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Garretón, Oscar Guillermo


Garretón, Oscar Guillermo
Lunes 01 de Marzo de 2010
Todos

No tiene sentido describirles lo que cada uno vivió, ni sumar información a aquella que llevamos días conociendo. Pero sí lo tiene advertir que enfrentamos como nación uno de esos desafíos que nos llegan de tarde en tarde, a consecuencias de esa telúrica normalidad que es Chile.

Decir que el epicentro del sismo fue Cobquecura es un preciosismo técnico inútil. Este terremoto no es un tiro de precisión sobre un punto de nuestro territorio, sino un escopetazo que hiere todo el corazón del país, sus zonas más pobladas, su centro económico y laboral. En realidad, Chile Central ha sido el epicentro de un sismo de envergadura mundial, cuyo efecto se seguía en Hawai, en Japón, en la península de Kamchatka del norte de Asia, en la Casa Blanca y el Vaticano. Es cierto, era terremoto en Cobquecura, pero también en Concepción y Talcahuano, en Talca, en Curicó, en Rancagua, en la arrasada costa central del país y sus islas, en las zonas rurales, en Valparaíso y también en Santiago. Si de víctimas se trata, hay en todas partes y el epicentro es la costa de la Región del Maule. Todo indica además, que la cifra de muertos debe aumentar.

Para millones de chilenos, éste es el momento más duro de sus vidas. Nadie que lo haya vivido podrá olvidar jamás esos minutos interminables iniciados a las 3.34 de la madrugada del sábado. Niños y adolescentes de hoy contarán a sus nietos lo que fue este terremoto.

Es difícil lo vivido, pero será más difícil lo que viene si no asumimos el futuro. La primera prueba de la calidad humana de nuestra nación la viviremos en las próximas horas. Estas catástrofes sacan no sólo lo mejor, sino también lo peor de los seres humanos. El saqueo y el pillaje me abruman más por ser un golpe a la unidad, solidaridad y confianza en sí mismo de nuestro pueblo, que por el valor de lo robado. Es un delito contra la moral de un país que necesita dar lo mejor de sí.

Pero hay desafíos aun mayores por delante. Las discusiones políticas cambiaron. Se las tragaron también el mar y la tierra. Los desafíos de la política, de la economía, de la cohesión social dejaron de ser los que eran. Debemos emprender el camino hacia un país mejor a aquel golpeado por el sismo. Los primeros que aventuran estimaciones hablan de miles de millones de dólares para superar el cataclismo. Podrá haber, como siempre, oposición y gobierno, empresarios y trabajadores, creyentes de distintos credos, mujeres y hombres, pero necesitamos un país que construya su unidad de acción.

La actividad en las zonas de catástrofe nos daba cuenta de la increíble variedad de esfuerzos y personas que hay tras esa normalidad a que estábamos acostumbrados: los hospitales, las carreteras, la luz eléctrica, las telecomunicaciones, el ferrocarril, el agua, la policía, el gas, los periodistas encima de la noticia, la producción de alimentos, las fuentes de trabajo, los transportes privados y públicos, el tráfico aéreo y portuario. Todos somos indispensables.

Sería grave que el gobierno creyera que ellos por sí solos van a reconstruir Chile. Sería grave que la oposición pensara que le llegó el tiempo de pasarle una implacable cuenta a quienes triunfaron en las elecciones. Sería grave que la política se ensimismara en sus acuerdos, desacuerdos y negociaciones, sin considerar el rol de los protagonistas sociales.

Hace mucho tiempo, en columnas ya añosas, he manifestado mi convicción de que el país enfrentaba una situación muy particular. Por un lado, una necesidad, nacida de sus éxitos, de realizar profundos cambios en la política, la economía y la vida cultural del país, y, por otro lado, un virtual empate que hacía imposible afrontar esa urgencia sin acuerdos más amplios que las coaliciones actuales, para dar el ancho político que permita abordarla. Pues bien, este sismo, apocalíptico por su intensidad y por la vastedad de la zona afectada, me refuerza la convicción de que, sin renunciar a lo que cada uno es, necesitamos un entendimiento nacional, social y político de nuevo tipo.


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3 Comentarios publicados
Posteado por:
aris enrique cabrera barrera
03/03/2010 22:28
[ N° 1 ]

Verguenza es lo que siento al ver la gente saqueando establecimientos de otros articulos que no son de comida,yo no creo que nadie se pueda comer un televisor por mucha hambre que tenga,este es el legado que nos deja un gobierno incapaz de lidiar con la delincuencia,recuerden lo que pasaba con la up hace 4 decadas.

Posteado por:
waldo segundo robledo meza
02/03/2010 17:03
[ N° 2 ]

Oscar,

Han habido situaciones que no pueden ser enmendadas por éstos acontecimientos. La unidad nacional crece y se forja en los pequeños detalles de la vida diaria

Posteado por:
Rubèn Josè R. Maturana Maturana
02/03/2010 12:53
[ N° 3 ]

Oscar Guillermo: Es verdad: SIN UNIDAD, será muy difícil de emerger. Llegar a conformar un país unido - como tú admirablemente recalcas - no significa renunciar a nuestras propias ideas y opiniones. Solamente significaría, que estamos de acuerdo en construír una nación, que tendría ciertos valores y principios que compartimos todos los connacionales. Y, que nunca claudicaremos por defender - aunque sea con nuestras propias vidas - estos valores y principios predeterminados por nosotros mismos.Cuento a parte, ¿Vámos a ser capaces, en especial la casta política , de llevar a cabo esta unión? Soñar no cuesta nada. Saludos gran Gurú

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