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Vial, Gonzalo


Vial, Gonzalo
Martes 18 de Agosto de 2009
¿Iglesia “devaluada”?

Una encuesta de marcas (!) e instituciones indica un “importante deterioro en la imagen de la Iglesia chilena”. Ha provocado varios análisis, la mayor parte venidos de personas que —por respetables motivos— están incómodos con la Iglesia.

Todas dicen cosas parecidas. Por ejemplo, un conocido y reputado experto estadístico, en la revista Sábado del 8 de agosto, cree que está “fallando... el diálogo de la Iglesia con su pueblo”, por la “excesiva concentración” que su “discurso oficial” pone “en los temas de la moral sexual”. Ejemplo: “la fatigosa discusión de la píldora del día después y el aborto terapéutico”. Echa de menos “una voz de ayuda y guía para los conflictos de las familias en un país en que dos de cada tres niños nacen fuera del matrimonio tradicional... ¿Qué ofrece la Iglesia a esta mayoría de seres «irregulares»...?”. Halla sin embargo el analista “señales recientes al interior de la Iglesia (que) dan esperanzas sobre el futuro”. Una, la encíclica papal Caritas in Veritate. Otra, “la voz de importantes autoridades eclesiales, como la del cardenal Carlo María Martini”, pidiendo reformar “la enseñanza tradicional sobre el control de la natalidad, el celibato, la relación de la Iglesia con las familias divorciadas”.

Las apreciaciones anteriores muestran, creo, desconocimiento de lo que la Iglesia cree ser su naturaleza, su papel y su mensaje. Obviamente, esto solamente obliga y es oponible a los católicos. Pero los demás no pueden pedir que —para complacerlos— la Iglesia se comporte fuera de esa convicción, que dura ya veinte siglos

El punto de partida de la Iglesia es la divinidad de Cristo, y que éste vino a salvarnos a través de su encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección. «Salvarnos» consiste en que lleguemos a compartir la vida de Dios, lo cual exige del hombre seguir a Cristo. Y seguir a Cristo no significa encandilarnos emocional o sentimentalmente con él —aunque puede suceder y no es negativo en sí mismo—, sino obedecer sus mandamientos, seguir el modelo de conducta humana que plantea en el Nuevo Testamento. ¿A qué fin, si no, lo hubiera formulado Cristo? ¿Sería indiferente cumplirlo o no, para entrar con él a la vida divina?

Ahora bien, Cristo ya no nos acompaña físicamente, y desde que nos dejó se necesitaba —como se sigue necesitando hoy— alguien con potestad para declarar y aplicar esos mandamientos suyos en los nuevos tiempos y a las nuevas circunstancias. Cristo no habló, v.gr., de globalización, ecología, desarrollo sustentable, bioética, etc. —¿cómo podría haberlo hecho?—, pero su mensaje conductual se aplica a dichos temas, tan contemporáneos, porque vale para TODA conducta del hombre.

La entidad con MAGISTERIO para declarar y explicitar el mensaje de Cristo hasta que vuelva fue efectivamente fundada por El, quien le confirió esa atribución, según señalan los libros neotestamentarios. Es la Iglesia Católica de hoy, cuya continuidad con la de Cristo resulta históricamente indiscutible. Por lo demás, las otras religiones cristianas no reivindican el magisterio ni aceptan exista ninguno.

El Concilio Vaticano I, el siglo XIX, definió los precisos requisitos y procederes para dejar establecido QUIENES , COMO y EN QUE MATERIAS (exclusivamente de fe y de moral), dentro de la Iglesia, podían ejercer el magisterio suyo, que para los católicos es el de Cristo.

Esta larga digresión resulta indispensable para entender que el «discurso oficial» de la Iglesia no se guía por encuestas, ni por el favor mayoritario de un momento, ni por opiniones particulares —aunque sean “importantes”—, sino por el magisterio que a ella y sólo a ella toca, y que ha declarado acorde a sus propias reglas.

En la Historia, no son pocas las veces que los fieles, de hecho, se han apartado masiva o cuando menos significativamente del magisterio de la Iglesia, y ella —sin embargo— no ha podido dejar de proclamarlo. Porque, según entendía, un silencio suyo hubiera negado el mensaje de Cristo. Habría sido fácil y en apariencia exitoso no tocar ciertas llagas... pero era moralmente imposible para la Iglesia. Algunos ejemplos:

1. Durante medio siglo, desde León XIII (Rerum Novarum) hasta Pío XI (Quadragesimo Anno), la Iglesia difundió su «doctrina social», el mensaje de Cristo aplicado al funcionamiento de la sociedad, y en particular a las relaciones de empleadores y trabajadores, y derechos de estos últimos. Los pontífices siguientes continuarían haciéndolo.

En Chile, un sector importante de patrones católicos, imbuido de liberalismo, resistió sordamente, los años ’30 y ’40 del siglo pasado, la «novedad» de las primeras encíclicas sociales. Cuando el arzobispo de Santiago, José María Caro, recordó, citando Quadragesimo Anno, el derecho de los campesinos a sindicalizarse, fue criticado enérgicamente por ese sector (1939). Y de hecho no habría aquí sindicatos campesinos sino en 1967.

