Edwards, Jorge
Algunos lectores se sorprenden cuando toco asuntos relacionados con esto que se llama la contingencia. Creen, me imagino, que un escritor es una persona que vive en contacto directo con las estrellas. Hubo pensadores de la antigüedad que se dedicaban a escudriñar el cielo y que tropezaban a cada rato con objetos tirados en la tierra. Uno de ellos, mientras estudiaba los astros, se cayó a un pozo y quedó lleno de magulladuras. Es posible que los intelectuales, poetas, hombres de pensamiento, hayan adquirido fama desde entonces de distraídos, ajenos a los trajines de este mundo. Pero la especie literaria es diversa, heterogénea, difícil de clasificar. Si hablara de hombres de letras que tuvieron que ver con la política, con la economía, con los negocios, la lista sería interminable. Para citar un par de ejemplos, Edward Gibbon, el autor de Decadencia y Caída del Imperio Romano, fue ministro de finanzas del Reino de Inglaterra y pedía que le llevaran el despacho a su biblioteca particular, detalle que no impedía en absoluto que las cifras estuvieran bien ordenadas, y el ensayista Michel de Montaigne, uno de los mejores cultivadores de la lengua francesa (para mi gusto y el de muchos otros), fue un eficiente alcalde de la complicada y revoltosa ciudad de Burdeos.
Todo lo cual no implica que me compare con Gibbon, el maravilloso historiador, o con Montaigne, uno de los grandes sabios del siglo XVI europeo, profundamente admirado por don Francisco de Quevedo, quien se refería a él como “el hombre de la Montaña”. Me atrevo a opinar, sin embargo, como cualquier hijo de vecino, sobre la curiosa y más bien confusa contingencia política chilena. La metáfora del termómetro, a propósito de la irritación del comando de Frei frente a la encuesta de La Segunda y la Universidad del Desarrollo, se hizo popular y hasta demasiado repetida. Si estoy enfermo, no es culpa del termómetro. Yo habría mencionado, más bien, el sofá de don Otto: si mi mujer me pone los cuernos en el sofá principal de la casa, la solución no consiste en vender el sofá.
Hasta hace poco, mi impresión, desde mi observatorio particular, me llevaba a pensar que los errores y las divisiones de la oposición ayudaban a la Concertación, y viceversa. En las últimas semanas, sin embargo, me parece que la Concertación sigue confundida y que la oposición, que empieza a sentir la posibilidad cierta y cercana del triunfo de su candidato, se ordena y consigue unirse. El congreso reciente de la UDI fue una prueba de esta unidad nueva y que parecía muy difícil de conquistar. En estas condiciones, se hace evidente que ganarle la elección a Sebastián Piñera va a ser, como dijo Camilo Escalona, una tarea complicada, que exigirá enorme constancia, inteligencia e imaginación. Siempre, claro está, que Piñera no ayude a sus adversarios con reflexiones de tan mal gusto como las que hizo a propósito del accidente de la hija de Andrés Velasco. O que no entre en un nuevo arrebato adquisitivo de acciones con información privilegiada.
La aparición súbita del fenómeno de Marco Enríquez-Ominami en la política nacional me ha parecido interesante. La he seguido con una sonrisa, con una buena dosis de diversión, aunque sin la menor tentación de correr a matricularme, inclinación que he podido observar de reojo en alguna gente cercana. Marco tiene genes políticos en diversas ramas de su familia y sus primeras intuiciones han sido certeras. Pero el paso de la intuición inicial a la que sigue más adelante no me ha parecido tan seguro. Presentó todo un programa de gobierno, con una rapidez que nadie le pedía, y algunos de los puntos son obviamente discutibles. ¿Por qué, por ejemplo, privatizar el diez por ciento o el cinco por ciento de algunas de las grandes empresas públicas? Podría tener alguna ventaja, pero habría que explicarla con total claridad, en forma contundente, convenciendo al mayor número de personas. Salvo que haya estado mirando las estrellas, como Tales de Mileto, no he visto esa explicación en ningún lado. Además, si entra en coalición con los ambientalistas, tendría que exponerles a los mortales comunes, entre los cuales me cuento, sus planes con respecto al presente y al futuro energético del país. Tenemos que encontrar un equilibrio, y no es imposible encontrarlo, entre la defensa de la naturaleza y el desarrollo de las sociedades humanas. No creo que la solución consista en volver a las cocinas de leña y las velas de sebo. Dado el aumento de la población, las cocinas primitivas y las chimeneas tradicionales podrían terminar con los árboles de nuestra geografía, que también forman parte de la naturaleza. Recomiendo, en esta materia, la lectura de las prosas de Luis Oyarzún en defensa del árbol. No sé si nuestros ambientalistas criollos se habrán dignado leer esos textos de antología.
