Gonzalo Vial en la memoria (95)
Errázuriz, Margarita María
En estas fechas, una frase muy socorrida es “año nuevo, vida nueva”. A partir de ella solemos revisar el año que termina, sacar conclusiones, hacer propósitos para el que viene. Nuestra expectativa es superarnos. Queremos sentirnos satisfechos porque avanzamos hacia metas que esperamos alcanzar.
Por lo general, esta reflexión se circunscribe a la propia vida y, en algunos casos, a lo que se hace en términos personales por el bien de los demás. Pienso que esa evaluación debiera partir por lo más básico. Habría que comenzar por revisar cómo asumimos nuestra condición social en un aspecto elemental: las relaciones con los demás; con aquellos que son nuestros cercanos y los no tan cercanos. Si cuidamos y cultivamos los lazos que nos unen con quienes nos rodean, trascendemos nuestras limitaciones y nuestros actos adquieren otro valor, una especial nobleza. Este punto de partida nos permitiría forjar realmente una vida nueva para nosotros y, mejor aun, para todos.
Sobre este tema hay mucho que decir. Así, por ejemplo, uno de los hechos que más marca y destruye la calidad de nuestras relaciones es la violencia. A diario vivimos reclamando lo mucho que ha aumentado. Nos espantamos ante la cuenta de los femicidios o de los asaltos y robos perpetrados con violencia. Sin embargo, poco nos percatamos de que esos actos tan notorios son la punta
A diario incurrimos en un sinnúmero de actos de violencia. Es común que cada día, al manejar, cometamos faltas de respeto y de agresión contra otros conductores. A la vez, vivimos haciendo discriminaciones implícitas en gestos simples, sin ninguna capacidad de autocrítica. Estos van desde la forma de mirar o no mirar al otro cuando le hablamos, en el gesto de nuestra cara o en el tono de la voz. Mención aparte merece nuestra ceguera social frente a la pantalla
En cada una de esas oportunidades estamos potenciando aquello que rechazamos. Nuestras faltas de respeto, nuestros mensajes equivocados, nuestro comportamiento errático —no queremos violencia, pero la recreamos constantemente con nuestra propia conducta— marcan el carácter de nuestras relaciones.
Les propongo incluir en nuestra reflexión y en nuestros propósitos fortalecer y cuidar la valoración y el respeto por los otros. Ambas actitudes podrían expresarse en prácticas tan sencillas como sonreír a las personas con las que nos cruzamos en la calle, por desconocidas que sean; saludar al subirnos a un ascensor y despedirse al salir de éste; mirar a los ojos cuando hablamos; ser abiertos y acogedores a la hora de escuchar; ser sólo jueces de nuestros actos, nunca de los que realizan otros.
Esto, que parece tan simple de decir y complejo de realizar, es clave para tener una vida nueva. Si logramos ponerlo en práctica, nos cambiará a nosotros y a los demás.
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Posteado por: John Pichulman Stegman 04/01/2010 18:24 [ N° 1 ] |
Siempre tan dije, Margarita María. Como para ir a escucharla a alguna iglesia de barrio alto. |
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Posteado por: Jaime Octavio Martínez Gutiérrez 02/01/2010 14:50 [ N° 2 ] |
“Vida nueva, año nuevo” la misma canción de siempre, pa’ tras pa’ elante, comenzaré analizando su comentario al revés, esto, que parece tan complejo de realizar y simple de decir, me propone el respeto por los otros, “sonreír a las personas con las que nos cruzamos en la calle, por desconocidas que sean;” esto se podía efectuar en los años sesentas, cuando la Concertación estaba en pañales, ahora si hago lo que ud. me pide, me “cogotean” en dos tiempos,“saludar al subirnos a un ascensor y despedirse al salir de éste;” en los primeros años de los setentas aún se podía hacer, ahora te tratan de Piñerista, “mirar a los ojos cuando hablamos; ser abiertos y acogedores a la hora de escuchar; ser sólo jueces de nuestros actos, nunca de los que realizan otros.” Se acabó de golpe, en el setenta y tres. Al vivir la Dictadura de forma neutra y después conocer a la Concertación adulta, tengo claro que vuestro comportamiento errático, vuestros mensajes equivocados y vuestras faltas de respeto, en contra de nosotros la gente honesta del pueblo, y ahora nos salen que no quieren más violencia y reconocen que la recrean constantemente con vuestra propia conducta, corte el leseo María Margarita, parece que le hizo mal el “cola de mono” navideño, yo para ésta fecha tomo Coca-Cola junto a Cecilia Morel, para que vea cómo “marcan el carácter de nuestras relaciones”. Espero que en el futuro no hagamos ningún comentario al respecto, con esto hacemos subir el rating. Al decir “Mención aparte merece nuestra ceguera social frente a la pantalla del televisor. No nos inmutamos ante la violencia de todo tipo en las películas, en las teleseries, incluso en los comerciales.” Muy simple, deshágase por fin de ese viejo televisor de los años setentas, que sólo tiene funcionando el canal siete (TVN) ahora existe Chilevisión, vea Tolerancia Cero. Perdonen amigos lectores por no poder analizar el comentario completo de María Margarita, se me acaban las palabras, al escribir ella “Queremos sentirnos satisfechos porque avanzamos hacia metas que esperamos alcanzar.” |