Edwards, Jorge
Edwards, Jorge
Viernes 17 de Julio de 2009
Los burros de la Plaza de Santa Ana
Julio María Sanguinetti dice que Chile es el país que más ha cambiado, en el sentido de su desarrollo moderno, de su ingreso en el siglo XXI, de toda América Latina. Sostiene que el cambio chileno es comparable, guardando las proporciones, al de la España del posfranquismo. Después de la muerte del general Franco, la España democrática ingresó en el ritmo de Europa, en su atmósfera intelectual, económica, política, en forma sorprendentemente acelerada. En el Madrid de los años cincuenta, todavía llegaban pastores con sus cayados y sus rebaños a los alrededores de la calle Princesa o del Paseo del Pintor Rosales. No era raro, en aquellos tiempos relativamente recientes, encontrar burros en los abrevaderos de la Plaza de Santa Ana. Y en el Santiago de Chile de entonces, que el Presidente Sanguinetti conoció al acompañar a su padre a una reunión del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, había carretelas arrastradas por el centro de la ciudad por caballos flacos, y góndolas con racimos de pasajeros colgados de las pisaderas. Llega, sin embargo, nuestro amigo uruguayo al Santiago moderno de ahora, con sus rascacielos, sus buses de última generación, sus restaurantes y sus tiendas de lujo, sus hoteles internacionales, y comprueba, no sin sorpresa, que todo el mundo está irritado, enojado, en estado de furia y de reproche permanente. A pesar de que nos ha ido bastante bien, de que no tendríamos mucho derecho a quejarnos.
Se va Julio María Sanguinetti, notable observador del mundo latinoamericano contemporáneo, dos veces Presidente del Uruguay, acompañado de su esposa, historiadora, escritora, que suele discrepar de las observaciones de su marido o matizarlas en forma amable, y nosotros, los chilenos, continuamos con nuestra riña acerba y eterna, con nuestra guerra fría. La Presidenta Bachelet insinúa de pasada, de la manera más suave que uno se podría imaginar, que las situaciones de militares condenados por atropellos a los derechos humanos podrían examinarse caso a caso, dentro del contexto de los indultos que se decretarán con ocasión del Bicentenario, y se arma de inmediato la batahola. No hay que modificar nada, examinar nada, perdonar nada. A este respecto, me permito sostener lo siguiente. No se puede pasar por alto ningún atropello a los derechos esenciales de las personas. Entre otras razones, para evitar que esos abusos se repitan en el futuro chileno y de toda la región. Pero existe, en cambio, la necesidad de examinar más a fondo algunos casos e incluso, para todos, tirios y troyanos, la de comprender. Y hay un factor histórico que tenemos que tomar en consideración, y no por olvidar, por hacer la vista gorda, sino, precisamente, por lo contrario: por espíritu auténtico de justicia. Porque algunas de las personas más condenadoras de hoy son personas que en el pasado, en su juventud, creyeron a pie juntillas, con sectarismo, contra viento y marea, en ideologías, como el estalinismo, como el marxismo-leninismo en la versión particular de José Stalin, que guardaban en sí mismas un núcleo peligroso de violencia: que preconizaban, de hecho, la conquista del poder en forma violenta y, más que eso, su mantención, su preservación, con métodos policiales, secretos, igualmente violentos. ¿O me van a decir ustedes que los relatos sobre la Stasi alemana, o sobre el GULAG soviético, son invenciones del capitalismo internacional? Salvador Allende tuvo el mérito personal extraordinario de querer alcanzar sus fines políticos y sociales por medios pacíficos, democráticos, pero no todos sus partidarios lo seguían en esta filosofía. Esto último es un hecho comprobado por centenares de testimonios. La tendencia a la confrontación, a exacerbar la lucha de clases, se imponía en forma abrumadora por encima de todo ánimo de consenso, de colaboración, y, para desgracia del país, este fenómeno ocurría en ambos extremos del espectro político.
Digo estas cosas, que en general no se dicen, aunque probablemente están en la mente de muchos, y me siento como el gran cronista del siglo XIX español, Mariano José de Larra, que firmaba alguno de sus textos con el seudónimo de “El Pobrecito Hablador”. Escribo o trato de escribir sin la menor autocensura, en este país tan libre y, a la vez, tan vertiginosamente inclinado a censurarlo todo, y siento que soy el pobrecito hablador, y que pago y tengo que seguir pagando las consecuencias de hablar en esta forma. Salgo a la calle, me encuentro con un amigo de juventud que sigue fiel a las ideas y a los entusiasmos de su juventud, hombre de reflexión, de cultura, y me dice sin agresión, pero con algo de pesar: te leo siempre, con gusto, pero te encuentro cada día más momio. ¿Por qué, le pregunto: porque razono, porque trato de ir un poco más allá, porque digo lo que pienso? Y agrego: ¿no conoces, tú, que conoces el teatro universal y tantas otras cosas, la vieja epístola de don Francisco de Quevedo, que entre nosotros, entre nuestros asustadizos compatriotas, debería enseñarse en los colegios: “No he de callar por más que con el dedo / ya tocando la boca, ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”? Mi amigo respondió que sí la conocía, aun cuando se le había olvidado un poco, y siguió su camino rumbo al oriente de la calle Merced moviendo la cabeza, como si se hubiera encontrado con un caso perdido.
