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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 25 de Septiembre de 2009
Desde mi pantalla

No tengo una pantalla privilegiada. Tengo una pantalla cualquiera y miro las cosas en mi calidad de ciudadano de a pie, sin compromisos y tratando de evitar prejuicios o parcialidades. Mi rincón es tranquilo, a pesar de los rumores lejanos del centro de la ciudad, y me permite pensar con calma y reaccionar de un modo natural, quizá un tanto anticuado. Un amigo poderoso le ha dicho a otro amigo, no menos poderoso, pero que vive, para mal de sus pecados, en el barrio El Golf, que ahora es necesario trasladarse a vivir al otro lado de los cerros, por esos caminos perdidos, en la precordillera. He visto a generaciones enteras huyendo del centro, rematando hasta las escupideras de sus abuelos, tocando los faldeos de los Andes y rebotando. Alguien me dice que se ha comprado un edificio colonial en Colchagua y que piensa trasladarse con camas y petacas. Yo, como cantaba el poeta, me río y me sonrío. Y sigo en el barrio donde nací, sin alterarme.

Primera impresión personal: esos candidatos actores están demasiado preparados, demasiado maquillados. Más que seres humanos, parecen muñecos de una nueva especie: la de los muñecos políticos. Hablan con suma seriedad, tratan de convencernos, mientras los rasgos faciales, bajo capas de cremas y de ungüentos, se les estiran o se les contraen. Si hubiera entrado en ese escenario, no habría permitido que me pintaran en forma tan exagerada. Al fin y al cabo, los técnicos del espectáculo no son los que deciden. Si decidieran, habría que votar por ellos, y dejar a los candidatos en la condición de mascotas o de estandartes. Los más naturales, los menos prendidos con alfileres, me parecieron mejores, no por ideas sino por presencia: Jorge Arrate, cuyo pelo blanco hacía contraste con las mejillas sonrosadas y que se permitía, por lo menos, decir un chiste, y Marco E.O., que se tomaba las preguntas en forma un poco menos dramática, menos profesoral, con un poco más de soda, a la manera de Jorge Alessandri Rodríguez. Además, intentó en algún momento ME-O acercarse a la política de lo posible, a una campaña de promesas financiadas, y eso, en ese contexto, me pareció oportuno. En cualquier caso, sentí que el debate, dentro de sus limitaciones, no estaba del todo mal. Y conste que he visto en mi vida no pocos debates.

Los de la campaña de Barack Obama, que seguí de cerca en Chicago, en el barrio de la universidad, a fines del año pasado, contrastaban con éste del miércoles por su cortesía, por la marcada consideración por los adversarios, por una cultura democrática auténtica, no impostada. Por lo demás, en las campañas norteamericanas y en la mayoría de las europeas no se excluye nada, no se oculta nada. Si alguien hubiera tenido un tema comparable al de las compras de acciones con información privilegiada, lo habría sacado a relucir con la mayor virulencia. Así lo hizo Eduardo Frei, con sólidas razones, pero mis conclusiones fueron más bien inciertas: no sé si Piñera perdió algo o si Frei ganó con la escaramuza. Más bien sentí que ambos habían dejado pasar una oportunidad interesante. Si Piñera nos hubiera dicho que había malas prácticas en el mundo de los negocios, que él mismo había incurrido alguna vez en ellas, pero que había decidido abandonar los negocios para dedicarse de lleno al servicio público, y que se proponía combatir esas prácticas, limpiar, modernizar esos mundos, en beneficio, justamente, de la economía del país y de las propias empresas, se habría anotado un poroto. En otras palabras, habría demostrado decisión y franqueza, lo cual implica, dicho sea de paso, un poco de grandeza, elemento que sin duda brillaba en todo el debate por su ausencia. Y a Eduardo Frei, cuando Sebastián Piñera le echó en cara lo de las inversiones suyas, le faltó claridad para responder de inmediato y en forma seria, tajante, segura. Podemos esperar, entonces, que los debates futuros sean mejores, y que el formato general sea un poco más flexible.