Mas no sólo los patrones resistían la doctrina social de la Iglesia. La Izquierda la acusaba de «amarilla», «apatronada», por defender la libertad de afiliarse o no al sindicato (fue el mayor cargo que hizo a la ASICH, del Padre Hurtado). Unicamente el sector campesino, al constituir el año 1967 sus sindicatos, tuvo libre afiliación. No menguó ella la efectividad de éstos. Posteriormente, la presidencia Pinochet generalizó la libertad sindical (1980). Hoy pocos la discuten. Y ningún patrón católico, el derecho a sindicarse. La Iglesia tenía razón.

2. Durante el régimen militar, la Iglesia fue inalterable y enérgica defendiendo los derechos humanos, a comenzar por el primero y más esencial, el de vida. Los católicos partidarios del régimen, en general, no fuimos suficientemente decididos para apoyar esa actitud de nuestros obispos. Incluso, no raras veces, la criticamos. Nos quedará la inquietud —si no queremos llamarla remordimiento— de nuestra desidia, y de sus graves consecuencias. Pues la Iglesia, de nuevo, tenía razón, aunque esos días pareciera protagonizar una quijotada inútil.

3. ¿Y qué decir de la recién librada y perdida batalla de la Iglesia contra la ley de divorcio?

Dijo que esa ley desvalorizaría y destruiría el matrimonio, y así está sucediendo. Desde su vigencia, las disoluciones planteadas suman más o menos el 50% de los enlaces legales ocurridos en el mismo plazo. Simultáneamente, éstos disminuyen año tras año, a la par que aumentan los hijos nacidos fuera de la institución, hasta alcanzar el porcentaje (66%), raro en el mundo, que anota el mismo artículo que comento. De modo paralelo, crecen vertiginosamente los problemas de abandono del hogar; de pensiones alimenticias míseras y de todos modos impagas; de violencia intrafamiliar por la anarquía parental; de hijos que —desprotegidos— caen en la deserción escolar, los vicios y la delincuencia. Y fracasa de un modo completo, abismante, la «justicia de familia» que (se dijo) obviaría todas estas dificultades...

Tampoco ahora los católicos fueron unánimes para apoyar y ayudar a su Iglesia. Legisladores de esa fe no sólo votaron sino que impulsaron el divorcio, contra el mandato formal y taxativo de Cristo: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Y no faltaron sacerdotes para escribir justificando aquella aberración. Objetivamente, sin embargo, fue peor, por su trascendencia, la postura de la única revista de pensamiento católico que existe en Chile: durante el último y álgido año de discusión doctrinaria y parlamentaria de la ley de divorcio, NO DIJO UNA SOLA PALABRA SOBRE EL TEMA.

Ha de haber sido amargo para la Iglesia ese abandono. Pero debía hablar, y habló. Como en los ejemplos anteriores, el tiempo le dará —ya le está dando— la razón.

El artículo de Sábado que he analizado contiene otras expresiones, arriba copiadas, que confirman el desconocimiento de lo que piensa la Iglesia. Por ejemplo:

A) El debate sobre el aborto terapéutico y la píldora del día después —dice— es “fatigoso” y de “moral sexual”. Pero en absoluto tiene que ver con ésta, sino con el DERECHO A LA VIDA, tan “fatigoso” de discutir como si se aplica los asesinatos de la DINA o la CNI.

B) La Iglesia nada reprocha ni puede reprochar a los nacidos fuera de matrimonio. En rigor, les da mayor acogida y cariño que a otros venidos al mundo en condiciones más favorables. Jamás los ha llamado “irregulares”. La “voz de ayuda y guía para los conflictos de las familias” no ha faltado ni falta a estos niños, pero sin que la Iglesia pueda silenciar que muchos de esos conflictos se relacionan con la falta de matrimonio, con el «emparejamiento» casual y frágil de sus padres, que es responsabilidad de éstos, no de los hijos.

C) La relación de la Iglesia con “las familias divorciadas” admite (supongo) mucha mejora, pero no, desgraciadamente, la que la mayor parte de ellas querría: el reconocimiento eclesial de la disolución del vínculo anterior. Pues el mandato del fundador, vimos, es claro, y el magisterio no puede desconocerlo... digan lo que digan las encuestas.


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4 Comentarios publicados
Posteado por:
John Pichulman Stegman
23/08/2009 19:45
[ N° 1 ]

Para que Vial se informe y pida perdón le recomiendo leer "El saqueo cultural de América Latina", de Fernando Báez. Se encontrará con una iglesia muy activa en el proceso de genocidio étnico en el "Nuevo Mundo", con hartos datos y números, como le gusta. Un verdadero holocausto ocultado por los buenos oficios de historiadores y periodistas. ¿Sabrá Vial sobre el Concilio de Lima de 1583? La historia llega hasta nuestros días, con Bush y el FMI incluidos... y cómo no, el saqueo ha sido económico también.

