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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 05 de Marzo de 2010
Lecciones de la naturaleza

Las grandes catástrofes son duras lecciones de la naturaleza. Sacan a relucir lo peor y lo mejor que tenemos. Por un lado, la barbarie, los saqueos, la picaresca criolla, el deseo dictatorial de represalias ilegales. Por el otro, sentimientos reales, no fingidos, a menudo conmovedores, de generosidad y solidaridad. Mis memorias retroceden hasta el terremoto de Chillán de 1939, donde me sacaron de niño de la cama, envuelto en una frazada, y me llevaron a la calle en Viña del Mar. Muchos años más tarde, a partir de recuerdos y de algunas ficciones, escribí un relato de extensión mediana que culmina en ese terremoto y en la región de Chillán, en un lugar que se llamaba y supongo que se sigue llamando Rinconada de Cato. Muchas veces he querido viajar hasta allá y contemplar con ojos de adulto la confluencia del río Ñuble con el río Cato. Ahora me propongo hacerlo apenas tenga un poco de tiempo. Miraba esos ríos desde mi ventana, en la infancia remota, cuando pasaba temporadas en unas tierras de mi abuelo paterno, y después supe que se había salvado por un pelo porque se refugió debajo de la escalera cuando la casa se desplomaba encima de él. En mi relato, La sombra de Huelquiñur, un adolescente medio autobiográfico se encuentra con un viejo mapuche de la zona, Huelquiñur, pocas horas después del sismo, y ambos, el nieto del patrón y el anciano inquilino indígena, beben unos vasos de cola de mono para celebrar el hecho de estar vivos. Ahora he observado que alguna gente, después del sábado 27, daba gracias y se felicitaba por el solo hecho de haber sobrevivido. Me pidieron hace meses de una revista de Hawai, vaya uno a saber por qué, un relato que aludiera al entendimiento entre diferentes razas y clases de la sociedad. Publicaron mi cuento en forma destacada y después me informaron que en Hawai tengo un puñado de lectores entusiastas. Son los consuelos, los estímulos más bien escasos, que se encuentran de repente en la literatura narrativa.

Hubo saqueos en Valparaíso en 1906, reprimidos a punta de fusilamientos por el implacable general Gómez Carreño; los hubo en Chillán en 1939, y ahora se han repetido en forma bastante masiva en la región del Bío-Bío. Y he visto imágenes de gente que pedía ante las cámaras de televisión que mataran en el acto a los saqueadores y asaltantes, afirmaciones que me han provocado tristeza y algo de pesimismo frente a la condición humana. Hemos luchado mucho por alcanzar un estado de derecho en Chile: perderlo sería una consecuencia no prevista y muy desgraciada de los sucesos naturales. La esencia del problema consiste en reprimir la violencia y la barbarie con fuerza, con eficacia, y dentro de las leyes que nos hemos dado para estas circunstancias.

Al observar las muy variadas reacciones humanas, tiendo a pensar que mucha gente, después de un cataclismo, sufre una extraña perturbación de los valores éticos. Hubo una escena transmitida por algún canal que me causó un poco de risa, pero que tenía un fondo patético. La cámara estaba en Concepción o en Talcahuano y enfocaba a una ordenada fila de ladrones de bencina frente a una gasolinera abandonada. Avanzaba la cola y la gente llenaba con toda parsimonia sus bidones. Pues bien, un hombre protestaba con notable energía y aspiraba a que su protesta llegara al mayor número posible de televidentes. El llevaba dos bidones de cinco litros, cosa que le parecía razonable, pero había colistas que “abusaban” y se presentaban con tres o más bidones de veinte litros. ¿No había control, no había nadie que pusiera un poco de orden? Uno esperaba que el personaje llamara a la policía para controlar a los ladrones que robaban cantidades excesivas. Es decir, creía que había una clara y flagrante división entre los buenos y los malos ladrones.

