto. Hablamos de la justicia de este país y de un ex presidente de su gobierno, y da la impresión, desde aquí, de que las tierras de allá son las del irrespeto, las de la palabrería irresponsable. ¿Nosotros, qué podemos hacer? En alguna medida, entramos todos en el mismo saco. Parece que la incontinencia del habla fuera una manera de ser latinoamericana, y distanciarse de esta imagen cuesta mucho. En cierto modo no es justo, ya que somos herederos de viejas retóricas hispanas, y tampoco es aceptable tener que pagar, al menos en imagen, por las acciones de nuestros vecinos, pero en el caso nuestro, en estos días, el terremoto produce un efecto doble. Notamos sentimientos de solidaridad, de compasión, de afecto profundo, indudable, pero a la vez nos dicen que el cataclismo ha puesto en evidencia muchas de nuestras carencias, un subdesarrollo que Chile también comparte y que aquí en España ya se les había olvidado. Todos son generales después de la batalla, y nadie sabe de verdad qué intrincada, qué compleja, qué dramática, es la lucha contra la naturaleza. Reaccionar rápido no es tan fácil, y un terremoto de grado 8 y tantos afecta siempre a los sectores más débiles de la sociedad, a los más desamparados. Quedan lacras en evidencia, y quedarían en España, en Italia, en Alemania, en cualquier parte, si les tocara un cataclismo parecido.
Las elecciones, seguidas del terremoto, ponen de relieve los temas ya antiguos, pero renovados, enfocados con perspectivas nuevas, de la transición chilena. En una intervención pública, cito una frase que me gusta mucho de un filósofo polaco fallecido hace pocos años, Leslek Kolakowski. La historia, dijo Kolakowsky a propósito de la salida del comunismo en Polonia, suele burlarse de la teoría. En Chile ha sucedido así desde el principio. Cuando formaba parte del Comité de Elecciones Libres, en vísperas del plebiscito de 1988, y me tocaba recibir a periodistas extranjeros, me decían todos, unánimes, más o menos lo siguiente: ¿Cómo son tan ingenuos ustedes que creen que un dictador convoca a una consulta popular para perderla y aceptar el resultado? Pues bien, los periodistas de España, de Alemania, de Suecia, hablaban de acuerdo con la teoría. Después llegó la historia, el plebiscito en sí mismo, con su cúmulo de decisiones privadas, no manipulables, secretas, y se burló de la teoría y de sus representantes, que eran en ese momento los periodistas europeos.
Creo que las elecciones presidenciales chilenas últimas son otra expresión de este desajuste entre las teorías y las realidades. Algunos han pensado que la llegada al poder de la centroderecha produciría un freno y hasta un retroceso de la transición. He intentado explicar que el efecto, paradójico, imprevisto, podría ser exactamente inverso. La Concertación estaba corriendo el riesgo de desvirtuarse en forma irreversible y de acarrear un freno de la economía que iba a repercutir muy pronto en la política (en otras palabras, en la historia). Pues bien, con la centroderecha se podría tener un primer resultado positivo: una reanudación del ritmo del crecimiento económico que beneficia a la política y que impide, de hecho, una involución de la democracia. No hay protección social posible, no hay crecimiento con equidad, si instalamos en el país una economía burocratizada, estancada. Esta afirmación truculenta de “más Estado” que le gustaba tanto a Eduardo Frei era un error esencial: si hubiera dicho “mejor Estado” nos habríamos quedado mucho más tranquilos. Pero la cuestión tenía otro aspecto: la alternancia, por sí misma, era una virtud democrática, así como la idea de que una sola coalición pudiera gobernar, de que hubiera ciudadanos virtuosos y ciudadanos oscuramente culpables, era regresiva. A mí me parecía que un resultado podía llevar a una especie de repetición del PRI mexicano, una democracia de rasgos autoritarios y con coalición única, y el otro, en cambio, permitía que la transición continuara y llegara a su madurez y su culminación: una democracia donde puede gobernar una centroderecha civilizada, renovada, y donde la centroizquierda tendrá que renovarse, reinventarse, si quiere regresar a las tareas de gobierno.
La reacción española frente a los sucesos chilenos es de dos tiempos. En el primero se rasgan las vestiduras: cómo es posible que hayas votado por la derecha, por los monopolios, por el imperialismo, etcétera, etcétera. Y en el segundo me parece que entienden. Hemos dialogado en público con José Joaquín Brunner, en forma amistosa, con largos espacios de acuerdo, con desacuerdos no disimulados y tampoco exagerados, y adivino que los españoles se han quedado sorprendidos frente a esta manera moderna, no verborreica, desprovista de artillerías verbales, de convivir. Es decir, no todo es chavismo, ni siquiera en Venezuela, y me atrevo a sostener, en este momento, que sobre todo en Venezuela, así como no todo es castrismo en Cuba, y uno de los errores de Michelle Bachelet consistió en no comprender esto último.