Posteado por:
Gustavo Larenas Ubilla
20/08/2009 00:42
[ N° 2 ]

Sr Gonzálo Vial:

He leído con placer sus libros sobre Historía de Chile, resultan amenos y entretenidos.
En lo que usted plantea sobre la Iglesia, siento que ella ya se ha equivocado muchas veces a lo largo de su existencia, por citar solo dos casos: Las cruzadas (En que envió a los europeos a combatir en tierra santa, es decir a matar gente que no compartía sus mismas creencias, no por ello eran menos hijos de Dios, se supone que el matar por una causa no es una opción viable para la Iglesia), Las quemas en la hoguera, Giordano Bruno por ejemplo. Las decisiones que llevarón a ello fueron tomadas por la Iglesia, por los hombres que estaban en ella, ¿Se supone que los que están ahora, son mejores...?, probablemente sí, pero
ello no significa que no se equivoquen.
Su posición con respecto a la píldora del día después, no ayuda a la mujer que ha quedado embarazada sin proponerselo, solamente le dice que ya es tarde y que tiene que apechugar, con todo lo que ello implica: Dar a luz, criar, mantener, cuidar a una nueva persona, todo ello por muchos años,
sin tener quizás la madurez y las herramientas para poder hacerlo, no es extraño que muchas veces las cosas no salgan bien, tragedias como las del Tila, el Rucio o el Cizarro lo muestran.

El gobierno con su política respecto a la píldora, es pragmático, al tratar de solucionar el problema pero se encuentra bregando solo contra sus sintomas no contra las causas.

Una vez consumados los hechos, la Iglesia no da una solución práctica, el gobierno busca darla pero ello le lleva a contradecir sus valores con respecto a los Derechos Humanos. ¿Cuál es la solución?.

Posteado por:
Gonzalo Barros
19/08/2009 10:33
[ N° 3 ]

Este artículo tiene la gracia de estar escrito desde la humildad.
Un católico que se dice tal, pone las cosas en su lugar y, al hacerlo, hasta se corrige a si mismo. Es una actitud de la más entera corrección; quien se da cuenta que debe enfrentarse al juicio de Dios, a su porvenir en la vida eterna, no puede andar con "orgullitos" políticos de baja estofa, defendiendo a la Iglesia en aquello que conviene y, atacándola u omitiendo su parecer en aquello que incomoda.
Sucede que los principios por los que actua la Iglesia son trascendetes, inmanenetes y universales:
Trascendentes por que van más allá de la realidad fáctica, se instalan en el espíritu y, desde ahí tejen su trama.
Inmanentes por que no crean la realidad, actuan sobre la realidad ya creada. Al defender la vida, la justicia, proponer la caridad están plantenado algo que ya se encuentra en el corazón del hombre; es una verdad interior a descubrir.
Universales por que son atingentes a los hombres de todas las latitudes sin distinción. Los cambios políticos, económicos, culturales o sociales no suprimen o modifican estos principios, son nuevos escenarios donde ponerlos en práctica.
En resumen, un católico de verdad se enfrenta a la disyuntiva de que el mensaje que ha recibido y debe transmitir, o es completo o deja de ser el mensaje. No hay opciones de catolicismos light, de mentiras acerca de las iniquidades propias o de los semejantes. Se juega la vida eterna y, en el juicio de Dios no hay opciones light, no cabe la mentira, no caben otros dioses.

Posteado por:
juan ignacio espinoza gálvez
18/08/2009 19:47
[ N° 4 ]

Valioso,aunque sumamente tarde el reconocimiento del Sr.Vial de su silencio cuando la Iglesia reclamaba por los atropellos a los derechos humanos,que realizaba el gobierno que el propio sr Vial apoyaba,y del cual participó activamente.
No es posible olvidar el papel que jugó el Sr,Vial en el invento del Plan Zeta,que justificó la pavorosa represión que su gobierno ejerció en esos tristes tiempos.
Tampoco es posible perdonar al Sr Vial su parcial e ideolgizada interpretación de la historia de Chile,tergiversando acontecimientos y ,la mayor de las veces, silenciando situaciones que no acomodaban a sus falacias.
SIN EMBARGO,VALORO SU RECONOCIMIENTO DE SU GRAVE FALTA DE LEALTAD A LA IGLESIA QUE VENERA DESDE UNA PERSPECTIVA TAN CONSERVADORA.Bien venido su arrepentimiento.Más vale tarde que nunca.
Me gustaría que expresara su opinión en relación con el sacerdote Marcial Maciel con la mísma franqueza que criticó a la muy respetable revista Mensaje que tanto iluminó la Fe de los Católicos en esos años.No es suficiente que el Cardenal Errázuriz haya señalado que ese personaje tenía una doble vida.
EL DAÑO OCASIONADO SE HACE IRREPARABLE SIN TESTIMONIOS PERMANENTES DE CONDUCTAS QUE REPRESENTEN AL CRISTO VIVIENTE,de AQUEL que dijo YO SOY LA VERDAD.

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