Tengo una interesante experiencia de un terremoto fuera de Chile, cuando formaba parte de la diplomacia profesional y me encontraba destinado en Lima. Descansaba en mi casa un domingo después de almuerzo, en abril de 1970, cuando un temblor de fortísima intensidad nos hizo correr a todos a la calle. La gente se hincaba y rezaba a gritos, mientras los automóviles regresaban a sus casas a peligrosa, disparatada velocidad. Chile envió mucha ayuda y un hospital militar de campaña que se instaló al norte del Perú, en la región de Casma, en paralelo a los valles del interior donde se había encontrado el epicentro. El hospital era impecable y los militares chilenos manejaban las cosas con una disciplina que asombraba a los habitantes del lugar. Después de poco, empezaron a bajar bandadas de helicópteros que traían a los primeros heridos desde el otro lado de los Andes. Todavía me acuerdo de las caras lívidas, de color ceniza, de los indígenas contusos, malheridos, en algunos casos moribundos. Pues bien, se presentó un problema en el que nadie, ni del lado peruano ni del chileno, había pensado. El hospital de campaña tenía todo: ayudantes, enfermeros, médicos de diferentes especialidades, pabellones quirúrgicos de avanzada tecnología, pero carecía de un intérprete del quechua al español y del español al quechua, de manera que los doctores estaban obligados a entenderse por señas con sus pacientes. Además, como el nivel sanitario de la región era muy bajo, al segundo día ya había largas colas para tener un parto, para arreglarse la dentadura, para problemas de salud que no tenían relación alguna con la catástrofe. En esa ocasión, la desgracia imprevista, no anunciada, tuvo relación con los llamados huaycos, los aluviones de barro y piedras que bajaron de los Andes y sepultaron ciudades enteras. En el caso del sábado, lo imprevisto o mal previsto, aunque previsible, fueron las salidas de mar. ¿Se podía pedir en nuestro mundo, en nuestro desarrollo todavía muy relativo, enteramente insuficiente, una precisión comparable a la de las organizaciones norteamericanas más avanzadas? Mientras nosotros dábamos órdenes y contraórdenes, señales “ambiguas”, como se dijo por ahí, la agencia norteamericana conocida por sus siglas de NOAA emitía una señal inequívoca de alerta de tsunami diez minutos después del sismo. ¿Por qué no recibimos esa señal y por qué, si la recibimos en alguna forma, no le hicimos caso? El tema es intrincado y no podemos ser generales después de la batalla. Pero convendría saber, no para acusarnos y para condenarnos, ya que no hubo mala fe ni nada que se parezca, sino para que el error no se repita en un cataclismo futuro. Ya que somos tierra de cataclismos: el único país de Iberoamérica que tiene toda una literatura de Apocalipsis y de catástrofes de la naturaleza, lo cual daría tema para otra crónica o para un largo ensayo.


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8 Comentarios publicados
Posteado por:
Marino Pitelo P.
17/03/2010 20:09
[ N° 1 ]

Notable la narracion, señor Edwards. Hace falta en nuentro Chile una apreciación justa en torno a lo que nos sucedió respecto de las señales de maremotos que debió darse. Talvez nos falto el intérprete que tampoco tuvo el hospital de Casma.

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waldo segundo robledo meza
10/03/2010 21:24
[ N° 2 ]

Jorge,
Si su pensamiento fuera realidad, es probable que no perdonara la negligencia, y éste pais sería otro.

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Fernando Osvaldo Castillo Sandoval
08/03/2010 21:26
[ N° 3 ]

Que bonito!!! Están tan acomodados que ya no saben que hacer o no quieren hacer lo básico en casos tan típicos de Chile como los terremotos y maremotos (sunamis?) mis viejos por cuenta de ellos me enseñaron cuando chico que tenia que hacer cuando un temblor comenzaba, cosas básicas como abrir la puerta y dejarla abierta por si la cosa se ponía fea y ellos me contaban de Valdivia y de otros eventos telúricos , hasta de erupciones que les tocó vivir , (mi mamá nació a los piés del LLaima. Y así nos criamos en el Cajón del Maipo, cuando la moda estaba allá, en las Melosas, los viejos tenían su propia operación daysi que nadie les enseñó, despues nos fuimos a vivir a Cartagena y los viejos nos pusieron al tanto de los Maremotos que según ellos tenian una relación directa con los terremotos y la recomendación era bién básica arrancarse de la orilla del mar lo mas rápido posible , para el cerro mas próximo. Yo nunca me imaginé que con la llegada de la tecnología los Chilenos esperaban un aviso del gobierno para "apretar", realmente no entiendo eso, me disculpen pero debe ser porque ya no vivo mas encima del "agarra-agarra" tectónico, aaah!! y se me olvida; porque tanta casa de adobe todavía en Chile? eso me preguntaban los colegas, cosa que no supe contestar debe ser culpa de la concertación les dije, apequenandome! Saludos desde el centro de la placa Sudamericana; Brasilia 50 años, Salud!!!!

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carlos kinast feliú
08/03/2010 09:52
[ N° 4 ]

Lamentablemente el Almirante Luis Gomez Carreño está muerto, el General Gomez Carreño que alude el señor Edwards puede estar en Punta Peuco.

La Onemi y las Instituciones de Emergencia deben actuar, como una unidad operativa debidamente equipada y altamente especializada bajo el mando del Comando Conjunto de las FFAA, así se puede actuar oportunamente.