Sigo con los comentarios de Julio María Sanguinetti y de Marta, su mujer, amigos míos desde hace décadas y personas de formación sólida, que practican el hábito de la lucidez entre gentes en su enorme mayoría confusas. Llego a la conclusión de que la democracia tiende a consolidarse en nuestro continente. Con una o dos excepciones, tenemos gobiernos que han sido elegidos en elecciones libres, legales, normales. Sin embargo, la democracia es un problema de cultura general y de cultura especial, cívica, y a cada rato queda a la vista que fallamos por ahí. En Francia, por ejemplo, ninguna norma legal impide la reelección continua de los gobernantes, pero a nadie se le ocurre aspirar a la presidencia vitalicia, o torcerle la nariz a la legislación para conseguir ese fin tan enfermizo y poco deseable. Y el sistema parlamentario inglés, consuetudinario, no discutido en forma relevante, es sólido porque las mayorías ciudadanas inglesas son sólidas, maduras, esencialmente gobernables. Aquí, a la primera, un presidente elegido, con chambergo panameño o sin chambergo, trata de manipular el sistema para convertirse en pequeño y ridículo emperador de por vida, bolivariano, mussoliniano, lo que sea. Sanguinetti, que viajó a Chile desde Costa Rica y que se acababa de reunir con el Presidente Oscar Arias, nos cuenta que ninguno de los diputados de su partido defendió a Manuel Zelaya durante la votación del Parlamento de Honduras que lo destituyó de su cargo. Es decir, hemos llegado a tener democracias, gobiernos elegidos, en casi todas partes, pero sin conciencia democrática de fondo, sin verdaderas tradiciones políticas, sin convicciones republicanas auténticas.
Deduzco algo más: que en la América de orígenes portugueses y españoles de estos días, orígenes mezclados, mestizos, europeos e indígenas, los espacios grandes tienden a consolidarse, a navegar mejor en este siglo XXI, y los pequeños entran con relativa facilidad en problemas. Brasil cumple con cuatro períodos de gobierno, los dos de Fernando Henrique Cardoso y los dos de Lula da Silva, con éxito, crecimiento, solidez interna y notable presencia internacional. En México, después del período peligroso que siguió a las elecciones presidenciales últimas, la presidencia de Calderón se ha estabilizado. Hasta el triunfo electoral reciente del PRI es una demostración de solidez interna, ya que vuelve el PRI, protagonista de la antigua “dictadura perfecta” (para citar a Mario Vargas Llosa), y no pasa nada, no hay peligro alguno de retroceso institucional. Sanguinetti considera un pésimo precedente que el Presidente Alvaro Uribe consiga reformar la Constitución colombiana y hacerse reelegir. Estamos en completo acuerdo. Tenemos que evitar a toda costa que la fiebre de las presidencias vitalicias se convierta en pandemia. Parece que la conciencia cívica latinoamericana, frágil, amenazada, pende siempre de un hilo. El único compromiso político, intelectual y moral grande, válido, consiste en defender esa conciencia en todos sus aspectos, a toda costa. No existe otro. Lo demás, aunque andemos irritados, enojados, hablando a ladridos, tirándonos tomates podridos, es un detalle. Por desgracia, eso sí, los burros desaparecieron de la plaza madrileña de Santa Ana, pero parece que continúan vivos, rebuznando con fuerza, en el paisaje mental nuestro.
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6 Comentarios publicados
Posteado por:
carlos kinast feliú
20/07/2009 16:32
[ N° 1 ]
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Los burros y las burras están en la Plaza de la Constitución y en el Congreso Nacional.
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Posteado por:
Vladimir Neira Sierra
20/07/2009 07:02
[ N° 2 ]
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El burro de Santiago,Nunca había leído tantos comentarios de política en que este autor solo hace referencia a los tiempos de la Guerra fria. Esta carga que lleva este burrito es tan pesada que ya no se la pude sacar de encima.Lo pésimo de todo es que es el mismo autor quien esta encerrado en su propio pasado y no los demás. Ud esta siempre criticando a los gobierno progresista y poniendo ejemplos de los presidentes que han sido elegido democraticamente por el pueblo. !!Es el siglo XXI.Señor Edwards.!! Si el pueblo los elije de nuevo es por que el pueblo esta feliz con su gobernante, Olvidése de la Guerra fria, ponga ejemplo de las masacres que ha hecho EE UU en el mundo desde que nació la Guerra fria hasta el día de hoy. Hay millones y millones de atropellos y masacres que ha cometido EE UU y la CIA en el mundo. Mucho mas de lo que ha cometido Stalin, La Stasi o el GULAG.Su crítica y su cobardía de no criticar al imperio me hace pensar en su caracter cobarde.De tener esa crítica de siempre es causa de no cambiar su foto de su comentario por una actual.Vivir del pasado con una foto ya vieja, es negar al presente y al futuro. Saquese esa carga.
