Aunque es natural que los presidenciables intensifiquen su labor en terreno mientras se desarrolla el trabajo de campo de la encuesta del Centro de Estudios Públicos, sorprende que hasta decisiones políticas claves permanezcan pendientes y supeditadas a ese sondeo. Explicitándolo, el senador PS Carlos Ominami incluso definió tal estudio como una «primaria» que puede determinar el rumbo tanto de la opción de Marco Enríquez-Ominami, su hijo, como el ordenamiento final en la Concertación. Si bien otros no son tan categóricos, sí hay coincidencia en que los números del CEP también serán importantes para la candidatura oficialista, empantanada por las discrepancias entre sus colaboradores y que (además de ser considerada “deslucida” por The Economist) acaba de recibir un misil: las afirmaciones de Enríquez-Ominami de que a una parte de la Concertación le tienta reemplazar a Frei por Andrés Velasco.
Los efectos políticos de otra cifra (el desempleo, que ya llega a 9,8% a nivel nacional y a 10,1% en el Gran Santiago, y que por la metodología de la medición, que el INE no ha querido aún modernizar, va rezagada de la realidad) también inquietan, y llevaron a la ministra del Trabajo a una gaffe histórica: su sugerencia de que la gente evite salir a buscar empleo para no presionar el mercado laboral. Por ahora, sin embargo, la crisis sigue sin generarle costos de imagen al Gobierno y aumenta la popularidad de la Presidenta, objeto de calurosas recepciones en su gira a Holanda y Francia. Claro que los problemas internos de su coalición (y en particular la situación de Enríquez-Ominami y de su padre) sí repercutieron en el viaje, motivando discusiones en su comitiva.
Justo en la línea de flotación. Aunque la posibilidad de que Velasco entre en carrera ha sido rechazada por el Gobierno y él mismo, el que se haya planteado da cuenta de problemas en la campaña de Frei y de dudas sobre sus opciones. Peor aún, neutralizó el efecto de las señales de apoyo al candidato que el ministro más popular del gabinete venía entregando luego del 21 de mayo. A ese ruido se sumó el de los conflictos entre el comando (donde ya se prevén reacomodos y cuyo funcionamiento preocupa a la coalición) y el equipo programático Océanos Azules, uno de cuyos integrantes criticó el estilo agresivo impulsado por el director de comunicaciones, Pablo Halpern. El encuentro de ayer entre el coordinador del comando, Sebastián Bowen, y Pablo Ruiz Tagle, de los Océanos, terminó sin superar las divergencias, mientras el propio candidato, si bien intensifica sus salidas, no logra poner la agenda. En ese cuadro, un resultado débil en la CEP (proyectada para mediados de junio) puede ser devastador..
Opción por el continuismo. Bowen, «la cara del recambio», se reunió con Ricardo Lagos, para comprometerlo a mayor participación en la campaña. La cita expresa una opción: pese al discurso de renovación, apostar a la continuidad. Aunque la valoración de Bachelet y la existencia del voto duro concertacionista avalarían tal estrategia, el acercamiento a Lagos significa asumir no sólo sus activos como líder, sino también el lado menos luminoso de su legado (desde el caso MOP-Gate hasta su rol en el Transantiago), con los costos que ello implica. Ese paso revela además cómo, tras la irrupción de Enríquez-Ominami, aquel voto “duro” (y en particular el del sector progresista) es hoy territorio en disputa.
Las tentaciones de Marco. Pese a que le propinó fuertes golpes a Frei (y se embarcaron en una discusión donde el senador le atribuyó populismo y no tener equipos, y él respondió acusándolo de confundir equipos con cuoteo y de no ser popular), también fue pródigo en gestos concertacionistas: desde afirmar que su adversario es Piñera, hasta descartar una lista parlamentaria propia (aunque ahora el PPD Girardi propone un pacto que incluya a sus seguidores, el PRI y el MAS). Marco parece moverse en una encrucijada: insistir en su carácter díscolo o, al comprobar cómo ha prendido su opción, transformarse en el candidato «B» de la Concertación, incluso con aspiraciones de pasar a segunda vuelta, aun con el riesgo de «institucionalizarse» y perder su atractivo original. Escenario este último que supone alcanzar tarde o temprano entendimientos con Frei y el establishment oficialista que hasta ahora ha rehuido, y donde, más allá de alusiones que hablan de coincidencias, los acercamientos programáticos no son sencillos. De nuevo, aquí puede ser decisiva la CEP, si confirma su avance o lo relega a lo testimonial. Ese resultado, además, podría incidir en la decisión del PS de admitir a Ominami padre en su lista o dejar que vaya por fuera.
Dolores de cabeza para Piñera. Pese a su favoritismo, episodios como el ser insultado ayer por un grupo de concejales sugieren debilidades en sus equipos, incapaces de evitar exponerlo a tales situaciones. Un problema más de fondo se insinúa con la virtual decisión de Joaquín Lavín de ser candidato en la V Costa: Piñera pierde —al menos parcialmente— a su principal colaborador UDI y se agudiza la competencia entre ese partido y RN. Aunque ella debería aumentar la votación del sector, si se desborda el efecto puede ser contraproducente para el abanderado y su oferta de gobernabilidad. Por último, los dichos políticamente incorrectos de Carlos Larraín, a propósito de Bachelet y Ana Frank, abrieron gratuitamente una polémica sobre la Alianza y los derechos humanos, y obligaron a Piñera a marcar distancia con el presidente de su propio partido. Por cierto, también al candidato puede ayudarlo el efecto CEP: si lo muestra manteniendo amplia ventaja, tendrá mayor capacidad de maniobra para ordenar a su sector.