Poner a las Instituciones de Emergencia bajo las ordenes de funcionarios elegidos por Cuoteo es una irresponsabilidad inexcusable.

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Ricardo Morales Gallardo
06/03/2010 01:52
[ N° 5 ]

Muy ilustrativa su columna don Jorge, por sus experiencias con estos fenómenos. Respecto a lo que usted señala en relación a los devaneos con la alarma y se pregunta porque no se recurrió a la información de la NOAA o la USGS, la respuesta categórica a esta interrogante debiera proporcionarla la Directora de Onemi, Carmen Fernández. A este organismo le corresponde por ley, ejercer todas las funciones de prevención y respuestas ante una catástrofe. Sin embargo, las febles explicaciones dadas por esta señora rayan en lo risible y ridículo, con la guinda de la torta del "fax ilegible", para después haber derivado la responsabilidad al SHOA de la Armada Nacional, en circunstancias que había otras fuentes de información a la que podría haber recurrido. En todo caso, se sigue la tónica de todos los gobiernos concertacionistas de escurrir el bulto y no ser responsables de nada.

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Sergio Rojas Abarzúa
05/03/2010 20:10
[ N° 6 ]

Jorge Edwards, como maestro de las palabras, debiera usarlas para decir las cosas con fuerza y precisión, sin "ambigüedades".
En su pregunta final, la tercera persona plural es impertinente. A "nosotros" no nos incumbia estar atentos a las veleidades del mmar; ni siquiera a la ONEMI, cuya principal función es la de mantener acopios de medios para enfrentar calamidades y distribuirlos en su caso. El país ha encargado a otra institución la vigilancia del mar de modo que la pregunta debió ser derecha y sin frases anestesiantes a quien le corresponde contestarla.
"Nosotros" no dimos órdenes ambiguas, tampoco lo hicieron las autoridades civiles que, no teniendo ingerencia en la prevención de maremotos, se atuvieron a actuar conforme a la información de quienes sí tenian esa responsabilidad.
Tocante a los saqueos de 1906,no existiendo una policia militarizada, fueron reprimidos por Gómez Carreño a punta de fusilamientos públicos; en 1939, 1960 y 1985 eso no ocurrió porque la institución encargada por la ley de mantener el orden público, Carabineros, actuó sin esperar "instrucciones".
Así pues, el tema no es en modo alguno intrincado. Es el columnista quien le pone neblina

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sixto lemus peralta
05/03/2010 18:58
[ N° 7 ]

La respuesta a los porqué incluídos lo de esta columna es porque fallaron las radiocomunicaciones y faltaron los radioaficionados de antaño. La linda Hillary vino con equipos de radio al hombro, porque trajo equipos? porqué en el Pais del norte hay gente que piensa. En 20 años de concertación hubieron muchas cosas que se dejaron en el olvido como los enlaces radiales o se arrasó con ellas o no se actualizaron ya que no se le puede poner el pie a la ciencia y al modernismo, Quizás era mas poderosa la tónica de encerrar ex militares usando la bandera de los DDHH a cuesta como plataforma de continuidad. La DDOO con los Puentes abajo aquellos del tiempo del mentado capitán planeta y recién inaugurados del actual que a sus espalda nos deja siempre una catástrofe como la educación ántes del jarrazo de agua y a la fecha involuntario o no aparte del estadio nacional inconcluso un terremoto de destrucción en vias. Me decía un capitán de barco que para ser Capitán no basta saber navegar sino TENER UNA BUENA ESTRELLA. Indudablemente que la mayoría de los Políticos Concertacionistas de quilla a perilla no tienen buena estrella, aún teniéndolos en la oposición que don Sebastián se cuide de ellos.

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Ricardo Morales Gallardo
05/03/2010 18:03
[ N° 8 ]

Muy ilustrativo lo que usted comenta. Respecto al tema de la señal de alerta de tsunami emitida por el NOAA y también por el USGS, esa respuesta tendría que darla la sra. Carmen Fernández en su calidad de Diectora de Onemi, que es el único organismo en Chile y al que por ley le corresponde planificar, coordinar y ejecutar las acciones de prevención y respuesta ante catástrofes, y no la Armada de Chile como nuestro gobierno de opereta nos quiso hacer desde un primer momento. Anticipando la respuesta de esta señora, también diría que "el fax estaba ilegible" o "no teníamos comunicaciones". ¿ Qué cumplimiento le dio entonces al aspecto preventivo para habeer dotado siquiera a su organismo de un sistema a prueba de colapsos ?. Y se encuentra calentando su asiento en la Onemi desde el año 2006.

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