Gonzalo Vial en la memoria (95)
Señora Directora: Los tristes hechos acontecidos en la zona central y sur de Chile traen a la memoria el relato de un testigo del terremoto y maremoto que azotó hace 175 años la misma zona que ahora vemos devastada. He aquí un extracto de su relato, reproducido en el reciente libro de Jorge Molina, “Vida de un soldado. Desde la toma de Valdivia a la victoria de Yungay, Antonio Barrena Lopetegui” (Santiago, Ril editores, 2009). El relato dice así: “El 20 de febrero de La casa de mis padres —en Constitución— había quedado arrasada hasta los cimientos. La querida goleta Juana del Maule —propiedad de su padrastro, Daniel Carson— estando cargada con trigo y lista para zarpar al Callao fue arrasada por el mar, quedando el casco completamente perdido en una sementera de papas, a tres o cuatro cuadras de la playa. La hermanita Juana, preciosa criatura de poco más de un año de edad se salvó en su cuna, por una viga que al caer le quedó como techo y sirvió de defensa. El resto de la familia se salvó sin lesión alguna. Los detalles horripilaban. Baste decir que las gentes anduvieron en cuatro pies al no serle posible otra postura por el movimiento ondulatorio de la tierra. Según la opinión de personas de edad no se había sentido en el presente siglo terremoto más espantoso, ni hasta la fecha se ha dejado sentir otro de tan terribles efectos”, recuerda Barrena a fines del siglo XIX, cuando escribió sus memorias. Después de casi dos siglos y contando con una tecnología inimaginable para la época, los efectos del terremoto y posterior tsunami, siguen siendo tan devastadores como los aquí descritos. Cicerón decía que la historia es maestra de vid, eso hasta que nos olvidamos de repasarla. Gonzalo Serrano del Pozo