El homenaje de despedida rendido en la Cumbre Iberoamericana a Michelle Bachelet por el Presidente portugués Aníbal Cavaco, con motivo de ser ésta la última de tales reuniones a la que ella asistiría durante su mandato, ya próximo a terminar, fue sin duda un gesto excepcional tanto por el especial reconocimiento de sus cualidades personales y de su actuación en este tipo de reuniones, como por el largo y entusiasta aplauso con que los demás jefes de Estado y de gobierno respaldaron ese juicio favorable. Además, junto con iniciar su visita oficial a Portugal, la Presidenta fue invitada a ser testigo del comienzo formal de la nueva fase de la Unión Europea tras la modificación de las normas que la rigen. El episodio revela la buena imagen internacional de
Así, en este mismo encuentro, el conflicto hondureño se convirtió en el eje de los debates, durante los cuales Michelle Bachelet —sin perjuicio de continuar respaldando los acuerdos de la OEA, que en verdad no se han mostrado especialmente eficaces— procuró junto a unos pocos de los demás participantes contribuir a acercar posiciones que, a lo menos por parte de Hugo Chávez y sus seguidores, se han hecho extremas. Lo que más llama la atención en este tema es la brusca actitud del Presidente Lula, que incluso se retiró antes del final, al igual que el mandatario ecuatoriano, rechazando cualquier entendimiento no sólo con el gobierno de facto de Honduras sino también con Porfirio Lobo, claro triunfador en la reciente elección presidencial, con quien se niega hasta a conversar.
Esta elección se hallaba programada desde antes
En un aspecto directamente ligado al interés nacional, si bien no hubo un mayor contacto bilateral con Perú en Estoril ni se ha superado aún la acusación de espionaje agravada por las expresiones de Alan García sobre Chile, la Presidenta ha evitado ahondar las diferencias, sin contradecir la ambigua explicación de su colega peruano sobre el sentido de su calificativo de “republiqueta”. Por otra parte, han abundado las opiniones sobre el necesario reforzamiento de los vínculos mutuos económicos y culturales. Aunque en el tema del armamentismo la estrategia peruana no decae y rondó las entrevistas con el Papa de los gobernantes de Chile, Argentina y Perú, este incidente específico ya suena a cosa del pasado, mientras no vuelva a agitarse por motivaciones internas en el país vecino.