Edwards, Jorge
Uso el título de un viejo libro brasileño de poesía, y creo que no corro el menor riesgo de ser acusado de plagio. “Corazón orgulloso, escribía el autor, tienes prisa para confesar tu derrota / y postergar para otro siglo la felicidad colectiva”. Esto de la “felicidad colectiva” era el ideal comunista de la década de los treinta, de los años de la guerra de España, de las vísperas sombrías de la Segunda Guerra Mundial.
Carlos Drummond de Andrade, el poeta, había militado en la izquierda extrema de su país y ya empezaba a sentirse cansado, desengañado, pesimista. Los experimentos políticos, los grandes saltos adelante, las colectivizaciones forzadas, se practicaban en muchos lados, pero la felicidad de los pueblos no se vislumbraba en ninguna parte. “Mundo, mundo, escribía también Drummond de Andrade, vasto mundo, / si yo me llamara Raimundo / sería una rima, pero no una solución”.
Nosotros, desde nuestro rincón, ignoramos la historia contemporánea, la lucha dramática de las ideas, los desengaños, los derrumbes ideológicos. En Europa se estrenaba en estos días “Katyn”, una de las películas más impresionantes que me ha tocado ver en los últimos años.
El director es Andrey Wajda, cineasta que llegó a ser una de las figuras más destacadas de la Democracia Popular de Polonia, hace más de veinte años, y que después adquirió la convicción, en conciencia, de que la matanza de veinte mil oficiales del ejército polaco, a comiezos de la Segunda Guerra, no había sido obra de los nazis, como afirmaba la propaganda oficial, sino de los soviéticos. La película comienza con las historias de familias en las que hubo víctimas de la matanza, padres o hermanos, y que después estuvieron obligadas a callar, puesto que decir la verdad era lo más peligroso que se podía hacer, y desemboca al final en las escenas espeluznantes, cuidadosamente documentadas por Wajda, del exterminio en los bosques de la región llamada Katyn. Salía, pues, la película, y empezaban a publicarse en esos mismos días ensayos y entrevistas sobre los veinte años de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe estrepitoso, de tonos wagnerianos, del régimen de Nicolae Ceaucesco, en Rumania.
Antes se descartaban estas cosas de un papirotazo, alegando que todo era propaganda de la CIA, conspiración anticomunista, etcétera, etcétera, pero hoy día, en pleno siglo XXI, ya no es posible argumentar con tanto simplismo. Las verdades son complejas, de esto no cabe ninguna duda, pero tenemos que reflexionar con seriedad, sin lugares comunes, sin consignas, tratando de llegar al fondo de los problemas. ¿Podemos sostener, por ejemplo, que Cuba, después de cincuenta años de fidelismo, de oposición reprimida, de censura estricta, de prohibición de salir del país o de regresar, es una democracia “diferente”, sin explicar en qué consiste esta curiosa diferencia?
Las fotografías de la semana sobre la celebración de los veinte años de la caída del Muro de Berlín son reveladoras, sugerentes, para decir lo menos. Vemos, bajo una llovizna persistente, a la salida del puente de Bornholmer Strasse, el primero de los pasos fronterizos que se abrió hace veinte años, a Mijail Gorbachov, Angela Merkel y Lech Walesa.
Nadie, por insensible o testarudo que sea, puede ignorar la carga simbólica, histórica, política, de esta imagen. El último jefe de Estado y secretario general del PC de la Unión Soviética, la residente en Alemania Oriental que consiguió escapar al lado occidental y que ahora dirige al país reunificado, y el obrero portuario que dirigió el sindicato Solidaridad y provocó la caída del régimen prosoviético de Polonia, unidos para mostrar una fotografía de la pasarela de las libertades ciudadanas, un lugar donde antes se disparaba contra los alemanes del Este que trataban de irse. Estoy dispuesto a escuchar con la mayor paciencia todas las razones políticas, morales, económicas, habidas y por haber. Me acuerdo como si fuera hoy de las explicaciones que me daba el embajador de Alemania Oriental en La Habana, hace ahora más de treinta y cinco años, para justificar la existencia del Muro. Las palabras del embajador contrastaban con los gestos de los marinos de un buque de guerra alemán, que se acercaban en botes a remo hasta el costado de la Esmeralda, nuestro buque escuela, y les decían a sus colegas chilenos, a su modo, que fueran prudentes, que tuvieran sumo cuidado, que no se embarcaran en aventuras que no tenían vuelta. Los signos externos, los síntomas alarmantes, se multiplicaban, pero no había peores sordos que los que no querían oír ni peores ciegos que los que no querían ver.
Ahora, en la medida en que nos acercamos a las elecciones nuestras, me parece que se notan con bastante claridad dos actitudes elementales: la del blindaje mental, la ceguera consciente y deliberada, por decirlo de algún modo, y la de la apertura, la libertad de espíritu.
Por desgracia, siento que la primera de estas posiciones, en todos los sectores políticos, es mucho más frecuente, más difundida, más insidiosa, que la segunda. Si me preguntan, no tengo más remedio que admitir que la dificultad del voto en esta oportunidad es un factor real, de fondo: no un simple invento. Creo que los sectores de la izquierda que no han pasado por una renovación verdadera, auténtica, coherente, con todas las dificultades y hasta los dolores que esto significa, son muchos, no sé si demasiados.
Y pienso, por otro lado, que la existencia de una derecha democrática fuerte, civilizada, sólida, no integrista, liberada de toda nostalgia del pinochetismo, todavía está por demostrarse en forma plenamente convincente. No sería malo que esto se demuestre desde el gobierno, dado el rumbo que llevan las encuestas, pero la duda existe y la cuestión es seria.
