Señora Directora:
En su carta de ayer, el alcalde Labbé me fustiga por mi columna “Pinochetismo-Chavista” publicada el miércoles en este medio. Lo comprendo. Me telefonearon mis escasos amigos pinochetistas para insultarme por haber comparado al “
Sólo quiero contarle al señor Labbé que tengo 29 años y por mis venas no corre militancia ideológica ni revanchismo. Que soy hijo sobrealimentado
Cuando tenía diez años las fotos de Pinochet adornaban mi pieza. Pero ya no creo en buenos y malos. Por lo mismo, escribo con honestidad y rigor sobre un hecho indesmentible, salvo para los fanáticos: que ninguno de los personajes en cuestión acepta de buena gana a quienes piensan distinto, que ambos se sienten llamados a una misión superior, y que en el camino a ese destino utilizan medios que atentan contra la libertad. Esta es una palabra que en nuestra Escuela de Gobierno se aprecia mucho. Según el señor Labbé yo hago una comparación absurda donde sale perdiendo Pinochet. Menos mal que no dije nada respecto a que desaparecer personas no se compara con cerrar un canal de televisión. Sobra indignación y falta espíritu autocrítico en las líneas de mi contradictor.
Cristóbal Bellolio, UAI