Vial, Gonzalo
Una encuesta de marcas (!) e instituciones indica un “importante deterioro en la imagen de la Iglesia chilena”. Ha provocado varios análisis, la mayor parte venidos de personas que —por respetables motivos— están incómodos con la Iglesia.
Todas dicen cosas parecidas. Por ejemplo, un conocido y reputado experto estadístico, en la revista Sábado del 8 de agosto, cree que está “fallando... el diálogo de la Iglesia con su pueblo”, por la “excesiva concentración” que su “discurso oficial” pone “en los temas de la moral sexual”. Ejemplo: “la fatigosa discusión de la píldora del día después y el aborto terapéutico”. Echa de menos “una voz de ayuda y guía para los conflictos de las familias en un país en que dos de cada tres niños nacen fuera del matrimonio tradicional... ¿Qué ofrece la Iglesia a esta mayoría de seres «irregulares»...?”. Halla sin embargo el analista “señales recientes al interior de la Iglesia (que) dan esperanzas sobre el futuro”. Una, la encíclica papal Caritas in Veritate. Otra, “la voz de importantes autoridades eclesiales, como la del cardenal Carlo María Martini”, pidiendo reformar “la enseñanza tradicional sobre el control de la natalidad, el celibato, la relación de la Iglesia con las familias divorciadas”.
Las apreciaciones anteriores muestran, creo, desconocimiento de lo que la Iglesia cree ser su naturaleza, su papel y su mensaje. Obviamente, esto solamente obliga y es oponible a los católicos. Pero los demás no pueden pedir que —para complacerlos— la Iglesia se comporte fuera de esa convicción, que dura ya veinte siglos
El punto de partida de la Iglesia es la divinidad de Cristo, y que éste vino a salvarnos a través de su encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección. «Salvarnos» consiste en que lleguemos a compartir la vida de Dios, lo cual exige
Ahora bien, Cristo ya no nos acompaña físicamente, y desde que nos dejó se necesitaba —
La entidad con MAGISTERIO para declarar y explicitar el mensaje de Cristo hasta que vuelva fue efectivamente fundada por El, quien le confirió esa atribución, según señalan los libros neotestamentarios. Es la Iglesia Católica de hoy, cuya continuidad con la de Cristo resulta históricamente indiscutible. Por lo demás, las otras religiones cristianas no reivindican el magisterio ni aceptan exista ninguno.
El Concilio Vaticano I, el siglo XIX, definió los precisos requisitos y procederes para dejar establecido QUIENES , COMO y EN QUE MATERIAS (exclusivamente de fe y de moral), dentro de la Iglesia, podían ejercer el magisterio suyo, que para los católicos es el de Cristo.
Esta larga digresión resulta indispensable para entender que el «discurso oficial» de la Iglesia no se guía por encuestas, ni por el favor mayoritario de un momento, ni por opiniones particulares —aunque sean “importantes”—, sino por el magisterio que a ella y sólo a ella toca, y que ha declarado acorde a sus propias reglas.
En la Historia, no son pocas las veces que los fieles, de hecho, se han apartado masiva o cuando menos significativamente
1. Durante medio siglo, desde León XIII (Rerum Novarum) hasta Pío XI (Quadragesimo Anno), la Iglesia difundió su «doctrina social», el mensaje de Cristo aplicado al funcionamiento de la sociedad, y en particular a las relaciones de empleadores y trabajadores, y derechos de estos últimos. Los pontífices siguientes continuarían haciéndolo.
En Chile, un sector importante de patrones católicos, imbuido de liberalismo, resistió sordamente, los años ’30 y ’40 del siglo pasado, la «novedad» de las primeras encíclicas sociales. Cuando el arzobispo de Santiago, José María Caro, recordó, citando Quadragesimo Anno, el derecho de los campesinos a sindicalizarse, fue criticado enérgicamente por ese sector (1939). Y de hecho no habría aquí sindicatos campesinos sino en 1967.
