Vial, Gonzalo
El debate parlamentario sobre la píldora
a) Si ese fármaco puede tener efectos abortivos, y
b) Si en caso de darse la posibilidad abortiva que indica la letra a), cabe que el Estado, sin violar la Constitución y por la vía administrativa: 1. autorice el expendio de la píldora; 2. más complejo todavía, la reparta él mismo a través de sus organismos de salud o municipales, y 3. algo todavía de mayor complicación jurídica, haga el reparto de modo gratuito y secreto.
En todo esto, la Iglesia ha expresado una opinión razonada, y la ha difundido utilizando los medios a su alcance.
Por supuesto, se puede discrepar de ella.
Sin embargo, al plantear, respecto de la materia de la letra b), Nº 2, la infracción a la Carta Fundamental que implicaba ese reparto, la Iglesia ha tenido en definitiva mucho respaldo: el de la Corte Suprema, la vez que se pronunció derechamente sobre el punto; el del Tribunal Constitucional, y el de la Contraloría (regulando la correcta aplicación del fallo de Tribunal). Es decir, han ratificado la tesis católica todos los máximos controles de la legalidad y de la constitucionalidad que existen en Chile... y actuando éstos sin solicitud ni intervención de la Iglesia.
Los obispos no han obligado ni presionado a nadie. Desde luego, por la sencilla razón de que no tienen medio alguno de hacerlo. Sólo se han dirigido a la razón y la conciencia de todos, y especialmente (
Sin embargo, la actitud clara, firme y prudente de la Iglesia Chilena no ha merecido al rector-columnista de El Mercurio una refutación de igual carácter, sino un estallido de ira absolutamente incomprensible. El 5 de junio, calificó aquella actitud de “osadía conservadora y clerical”. También, de pretensión de otorgar al punto de vista católico “fuerza coactiva mediante la ley”, “fuerza de ley”. Y de conferir a la autoridad “poder para guiar las decisiones de todos los ciudadanos”, sustituyendo y suplantando su autonomía —“en esos momentos cruciales de la vida humana”— por lo que resuelva “un puñado de tutores”, violando su “intimidad”, etc., etc.
Observará el lector que la tirada que he resumido carece de sentido común. Si el punto de vista de la Iglesia se tradujera en una ley (el supuesto que irrita al rector-columnista), los adversarios de la misma —él incluido, y actuando en la democracia con la cual se llenan la boca— podrían intentar invalidarla por inconstitucional. Y si no lo obtuviesen... pues, deberían acatar esa ley, por mala que les pareciera, tal
Por lo demás, la Iglesia no ha pedido ninguna ley. La ley la ha propuesto el Gobierno, en la misma línea del rector-columnista. Si el Congreso la aprobase distinta, ¿ese solo hecho la invalidaría?
El 12 de julio, nuestro comentarista vuelve a la carga... ahora contra la cabeza de la Conferencia Episcopal, por haber dicho que algunos “defendían a la Iglesia ante quienes nos arrinconaban (a los obispos) por defender los derechos humanos... (pero) hoy pretenden encerrarla en la sacristía de una fe privatizada”.
“Insólito”, dice el rector-columnista, y no sólo insólito sino “inaceptable”.
¿Por qué? Porque indicaría “la pretensión de que esos puntos de vista sean, sin más, tenidos por verdaderos”, de que se les reconozca “autoridad”. Ello, en vez de hacer la Iglesia “lo que ha venido haciendo hasta ahora: esparcir sus creencias y sus puntos de vista en la esfera de la cultura... medios de comunicación... sus innumerables colegios... seis universidades... y ...audiencias del Congreso”. No puede pretender que dichos puntos de vista “sean, sin más, tenidos por verdaderos”.
Nuevamente, afirmaciones infundadas. ¿Qué ha hecho la Iglesia sino lo que el columnista dice que puede hacer? ¿Cuándo, dónde y cómo se ha arrogado ser “autoridad” civil, o ha pretendido que la sociedad como conjunto acoja “sin más” sus principios?
¿O será que la conducta “políticamente correcta” de la Iglesia consistiría en no hacer olitas, no molestar a gobernantes y parlamentarios con campañas públicas para que se respete la Constitución, sino moverse en sordina, dejando una constancia “educada” de sus puntos de vista, pero sin que se entere nadie, sin llamar al pan pan y al vino vino, ni recurrir a la opinión? ¿Eso pidieron a la Iglesia, durante el régimen militar, los defensores de los derechos humano que no eran creyentes? ¿Les hubiera satisfecho, en ese entonces, una conducta parecida de parte de la Vicaría de la Solidaridad?
Es preciso entender que, para la Iglesia, el derecho a la vida
Pero no nos alarmemos tanto con el rector-columnista. Sus iras apocalípticas y acusaciones al vuelo suelen terminar en nada. Retrocede disimuladamente y se desdice. Lo malo es que lo hace mediante una carta posterior. Pero quizás no la lean todos los fieles de sus flamígeras columnas antecedentes.