V. Neira
Holanda
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Posteado por:
Fernando Osvaldo Castillo Sandoval
19/07/2009 21:40
[ N° 3 ]
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Hola Edwards!!
Si no leiste lo que escribió Anamaría Arón en El Mercurio, no te lo pierdas y leelo, junto con lo que tu comentaste de los Burros de la plaza Santa Ana se puede
juntar material didáctico para tratar de entender el comportamiento Histórico de los compatriotas, cosa nada facil, Y creo que para el bién de las futuras generaciones se debería de cuidar de montar una comisión multidisciplinaria para estudiar lo que pasa por la cabeza del "ser" Chileno, la derecha podria financiar estos estudios, así conocerian al fin sus propias deficiencias y sabiendo mas sobre el pueblo Chileno mejoren su rendimiento el las elecciones, talvez no sea tan difícil y solo precise aplicar el Método Científico.
también Freud puede explicar y mucho! El viejo y buén sexo coloca una sonrisa en el rostro mas duro!
Saudades y Saludos de Fernandão Chileno!!
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Posteado por:
juan eleuterio díaz núñez
18/07/2009 22:42
[ N° 4 ]
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CHILE BICENTENARIO, Y EL RE-ENCANTAMIENTO DE LA UTOPIA.
Jorge Edwards es un gran escritor, desafortunadamente,
cae en una temática a mi juicio muy menor, sin las perspectivas de universalidad a que nos tiene acostumbrados.
Se hace ver el vacío de una verdadera, de fondo, comprensión del humanismo postmoderno, y del Post-humanismo con sus Utopias del andrógino, de esa magia
poética, como recurso de un idealismo objetivo, esa misma magia natural y poética que se hace tecnologia nanológica y clónica.
¿Que hay de todo esto el Chile local, refugiado en un
largo y profundo bostezo de ira, de resentimiento, de quienes simplemento no pueden, no quieren, ni saben soñar?
Si seguimos recursiva y pertinazmente "resistiendo" la Globalización como intrinsecamente perversa, si vemos el ordenamiento sacrificial, de sublimado canibalismo, de la decadencia posmodernista, COMO EL UNICO ORDEN POSIBLE, si seguimos mamando del terror al caos, del horror al vacio, del miedo a soñar, para evitar la pesadilla autocumplida de nuestras tragedias, NUNCA seremos un Pais, o un Pueblo, postmoderno, seremos simplemente "la copia feliz" de algo, pero no seremos nosotros mismos.
Eso de Gulags, de golpes y asonadas, de carreras en la noche de cuchillos largos, de vias armadas deconstruidas,
y de pueblos originarios de la tierra, y otros, originarios del cielo, eso de la flauta que por casualidad hace sonar el burro, y eso de ser de derecha o de izquierda, suena a FARSA colectiva.
Yo, en lo personal, no soy de izquierda: soy de adentro,
al fondo, y ABAJO.
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Posteado por:
Mario Juvenal Ramos Peña
18/07/2009 10:15
[ N° 5 ]
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Creo que, finalmente, la sabiduria y la experiencia diplomática hacen su efecto, en nuestro ilustre y destacado escritor, Señor Edwards, decir las cosas por su nombre y vivir el mundo real, ¡total algo es algo!
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Posteado por:
r rojas
17/07/2009 20:16
[ N° 6 ]
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nosotros los chilenos somos unas personas bien especial, nos gusta ver el vaso siempre medio vacio, siempre nos quejamos, hace treinta años viaje de santiago al sur en tren y nuevamente repeti ese viajes hace poco, y si hemos progresado; por cada pueblo que pasamos vi un pais diferente al que observe a finales de los 70, Un chile moderno grato para vivir. pero quien destaca eso. aqui me sale lo recentido,los medios de comunicacion en maos de sus amigos momios,solo destacan lo negativo de una noticia o un hecho, cuando lanzan la idea de indultar a los milicos por sus crimenes, que hacen, reflexionan sobre el tema, no corren donde la madre(padre) o la hija(o)de un detenido desaparecido y le sacan una cuña. no es eso pervercion, mal intencion. y seguimos yo vivo en un barrio donde no se a producido un asalto(nunca) o un robo en años, pero mis vecinos viven cagados del susto. de donde sacan sus miedos, de los medios de comunicacion.entonses este pais no mejorara sus heridas, mientras no se enseñe en las aulas positivismo y etica responsable.
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