El otro factor, el del terremoto, también tiene un efecto imprevisto: un bien político dentro de la catástrofe. El lenguaje de un lado y del otro en la vida chilena se había envenenado, se había puesto innecesariamente áspero, y esto se observaba a veces, para colmo, en el interior de cada coalición. Ahora parece que el proceso de la reconstrucción, que es la actual y absoluta prioridad, provoca, como gran paradoja, una resurrección de la democracia de los acuerdos, o por lo menos de su clima nacional. Dios escribe con líneas torcidas, dicen algunos. Y yo digo, una vez más, de acuerdo con ese gran filósofo polaco, que la historia se burla de la teoría.
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 25/03/2010 21:15 [ N° 1 ] |
Bien, es un raro privilegio comentar grandes columnistas, un privilegio del cual no todos degustarían, a propósito del apelativo ideologizado de "fascismo" que denota la mala comprensión del Nacional Socialismo Republicano, la mala fe con que se mira al ethos masculino (machismo), la distorsión de la idea de clase media culta (burguesia) y la apercepción equivocada de los derechos de género (hacer el amor para matar). |
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Posteado por: Marino Pitelo P. 17/03/2010 19:58 [ N° 2 ] |
"Es decir, no todo es chavismo, ni siquiera en Venezuela, y me atrevo a sostener, en este momento, que sobre todo en Venezuela, así como no todo es castrismo en Cuba, y uno de los errores de Michelle Bachelet consistió en no comprender esto último" Sería muy interesante que el diplomático-escritor, pudiese o quisiese explayarse sobre el error que habría cometido de la ex-Presidenta |
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Posteado por: Blanca Vivar carrillos 16/03/2010 16:31 [ N° 3 ] |
Jorge Ramos, el lee noticias de Univision se refiere que con el terremoto Chile quedo al desnudo al mostrar el "Chle oculto" que sufre, por el otro lado habla de los duenos de Chile que es el 7 % que son duenos de todas las riquezas del pais. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 15/03/2010 13:02 [ N° 4 ] |
Sobre lo de Venezuela-Farc-ETA, el jefe norteamericano máximo para esta región, afirmo que NO HABIA NADA. Y sobre la recosntrucción, si Pinochet al menos o a lo mas hubiese cosnbtruidos unos 4 hospitales durante su dictadura, otro gallo nos cantaria. lamentablemente NO CONSTRUYO NADA en 17 años. P.S.: escualas tampoc construyo. |
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Posteado por: Francisco Viñuela De La Vega 14/03/2010 22:51 [ N° 5 ] |
Respetado J-E, citando a nuestro querido Montaigne, Bueno, digamos francamente que usted puede !! |
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Posteado por: sixto lemus peralta 12/03/2010 22:20 [ N° 6 ] |
MADRID.- "El diplomático y escritor Jorge Edwards dijo este martes que el Presidente electo, Sebastián Piñera, culminará la obra iniciada por los Gobiernos de la Concertación." Esto ántes del sismo, ya que ahora se aprovechará de demoler todo lo malo de la Concertación de 20 años, como Puentes, Túneles, Vias, etc. Edwards "reiteró que tiene depositada su confianza en el nuevo Mandatario, quien a su juicio será capaz de dinamizar la economía chilena sin retroceder en las conquistas sociales logradas en los últimos años." Esto ántes y después del sismo, Sin lugar a dudas que lo hará, aunque nadie puede prejusgar el accionar del nuevo Presidente, sobretodo si quizás durante 20 años han votado por el lado contrario, ya que el sólo hecho de hacerse acreedor de cierta confianza que quizás no corresponda si que suena a General después de una batalla que nunca ha peleado. Edward "además, dio a entender que la gestión del devastador terremoto de la semana pasada en el país, que causó centenares de muertos y millones de dólares en daños y pérdidas, no debería ser la única prioridad del futuro Mandatario, ya que Chile ya ha experimentado numerosos sismos en su historia." Esto después del sismo, da una pauta para que el nuevo Presidente mediante algúna modificación constitucional pueda ser reeligido o extendido su Gobierno a mas de 4 y hasta 8 años, recibir un catástrófico pais como el actual es demadiado injusto, ya que si en 20 años de concertación aún hay huellas de sismos como los de 1960, 1965, 1971 y 1985, imposible borrarlas en 4. Desde hoy por lo menos como idea empezamos a aunar esfuerzos para otorgar al nuevo mandatario la confianza de que queremos que además de recosntruir el Pais desvastado, tenga la oportunidad de demostrar el cumplimiento a sus promesas de campaña y para eso se necesitan mas de 4 años de Gobierno. |