Así ha ocurrido esta vez. La carta aparece en El Mercurio del 19 de julio. Y resulta que censura a los obispos, UNICAMENTE, “su pretensión de que ese punto de vista (el de la Iglesia) se reconozca
¡Qué cosa más rara! ¿Que podrían “pretender” los obispos? ¿Que lo que afirman no es correcto ni verdadero? ¿No “pretende” y asegura el rector-columnista ser correctas y verdaderas sus propias afirmaciones... no lo pretende igual CUALQUIERA que haga CUALQUIER afirmación?
Otra cosa es intentar IMPONER al país, sin autoridad legítima, esos puntos de vista. Pero nadie puede acusar a la Iglesia de haber hecho eso. No son “imposiciones” de ella las que han censurado la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional y la Contraloría.
Concluyendo su carta, el rector-columnista supone que el debate sobre la píldora
Un último enigma: ¿por qué la irracionalidad que exhiben estas columnas rectoriales? ¿Cuál es el motivo de un apasionamiento tan desbocado? Creo hallar la respuesta observando el título de una de ellas: «FRAILES en la República» (12 de julio). El autor no puede ignorar que «frailes» no son todos los sacerdotes, sino solamente los religiosos. Pero «fraile» era la forma despreciativa y odiosa que usaban nuestros «clerófobos» del cambio de siglo, del XIX al XX, para referirse a cualquier hombre de Iglesia. En su caso, sin embargo, la disculpa era que los católicos de entonces solían corresponderles con epítetos de parecido calibre. Pero ni católicos ni agnósticos del XXI persistimos en antiguallas tales. El «clerófobo» es una especie en extinción.
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Posteado por: Maria Teresa Quirke Arrau 24/07/2009 18:44 [ N° 1 ] |
La Iglesia esta defendiendo un derecho natural primario, consagrado ampliamente en la Constitucion, cuando en su articulo 5 inciso segundo señala que la soberania reconoce como limitacion los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana, y vaya que es esencial la vida! |
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 22/07/2009 17:28 [ N° 2 ] |
ESPECIE EN EXTINCION... LUEGO, ESPECIE PROTEGIDA |
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Posteado por: Gonzalo Barros 22/07/2009 16:32 [ N° 3 ] |
Un lúcido comentario sobre las tesis de quienes se han convertido en incansables enemigos de la Iglesia. |
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Posteado por: Hector Araya 22/07/2009 12:52 [ N° 4 ] |
Toda la razón Sr. Aguirre, esta píldora ni siquiera debiera ser vendida, de esta manera el Estado sería consecuente con su posición frente a los DDHH, partiendo por el Derecho a la Vida. De hecho, en los abortos inducidos la ley debiera castigar a la mujer como asesina. El problema acá es que al plantearse su distribución a través de Ley, es la sociedad la que autoriza su uso como parte del bien común y quedamos a un paso de legalizar el resto de las formas abortivas, que en su extremo justifican matar al feto hasta cuando esta a punto de nacer, desmembrándolo. Este no es un tema de la Iglesia Católica, aunque ella loablemente participe activamente en lo que considera correcto. Es un tema de moralidad y lógica de todos nosotros donde no caben doble estándares, más aún para defender a quién no tiene ni una posibilidad de defenderse. Creo que debiera haber una modificación a la Constitución indicando que los derechos como persona empiezan en la fecundación que sería un ejemplo para un mundo tan lleno de doble estándares. |
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Posteado por: Herman Aguirre Ayala 22/07/2009 09:27 [ N° 5 ] |
Extraño lo de Don Gonzalo, YA HAY un fallo del TC que solo prohibe la distribución por parte del estado, pero NO PROHIBE SU VENTA. Por eso me parece extraño sus puntos a y b. Mas bien inexplicable.El expendio en farmacias NO ESTA PROHIBIDO. |
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Posteado por: jorge gonzalez feliu 21/07/2009 19:17 [ N° 6 ] |
Don Gonzalo Vial |
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Posteado por: Elque Lee Las Columnas 21/07/2009 18:51 [ N° 7 ] |
Buenísimo don Gonzalo... los farsantes que quieren hacernos creer que la Iglesia está mponiendo su propia postura, son nada más que eso, unos farsantes. Si la píldora es abortiva, es inconstitucional, y si no lo es, entonces no es inconstitucional, sin perjuicio de que sea moralmente mala. No es como dijo el rector-columnista en sus furiosas, y consiguientemente irracionales críticas, un debate acerca de la autonomía de nadie, sino un debate de si s debe o no se debe respetar la vida del que está por nacer, que es tan ser humano como nosotros, sólo que con menos edad. Pobres alumnos UDP, que tienen que leer sus columnas hasta en el examen semestral. A ese paso, no creo que el país progrese. |
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Posteado por: Jose stein cuadra 21/07/2009 18:47 [ N° 8 ] |
Sólo dos cosas: Vial ocupa a la Constitución como base de la legalidad, suponiéndola legitima en su orígen y representativa de nuestra sociedad.Qué util recurso cuando es sabido que su principal mentor era un católico recalcitrante y que su promulgación ocurrió en dictadura. Segundo, llama la tención la nula referencia a la sociedad que se rige por esa normativa y la posición mayoritaria frente a este asuntillo. Ah, y una última, que útil para Vial el caracter insular de nuestro país, así evita cualquier análisis comparado que nos situe como la republica fundamentalista de chilistan, y muy a pesar de sus propios habitantes. |