Tampoco pensé que esta idea de invitar a los asientos del público a los amigos fieles y a los miembros de la familia sea muy adecuada. Los debates electorales son de interés nacional, son episodios que comprometen el futuro y que tienen un significado histórico. Esos aplausos y grititos de la claque, de los amigos, de la parentela, estaban fuera de lugar. ¿Por qué no invitar a políticos, economistas, historiadores, intelectuales, a ocupar las butacas del público, sin preguntarles sus preferencias? ¿Por qué no permitir que tres o cuatro personas del público hagan una pregunta, o que las manden por escrito? Algo se hizo en este aspecto, pero fue bastante rígido, más o menos acartonado. Entrego, por ejemplo, aunque sólo sea para información y reflexión, un detalle personal. Me tocó estar en Francia durante la campaña de Sarkozy y fui invitado a participar en un debate de la televisión abierta, entre músicos, escritores, pintores, sobre el tema. Era un chileno de paso, pero los organizadores, en contacto con mis editores, sabían que sigo las cosas de Francia con interés, que conozco algo de la cultura del país, y que la intervención mía podía tener algún sentido. Sólo cito esto como un ejemplo de libertad, de apertura mental. Al lado mío, en el escenario, aparte de algunos colegas franceses, había un marroquí, una irlandesa de lengua bastante áspera, un senegalés, un cubano. Ya ven ustedes. Y no doy el ejemplo para que me inviten a escuchar de más cerca el próximo debate. En mi televisor de tamaño regular, de plasma, lo seguí de manera inmejorable, sin la menor necesidad de estar sentado al otro lado de los cerros, con un vaso de “bon vino” en la mano, y después me puse a leer las cartas de Gabriela Mistral a Doris Dana. Llegué a la conclusión de que se desprende de ellas un retrato desabrido, dramático, profundo, de Chile, un cuadro que no debería ser ajeno a un debate serio de campaña, pero esto ya es harina de otro costal y no tengo espacio ni tiempo para desarrollarlo.


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3 Comentarios publicados
Posteado por:
Patricia Cecilia Jarpa Merino
01/10/2009 19:21
[ N° 1 ]

Como siempre Sr. Edwards excelente su columna.
Lo sigo hace algún tiempo gracias a mi padre que es un gran lector y que ya tiene 87 años.
Me encantan sus comentarios y como introduce a los distintos temas.
En relación a esta columna, dos comentarios: Ojalá invitaran a itelectuales, políticos, gente común y corriente a los debates y no a la parentela de los políticos o amigotes que ya se están arreglando los bigotes para los futuros puestos que podrían acceder. Eché de menos temas relacionados con la mujer en especial, generar leyes para lograr más flexibilidad laboral con nuestro género o simplemente llegar a la maravillosa idea como la es en otros países, de optar por trabajar medio día en buenas empresas como profesional y así compatibilizar la crianza de los hijos o simplemente optar por hacer algo totalmente distinto en la otra mitad del día. Eso sería ser INNOVADOR creo yo? y plantear en un debate IDEAS, no ofertones como siempre. Ya que tanto se ha hablado de reforma laboral, cualquier candidato que hubiese tomado esta idea, se habría anotado un poroto y muuuuchos votos femeninos. Que falta de visión y empatía, cómo no se les ocurre algo tan necesario para los tiempos de hoy y valorado.
Este "debate" estuvo muy falto de ideas y parece que eran casi todos muy sordos, porque nunca contestaron o debatieron, a excepción de MEO y un poco el Sr. Arrate que sin ser partidaria de sus ideas, me sorprendió.
A mi como tambièn a otro de sus seguidores me encantaría que comentara sobre las cartas de nuestra olvidada Gabriela Mistral y tambièn me gustaría que diera su visión de por qué los jóvenes no se inscriben, no votan. Yo que tengo 40 hermosos años, tengo mi opinión al respecto, pero antes me gustaría saber la suya...Le parece tema para una próxima columna?
Saludos cordiales,

Posteado por:
Wilberio Mardones
29/09/2009 14:54
[ N° 2 ]

Apoyo a la Lapolla.
Como no tengo estomágo para aguantar un debate presidencial a la chilena (no lo tengo para ver tele, vaya), también creo que el intelecto del Sr. Edwards debiera reservarlo para temas de mayor trascendencia.
Voto por que comente el reciente premio a Vargas Llosa, su ensayo sobre el gran Onetti...

Posteado por:
Vicente Antonio Lapolla senler
25/09/2009 16:30
[ N° 3 ]

Estimado don Jorge, sus lectores esperamos su opinión de lo que quizá sea lo más interesante de la columna: las cartas de doña Gabriela Mistral.

Saludos cordiales.

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