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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 05 de Junio de 2009
La tentación latinoamericana

La prohibición de la reelección, al menos en teoría, en principio, no es un elemento esencial de la democracia. Llega un experto en estas materias y nos explica que en Francia, cuna de la democracia liberal que conocemos en los tiempos actuales, los jefes de Estado pueden ser reelegidos muchas veces. Lo que ocurre allá, de hecho, es que el electorado, después de uno o dos períodos presidenciales, siempre opta por el cambio de persona, aun cuando no necesariamente por el cambio de la formación política gobernante. Me acuerdo ahora de una de las consignas que se repetían más, con más estridencia y mayor pasión, en el París de mayo de 1968, el de la rebelión de los estudiantes: ¡Diez años, basta ya! Eran, se entiende, los diez años del general Charles de Gaulle. Y a pesar de su endiosamiento, de su condición de mito viviente, de su calidad de héroe indiscutido de la Segunda Guerra Mundial, los electores prefirieron que se apartara y que hubiera un gaullismo sin la persona del general.

El problema nuestro es otro. El problema es que aquí no estamos en Francia sino muy lejos de su vieja cultura y de sus tradiciones republicanas. En alguna medida, la no reelección de los jefes de Estado, después de cumplir uno o dos períodos de gobierno, es un invento constitucional latinoamericano, una norma destinada a impedir que los caudillos militares o los héroes populares se transformen al cabo de un tiempo en dictadores. Me parece que el único país donde el sistema funcionó durante todo el siglo XIX, hasta la guerra civil del año 91, fue Chile. El sistema se aplicó después en el México del siglo XX, pero con un partido hegemónico, el PRI, y con elecciones presidenciales aseguradas, dentro de aquello que fue definido en una oportunidad como “la dictadura perfecta”. Nos aseguran hoy día que la democracia está terminando por imponerse en toda América Latina, que hay elecciones libres y libertades democráticas en países donde antes no se conocían ni de vista, que la situación de México cambió en forma radical, que en Paraguay ya no existe y parece que no podría existir un Doctor Francia o un general Stroessner, que en América Central el ambiente político ha mejorado mucho, etcétera, etcétera.

Pues bien, debo declarar que no soy tan optimista y no estoy tan convencido. Una Constitución política que permita la reelección indefinida es concebible y aceptable en países donde existen libertades sólidas, bien arraigadas, que forman parte de la cultura nacional. Pero aquí, en nuestro sufrido y vapuleado continente, donde ya inventamos una “dictadura perfecta” y hemos tenido que soportar otras bastante imperfectas, estamos en vías de instalar en algunos lugares, en medio de la mayor indiferencia, una combinación perversa: la reelección indefinida acompañada del control más estricto de los medios de comunicación. Ni los chinos, con su famoso capitalismo autoritario, han conseguido crear una trampa política más invulnerable. Con el control de la prensa escrita, de la televisión, de la opinión pública, los jefes de Estado del estilo de Hugo Chávez o de Evo Morales encuentran la posibilidad de ser reelegidos hasta el fin de sus días. Tendríamos, entonces, dictaduras con orígenes electorales, es decir, vagamente justificadas y legitimadas: otro engendro nuestro, otra producción desgraciada de nuestro “realismo mágico”.

A mí me parece que el deseo de libertad es una aspiración humana profunda, capaz de dar sorpresas de cuando en cuando y en los lugares más inesperados. Si no fuera así, no podríamos entender fenómenos como el plebiscito chileno de 1988 o como la caída repentina, no prevista ni anunciada por ningún experto, del Muro de Berlín. Estoy seguro de que algo pasa en el interior de Venezuela que no podemos captar desde aquí, así como algo pasa en la vida interna y secreta de Cuba, cuyo gobierno, probablemente, por precaución, por prudencia, va a optar por no salir a respirar los aires de la OEA, por muy formales e inofensivos que sean. Lo que ocurre, eso sí, es que la historia es de una lentitud exasperante, y la tendencia a la complicidad, a la indiferencia, a la vista gorda, hace que sea todavía más lenta. Celebro, por eso, que Mario y Alvaro Vargas Llosa, Joaquín Lavín, Jorge Quiroga, Jorge Castañeda y todos ellos, hayan ido a Caracas a protestar en las barbas mismas de Chávez. El presidente bolivariano y radioadicto chilló, protestó, amenazó, y al final de todo ese ruido no hizo nada. Me imagino que los venezolanos inteligentes, de cultura democrática, y son muchos, tomaron buena nota de este blufeo bullicioso y perfectamente vacío.