Mas no sólo los patrones resistían la doctrina social de la Iglesia. La Izquierda la acusaba de «amarilla», «apatronada», por defender la libertad de afiliarse o no al sindicato (fue el mayor cargo que hizo a la ASICH,
2. Durante el régimen militar, la Iglesia fue inalterable y enérgica defendiendo los derechos humanos, a comenzar por el primero y más esencial, el de vida. Los católicos partidarios
3. ¿Y qué decir de la recién librada y perdida batalla de la Iglesia contra la ley de divorcio?
Dijo que esa ley desvalorizaría y destruiría el matrimonio, y así está sucediendo. Desde su vigencia, las disoluciones planteadas suman más o menos el 50% de los enlaces legales ocurridos en el mismo plazo. Simultáneamente, éstos disminuyen año tras año, a la par que aumentan los hijos nacidos fuera de la institución, hasta alcanzar el porcentaje (66%), raro en el mundo, que anota el mismo artículo que comento. De modo paralelo, crecen vertiginosamente los problemas de abandono
Tampoco ahora los católicos fueron unánimes para apoyar y ayudar a su Iglesia. Legisladores de esa fe no sólo votaron sino que impulsaron el divorcio, contra el mandato formal y taxativo de Cristo: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Y no faltaron sacerdotes para escribir justificando aquella aberración. Objetivamente, sin embargo, fue peor, por su trascendencia, la postura de la única revista de pensamiento católico que existe en Chile: durante el último y álgido año de discusión doctrinaria y parlamentaria de la ley de divorcio, NO DIJO UNA SOLA PALABRA SOBRE EL TEMA.
Ha de haber sido amargo para la Iglesia ese abandono. Pero debía hablar, y habló.
El artículo de Sábado que he analizado contiene otras expresiones, arriba copiadas, que confirman el desconocimiento de lo que piensa la Iglesia. Por ejemplo:
A) El debate sobre el aborto terapéutico y la píldora
B) La Iglesia nada reprocha ni puede reprochar a los nacidos fuera de matrimonio. En rigor, les da mayor acogida y cariño que a otros venidos al mundo en condiciones más favorables. Jamás los ha llamado “irregulares”. La “voz de ayuda y guía para los conflictos de las familias” no ha faltado ni falta a estos niños, pero sin que la Iglesia pueda silenciar que muchos de esos conflictos se relacionan con la falta de matrimonio, con el «emparejamiento» casual y frágil de sus padres, que es responsabilidad de éstos, no de los hijos.
C) La relación de la Iglesia con “las familias divorciadas” admite (supongo) mucha mejora, pero no, desgraciadamente, la que la mayor parte de ellas querría: el reconocimiento eclesial de la disolución
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Posteado por: John Pichulman Stegman 23/08/2009 19:45 [ N° 1 ] |
Para que Vial se informe y pida perdón le recomiendo leer "El saqueo cultural de América Latina", de Fernando Báez. Se encontrará con una iglesia muy activa en el proceso de genocidio étnico en el "Nuevo Mundo", con hartos datos y números, como le gusta. Un verdadero holocausto ocultado por los buenos oficios de historiadores y periodistas. ¿Sabrá Vial sobre el Concilio de Lima de 1583? La historia llega hasta nuestros días, con Bush y el FMI incluidos... y cómo no, el saqueo ha sido económico también. |
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Posteado por: Gustavo Larenas Ubilla 20/08/2009 00:42 [ N° 2 ] |
Sr Gonzálo Vial: He leído con placer sus libros sobre Historía de Chile, resultan amenos y entretenidos. El gobierno con su política respecto a la píldora, es pragmático, al tratar de solucionar el problema pero se encuentra bregando solo contra sus sintomas no contra las causas. Una vez consumados los hechos, la Iglesia no da una solución práctica, el gobierno busca darla pero ello le lleva a contradecir sus valores con respecto a los Derechos Humanos. ¿Cuál es la solución?. |
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Posteado por: Gonzalo Barros 19/08/2009 10:33 [ N° 3 ] |
Este artículo tiene la gracia de estar escrito desde la humildad. |
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Posteado por: juan ignacio espinoza gálvez 18/08/2009 19:47 [ N° 4 ] |
Valioso,aunque sumamente tarde el reconocimiento del Sr.Vial de su silencio cuando la Iglesia reclamaba por los atropellos a los derechos humanos,que realizaba el gobierno que el propio sr Vial apoyaba,y del cual participó activamente. |