Gonzalo Vial en la memoria (95)
Es improbable que la ciudadanía acoja bien el lineamiento reiterado por algunos sectores de la Concertación en cuanto a rechazar la política de grandes acuerdos que ha postulado desde la noche misma del 17 de enero el Presidente electo, a descartar que sus militantes puedan aceptar cargos de responsabilidad en su gobierno, e incluso a amenazar con exigencia inmediata de renuncia a quienes los aceptaren. No resulta convincente aducir una incompatibilidad absoluta e insalvable para asumir responsabilidades políticas si se es de oposición, pues en democracias maduras y sólidas, como la estadounidense, el Jefe del Estado llama en diversas ocasiones a figuras connotadas de la oposición a cargos incluso del primer plano (de hecho, Barack Obama ratificó como secretario de Defensa a Robert Gates, designado por George Bush), sin que eso confunda al gobierno ni a la oposición. Aleccionador es también el caso de Francia. Allí el Partido Socialista siguió un camino parecido al que algunos quieren adoptar en Chile y expulsó de sus filas a Bernard Kouchner al aceptar éste asumir como canciller de Nicolas Sarkozy: una dura reacción que en nada ayudó a los socialistas franceses a superar la crisis en que quedaron sumidos tras ser derrotados precisamente por Sarkozy en 2007 y de la cual aún no logran recuperarse.
En algunas voces concertacionistas, el rechazo a participar ha recurrido incluso a presunciones descalificadoras. Según un personero de la DC, su colectividad busca “cambios que hagan justicia social, y no podemos ser parte de una coalición de derecha que lo que defiende son intereses”. Según una figura
Tampoco es necesariamente coherente admitir sólo una eventual colaboración en asuntos internacionales —
Tal vez la Concertación, ajena por tantos años a la experiencia de ser oposición, necesite más tiempo para evaluar su nueva realidad y decidir sus rumbos futuros. Entretanto, este énfasis en impedir toda participación de sus militantes en tareas públicas parecería ser indicio de cierta inseguridad relativa a que el “estilo Piñera” pueda seguir permeando sus filas en