Mientras Marco Enríquez-Ominami sonreía en Brasil y era recibido dos veces en menos de 24 horas por Lula da Silva, causando la molestia del PS, en Santiago Eduardo Frei lanzaba “la carne a la parrilla”, en palabras de su ahora semi retirado asesor Eugenio Tironi: en cinco días incorporó a su comando a una ministra y a la madre de la Presidenta, se reunió en San Miguel con más de una decena de secretarios de Estado en un acto masivo donde se asignó tareas específicas a los funcionarios públicos, y hasta consiguió que Andrés Velasco lo acompañara en terreno. Es un despliegue sólo comparable a los vistos en las segundas vueltas Lavín-Lagos y, en menor medida, Bachelet-Piñera, y que cabía esperar en un eventual balotaje entre el oficialismo y la Alianza. Su obvio adelantamiento se explica al constatar que Enríquez-Ominami ya no sólo quita votos, sino amenaza derechamente la probabilidad de Frei de pasar a segunda vuelta.
Esa simple posibilidad, junto al cambio estratégico en el oficialismo (al recurrir ahora, para competir con Marco, a las «armas» que se guardaban para Piñera), también obliga a la oposición a reevaluar, y reaviva el debate sobre los alcances y límites del apoyo que es lícito que den las autoridades al candidato propio. Todo, cuando el país, si bien muestra alentadores signos de recuperación económica, enfrenta un agitado cuadro social, con los profesores iniciando un paro indefinido que divide a la Concertación, los empleados fiscales movilizados y el conflicto mapuche exacerbado.
El valor de una encuesta. Los asesores de Frei declaran como objetivo de sus últimos movimientos lograr un buen resultado en la próxima CEP, cuyo trabajo de campo está en curso para resultados que se conocerían en noviembre. Por su metodología, la encuesta en sus dos últimas mediciones dio a Marco cifras inferiores a los demás estudios y a clara distancia del senador. Si ahora esa diferencia se estrechara muy significativamente, dejaría a Frei debilitado, justo al iniciarse el período oficial de campaña, franja televisiva incluida. Así se entienden los esfuerzos por marcar presencia en las zonas donde antes la encuesta lo mostró débil, presencias que incluyen visitas de ministros y aun de la Presidenta. Un cuadro de nerviosismo en que la sorpresiva decisión de Tironi de marginarse (sólo asesorará ahora la franja televisiva) sugiere la subsistencia de conflictos largamente larvados en el comando. Respecto de la CEP, y justamente por el impacto del sondeo, Enríquez hace el juego contrario al de Frei: disminuir cualquier expectativa.
La hora del contralor. Dice que la próxima semana se pronunciará sobre una primera presentación de la Alianza que cuestiona actuaciones de algunos ministros, pero las señales dadas ahora por el Gobierno plantean un desafío mayor, a la luz del instructivo emitido por Ramiro Mendoza en septiembre. Allí se fijó como principio que los funcionarios públicos pueden expresar opiniones, pero no —en el ejercicio de sus funciones— llamar a votar por un candidato. Cuando con insistencia las más altas autoridades señalan la importancia de continuar con las actuales políticas, afirman que Frei es quien las encarna y cuestionan, en los puntos de prensa de sus actividades oficiales, a los rivales de éste, a lo menos se sitúan en el filo de tal instructivo... más aun si por su parte los activistas del comando piden el voto en los puerta a puerta en nombre de la Presidenta. Complejo también es el caso de un acto masivo con funcionarios públicos, tanto por su organización y convocatoria (con la pregunta abierta de si ésta efectivamente se realizó fuera de las horas y recursos laborales) como por la voluntariedad real de los asistentes. Pero el tema de fondo va más allá de la letra de un instructivo o de alguna situación casi anecdótica, como la del subsecretario Aleuy retirándose del acto en San Miguel en auto fiscal: se trata de la necesidad de garantizar ya no sólo la neutralidad del aparato estatal, sino la dedicación efectiva del gobierno a sus tareas.
Piñera también desafiado. Su propio hijo dice que, a lo menos entre los jóvenes, ganarle en segunda vuelta a Marco es un desafío complicado. Ya se ha señalado la tesis de que, enfrentada la Concertación a una derrota en primera vuelta, se apresurará en ordenarse (de lo que ya dan luces Pepe Auth, Ricardo Núñez y hasta el actor Francisco Reyes) para impedir un triunfo de la Alianza en el balotaje, en contraste con el carácter más autónomo de los votantes marquistas en el escenario inverso. El punto es que Piñera diseñó su estrategia definiendo a Frei como el adversario que vencer, y ahora debe estar preparado también para una segunda vuelta con un Enríquez que reclama para sí la bandera del cambio y que por sus características (hijo del establishment oficialista pero crítico de éste; defensor de clásicas demandas de la izquierda, pero también de propuestas económicas liberales, y con notable capacidad comunicacional) representa un blanco particularmente huidizo. Así, para el hombre de la Alianza es clave asegurar desde ya las fuerzas con miras a ese escenario, lo que implica construir lealtades que le garanticen que los candidatos al Congreso (todos, derrotados o ganadores) continuarán trabajando por él post diciembre; aprovechar el potencial de sus alcaldes, y cuidar la relación con la UDI, cuya participación efectiva en el comando se ha ido en la práctica reduciendo progresivamente.
Guiño rojo. Siguiendo una línea iniciada el año pasado (cuando los invitó a La Moneda tras la municipal) la Presidenta se reunió con la directiva del PC en Palacio, sugerente forma de respaldar el pacto del oficialismo con ese sector, clave para los intentos de la Concertación por mantener su mayoría. El gesto, sin embargo, no ha servido hasta ahora para contener las movilizaciones sociales con dirigentes comunistas en rol protagónico.