El vigésimo aniversario de los sucesos de Tiananmen ocurre en otra parte, en otro contexto cultural, pero confirma justamente dos de mis afirmaciones anteriores: la lentitud de los procesos históricos, en contraste con el carácter universal del deseo de libertad de los seres humanos. He leído muchos textos sobre el episodio y me quedo con una descripción de un reportero norteamericano que se encontraba en la Plaza, entre los estudiantes que protestaban, ese 4 de junio de hace exactamente veinte años. Cuando las tropas comenzaron a disparar, ese corresponsal de una agencia de prensa norteamericana retrocedió despavorido y se escondió detrás de unas columnas. Cesó la balacera y el centro de la Plaza se vio lleno de jóvenes heridos y de cadáveres. Nadie, al comienzo, se atrevía a auxiliar a las víctimas. Y de repente, desde los costados, gradualmente, los conductores de Ricksaws, vehículos de dos ruedas impulsados por un hombre en bicicleta, empezaron a avanzar, frente a los tanques y a las tropas formadas, en un silencio impresionante, a recoger a los heridos y a llevarlos a toda carrera a los hospitales más cercanos. Fue una muestra espontánea de solidaridad y un acto de una valentía extraordinaria. Pues bien, esos conductores de Ricksaws, héroes anónimos de nuestro tiempo, todavía están en alguna parte. Uno podría pensar que la China rica, tercera potencia económica del mundo actual, podría darse ya el lujo de una apertura política de la que tuvo miedo hace veinte años. ¿Por qué no?

Escuché anoche al Presidente Lula da Silva en una entrevista de la CNN en español. Tuve la impresión precisa de que el Brasil de hoy, con su seguridad económica conquistada, con su nueva estabilidad, nos hablaba con una voz razonable, inteligente, conciliadora en el orden interno, claramente respetuosa de los plazos constitucionales. Algunos aprendieron en nuestro mundo, me dije, en nuestro Ultimo Occidente, expresión acuñada por un ilustre poeta sevillano de épocas pasadas, pero se diría que otros, por desgracia para sus propios pueblos y para todos nosotros, no van a aprender nunca.


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2 Comentarios publicados
Posteado por:
Vladimir Neira Sierra
07/06/2009 06:50
[ N° 1 ]

La reeleción indefinida esta en la constitucion de varios paises Europeos,la tenemos en España, Francia,Alemania y en otros paises mas.F.Gonzales estuvo gobernando España 14 años.Nunca se hablo de dictadura perfecta.Khol en Alemania estuvo 16 años en el poder.Tampoco se hablo de dictadura perfecta.Además hay monarcas que fueron designado por dictadores sanguinario,como es el caso de España.Y eso para Ud” Europa es la cuna de la democracia”.Chavez ganó la elección para postularse indefinidamente,ahora los neoliberales como Ud habla de dictadura perfecta.La intelectualidad de derecha crea esos terminos para desacreditar una democracia que tiene el respaldo de miles de ciudadano y toma un camino diferente a la democracia de libre Mercado que tanta desigualdad y pobreza ha traido a Latinoamerica.Falta de respeto para un pueblo y su democracia.Si Chavez fuera dictador no dejaria entrar al país a esa manga de zángano que en lugar de venir hablar sobre su ideología vienen a provocar al pueblo de Venezuela y a su Presidente. Los dejo que hablaran y protestaran todo lo que quisieran. En lugar de protestar alimentaron mas el odio entre el pueblo Venezolano.Además los medios de comunicación de derecha siempre acompaña a estos abusivos en incitar mas odio,rencor e invitan al enfrentamiento entre todos los Venezolanos. Esa libertad de expresión no la quiero y deseo Jorge que me respete porque quiero otra libertad de expresión.Mi libertad de expresion distinta a la suya: Estar cerca del pueblo,de la participación democrática, respeto por los derechos humanos,criticar sin groserías a un gobierno,ser objetivo y no manipular el cerebro con mentiras a un pueblo.El MERCURIO lanzó al pais en el abismo cuando asesinaron a miles de Chilenos por ejercitar el odio entre nosotros. Esa no es Libertad de expresión.Dejemos que el pueblo decida el destino del pais y no ejercer el odio.Esa intelectualidad de derecha y la oligarquía ha hecho bastante daño a latinoámerica en difundir odio y golpes de estado.
En Holanda gano la derecha xenófoba porque los partidos gobernantes se dedican mas al libre Mercado y propagar el neoliberalismo que escuchar a las demanda de sus pueblos.Chavez tiene razón
V.Neira
Holanda

Posteado por:
felipe balmaceda larrain
05/06/2009 19:48
[ N° 2 ]

una radiografia perfecta de la realidad americana

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