Será una elección diferente.
Si a nivel presidencial la irrupción de Marco Enríquez-Ominami ya generó un escenario inesperado, ahora la inscripción de las listas parlamentarias plantea un cuadro inédito y parece desmentir la crítica de que el sistema binominal inhibe la competencia o la limita sólo a disputas entre compañeros de nómina. Esta vez los dos grandes bloques, pero en particular la Concertación, aparecen desafiados por otras dos listas (la formada por partidarios de Enríquez y la que integran el MAS de Alejandro Navarro y el PRI de Adolfo Zaldívar) con posibilidades ciertas de elegir congresistas, y por postulantes independientes que cuentan, al menos, con fuerza suficiente para añadir incertidumbre al resultado. Esta es precisamente la novedad: en parlamentarias anteriores también ha habido «descolgados» y candidaturas paralelas, pero nunca con este potencial de amenaza.
Una mirada somera no sólo muestra que en una quincena de distritos los candidatos alternativos podrían incidir de modo sustancial en los resultados (ya sea impidiendo o facilitando doblajes), sino también que, a lo menos, seis de ellos —Alejandra Sepúlveda en San Fernando, Alvaro Escobar en Estación Central, Pedro Araya en Antofagasta, Marcelo Trivelli en Villa Alemana, Miodrag Marinkovic en Punta Arenas y Pedro Velásquez en Coquimbo— parten con opciones serias. En cuanto a los senadores, en cinco de nueve circunscripciones este fenómeno puede ser determinante, y figuras
La situación —sujeta a que los postulantes pasen los filtros del Servicio Electoral y susceptible de evolucionar según
Cálculos frustrados. Aquí, tal
La revancha de Adolfo. Finalmente no inscribió su candidatura, pero el pacto que logró su PRI con el MAS y con el caudillo Jorge Soria lo mantiene como actor relevante. Con una fórmula parecida a aquella que le permitió en la municipal de 2008 —esa vez, en alianza con Chileprimero— lograr un sorpresivo 7,5% y elegir alcaldes en municipios importantes, su lista muestra absoluta heterogeneidad doctrinaria (de ex UDI a ex socialistas) y recoge a muchos que abandonaron sus colectividades, molestos luego de que éstas no los proclamaran. Jaime Mulet —presidente del PRI y candidato por Atacama— adelanta que su partido no apoyará ahora a ningún presidenciable, pero esperan ser decisivos en la segunda vuelta, aunque la misma diversidad de la lista hace dudosa su real influencia sobre ese electorado.
Ira con Marco. Los partidos que lo apoyan (humanistas y ecologistas) inscribieron una nómina, Nueva Mayoría, que contradice lo anticipado por el candidato, en cuanto a que no obstaculizaría la elección de comunistas ni posibles doblajes de la Concertación, y además les pone competencia a diputados oficialistas cercanos a Enríquez. El y su comando intentan explicar la situación diciendo que Marco no tiene lista, sino estrategia parlamentaria, y que respaldará a varias figuras oficialistas cercanas a sus ideas, y hasta de derecha liberal, como también a algunos nombres de Nueva Mayoría (como Carlos Ominami o Trivelli). Pero, además, la decisión de que el diputado marquista Alvaro Escobar busque la reelección en Estación Central, donde postula el presidente
El pasado pesa. El diputado díscolo también se vio en aprietos al tener que explicar dichos suyos de 2003 y 2004 en que afirmaba que ser chileno era para él “una tragedia” y cuestionaba símbolos patrios. El episodio motivó un jocoso proyecto de acuerdo en la Cámara pidiendo para él la nacionalidad italiana. En una de aquellas entrevistas señalaba además su desafección hacia la entonces candidata Michelle Bachelet, en claro contraste con su discurso actual, en que reivindica ser el verdadero continuador de la Presidenta.