Garretón, Oscar Guillermo
Cuando supe que Edgardo Boeninger había muerto, hice a un lado la columna que escribía para hoy. Era sabida su enfermedad, pero cuesta aceptar estos desenlaces. Cuesta imaginar la política sin él, que en su estilo discreto, casi
Releo su entrevista de ayer y me detengo en sus palabras finales que hoy suenan a despedida, casi a epitafio que nos dejaba, en su afán de cuidar hasta el último detalle:
“Sólo puedo decir que nunca levanté la mano para pedir un cargo, no hice zancadillas y jamás argumenté a mi favor. Las cosas llegaron sin un plan determinado. Así fue antes y así será más tarde”.
Esas líneas reflejan muy bien su forma de acercamiento a la política. Nunca buscó los brillos ni los reconocimientos, y rehuía la exposición pública. Conozco pocas personas como Edgardo, capaces de hacer convivir en sí mismos el poder y el desapego a él; la contundencia en el diseño y gestión práctica de la política, con la más absoluta ausencia de vanidad.
Toda su ilusión estaba puesta en el lanzamiento de su segundo libro, a fines de este mes. El mismo lo definió como su “último trabajo”, consciente de que el tiempo se le acababa. Tanto,
Sus ideas-fuerza hoy son compartidas por muchos.
Su foco en la gobernabilidad. Su convicción en una política de acuerdos, de competencia no confrontacional, con consensos básicos de nación, si queremos prosperar. Su firme creencia en la necesidad de trabajar por una mayor equidad, tanto por los pobres,
En fin, al revisar sus ideas y sellos marcando los años de la transición, constatamos que siguen vigentes. Las democracias no se construyen de una vez para siempre, pero hay verdades que hacen a su
En estos momentos, donde todo un ciclo histórico está terminando, sus ideas para gobernar ganan fuerza, sea quien fuere el que lo haga el 2010. Agreguemos la importancia que siempre tendrá en política esa capacidad tan suya para cuestionar los lugares comunes y decirlo sin ambages, si su mente analítica así lo concluía. Al igual que su sentido práctico, su rigor para la gestión pública, su sentido de urgencia y el consiguiente desagrado con lo que consideraba pérdidas de tiempo. Todos rasgos que lo transformaron en un notable realizador y constructor de acuerdos.
Por lo que se anticipa, su libro será una muestra más de su desapego personal para pensar
Edgardo Boeninger es de los grandes políticos que ha tenido
Me despido entonces de Edgardo. Que su cuerpo descanse en paz, pero que sus ideas y estilo sigan vivos en la política nacional.
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Posteado por: Rubèn Josè R. Maturana Maturana 15/09/2009 10:15 [ N° 1 ] |
Como siempre, estimado gurù Oscar Guillermo, tù tienes toda la razòn, ojalà los polìticos actuales demostraran un poco de la filosofìa de Edgardo Boeninger, por el bien de las futuras generaciones. Pero mentes sobresalientes como la de èl y la tuya, parecen tener muy poco eco en nuestros salvadores de hoy dìa. Larga vida y toda clase de felicidad para ti y familia, que la rueda de la fortuna llegue para Chile. Saludos Rubèn Josè R. |