Para alcanzar una auténtica convivencia nacional, un consenso mínimo, dentro de las inevitables y saludables diferencias, esta renovación de los extremos del espectro político, esta reflexión libre, son absolutamente necesarias.
Pero las palabras y hasta los lenguajes gestuales de los diferentes candidatos no nos dan muchos motivos para ser optimistas.
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Posteado por: DEMOCRÁTICUS 19/11/2009 17:55 [ N° 1 ] |
Tercera oda al soldado Ariza. Quisiera verte de niño Ariza, como cuando jugabas en el barrio con esa pelota inocente y tú y tus amigos corrían tras ella con ese gesto adusto que ponemos cuando creemos que lo que hacemos es importante. Quisiera Ariza que todos esos años que han pasado no hubieran pasado y te hubieras quedado allá en las calles andinas, sucio como andabas, convertido en el niño radiante que fuiste con esa silenciosa sonrisa altiplánica que tenías. ¿Para qué crecer si te iba a pasar esto que te está pasando? ¿Con qué fin crecer si te ibas a topar con el 26 % de Jálan y entonces te iban a detener para consumar sus propósitos de gobernante? Responde Ariza, responde que todavía tienes tiempo y al menos yo estoy dispuesto a escucharte. |
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Posteado por: DEMOCRÁTICUS 19/11/2009 15:08 [ N° 2 ] |
Segunda oda al soldado Ariza. Ay Ariza, tal vez nunca imaginaste que serías el reparador de tu tierra natal. Tu reputación y la sangre, tú sangre, servirán para purificar las enfermizas relaciones del catolicismo barroco que se asentó en tu país palimpsestado. Para mi eres un nuevo mecías que viniste a sanar por un momento a los tuyos. Tu segura inmolación hará que en el Perú todos sean uno, y se unirán macizos en torno al enemigo común y tu desprestigio. Te echarán la culpa de todo Ariza. Para eso estás, para eso viniste a nosotros. Dirán de ti todo lo que puedas suponer, no hay para qué explayarse. Todo lo que se diga será poco Ariza, será poco. Y Jálan…, Jálan seguirá gobernando hasta terminar su gobierno, tal vez más rico, como buen sudamericano. Y tú y tu familia…, tú tal vez en el infierno irreal, descansando entre gárgolas ociosas y tu familia en el infierno terrenal que le propinarán los seguidores de Jálan. |
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Posteado por: DEMOCRÁTICUS 19/11/2009 11:50 [ N° 3 ] |
Sé que no tiene que ver, pero permítaseme la intromisión. Hay tanto espacio…. Oda al soldado Ariza. Pobre Ariza. Eres…, eres el chivo expiatorio de la fragilidad del gobierno de Alan. ¿Te acordarás Ariza del viejo dicho, ese que dice que “el hilo se corta por lo más delgado”? ¿Sí? Entonces, acepta que vas a morir. Pero cuando te tengan en el paredón, y el pelotón este a punto de “hacer patria” metiéndote todas esas balas en el cuerpo, pídele al pelotón que te traigan una foto de Alan. Si te la traen, dile entonces Ariza a la foto de Alan, con voz bien alta, como el soldado recio que eres: “¡Señor presidente, los que vamos a morir por la patria le saludan!”. Y después muere tranquilo Ariza, por tu país, por tu nación, por Dios y por el bienestar de tu familia a la que seguramente perseguirán para acallarla. |
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Posteado por: DEMOCRÁTICUS 18/11/2009 11:35 [ N° 4 ] |
Señor Edwards: Por lo que se puede sustraer de su artículo, matizado de alguna poesía, como lo hace a menudo, no exento de cierta oportunidad, es que usted, antes de pedirle renovación a los extremos, pasa por la historia del siglo 20 de la humanidad occidental y siempre o casi siempre se encuentra con hechos lamentables. Me parece que, dadas las condiciones epocales de aquellos años que usted revisa (algunas democracias recién comenzaban, otras comenzarían después de la segunda guerra), es fácil discernir que los que gobernaron el mundo después de la caída de las Monarquías aristocráticas siguieron, persistieron en la misma manera de gobernar, pero ahora con distinta ideología. Nada más. De modo que, señor Edwards, lo que vemos, si revisamos el pasado reciente de nuestra “zona de la civilización”, es a conglomerados de personas que por fin tuvieron una ideología que materializaba el cristianismo, al margen del clero, lejos del clero, pero que copiaron los despiadados modelos de gobierno de la aristocracia. De hecho, los dirigentes máximos de esos países eran y algunos hasta ahora lo son, bastante cercanos sino iguales a la figura del Rey. Con todo, esto de la renovación es una cuestión de edades. Los nuevos dirigentes casi siempre se distancian de alguien o de algo para tomar una nueva posición. Y es allí, querámoslo o no, donde se produce el tan anhelado cambio. Lo otro sería profundizar la Democracia y regular la actividad política por ley y repartir el tiempo de los políticos en un cincuenta por ciento dedicados a la política y el otro cincuenta dedicados a profundizar la Democracia. Si por esas cosas del azar se produjera esta situación en la política mundial a parte de producirme un infinito goce sentiría que otro gallo nos empezaría a cantar a las personas comunes. |
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Posteado por: sixto lemus peralta 14/11/2009 11:12 [ N° 5 ] |
Lo único que si recuerdo de hace 20 años es la ida de un ser querido a los EEUU ya cumplido su sueño americano pero de piedras y cementos nada. Sin relevancias for this side. Se diría que eso es sólo de nostálgicos de la perestroika y del stolichnaya. |