En resumen, el programa de Enríquez-Ominami es una mezcla de liberalismo con social-democracia moderada. Los políticos profesionales de la Concertación no tienen buenos argumentos para acusarlo de ser un programa “de derecha”. La Concertación misma, después de conocer de diferentes maneras el drama de los socialismos reales del siglo pasado, ha seguido orientaciones muy parecidas, moderadas y graduales. Es, precisamente, uno de sus grandes méritos. El gobierno de Ricardo Lagos, en alguna medida, y aunque no se diga, fue una alianza tácita entre el empresariado y un socialismo reconvertido, transformado en reformismo social. Michelle Bachelet ha puesto un énfasis mayor en la protección de los sectores débiles de la sociedad, pero sin abandonar en ningún momento la ortodoxia económica, como lo muestra su permanente respaldo al ministro de Hacienda. Pienso, por mi parte, que el programa de Marco pudo insistir, más que en una ínfima privatización, en la autonomía de las grandes empresas estatales, en su manejo profesional, no politizado y no sometido a cuoteos de ningún tipo.
Todos sabemos que las primarias de la Concertación fueron insuficientes, poco abiertas, demasiado burocráticas, y esto hizo que la candidatura de Eduardo Frei no partiera en la forma mejor. La candidatura de Enríquez-Ominami fue una consecuencia quizá inevitable, y el efecto de sorpresa, la novedad del caso, tampoco fueron recibidos con inteligencia y con tacto por el comando freísta. Pero ahora en Chile tenemos segunda vuelta en elecciones presidenciales, y a veces, por el hecho de haber vivido y haber trabajado en países que conocen la segunda vuelta desde hace mucho rato, me pregunto si hemos llegado a entender el sistema en todos sus matices y sus posibilidades. La aparición de Marco, a lo mejor, en definitiva, ayuda a Eduardo Frei. Y a lo mejor lo destruye. No tengo todavía una respuesta clara. Sigo, pues, en mi observatorio marginal, contemplando los cambios otoñales de los árboles del Santa Lucía, y me refugio en mis viejos clásicos, acompañados por uno que otro paréntesis en la novela contemporánea. Terminé un Coetzee, leo El resto es silencio, perdí en alguna parte un libro de relatos breves de Sebald, una bonita historia de la familia de Napoleón Bonaparte en Córcega, y siento curiosidad por los nuevos ensayos de Kundera, que colaboró con la policía política checa antes de huir de la antigua Checoslovaquia. Ya ven ustedes. No tengo un minuto para aburrirme, y la política, al menos como actividad central de la existencia, me parece, en el fondo de las cosas, un tanto deprimente.
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 27/05/2009 12:55 [ N° 1 ] |
ADHENDA: |
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Posteado por: Miguel Angel Fuenzalida Diaz 23/05/2009 14:46 [ N° 2 ] |
Me resulta, por decir lo menos, sorprendente que el fenómeno Enríquez-Ominami le resulte solo interesante, divertido y le provoque solo una sonrisa. Pero no debería sorprenderme tras su incomprensión de los objetivos explícitos en las propuestas de introducir una propiedad minoritaria pero con representación en las empresas públicas citadas. |
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Posteado por: Miguel Angel Fuenzalida Diaz 23/05/2009 13:34 [ N° 3 ] |
Me resulta, por decir lo menos, sorprendente que el fenómeno Enríquez-Ominami le resulte solo interesante, divertido y le provoque solo una sonrisa. Pero no debería sorprenderme tras su incomprensión de los objetivos explícitos en las propuestas de introducir una propiedad minoritaria pero con representación en las empresas públicas citadas. |
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Posteado por: Francisco Javier Aguilera Moya 23/05/2009 12:09 [ N° 4 ] |
Revisando estas comparaciones, por que en chile la politica se ha hecho dependiente de forjar esta clase de comparaciones, quisiera comentar, que la opinion del señor Escalona, el oportunismo de la opinion publica frente a lo que se enuncia, las estrategias mediaticas frente ha este proceso, politicos beneficiados un dia, perjudicados el subsiguiente, en circunstancias en las que se pretende representar una dinamica casi inexistente dentro del sistema de desarrollo comunicacional, por no decir, un desarrollo ficticio,cuyos universos se desconocen por que no son relevantes de mencionar. Nuestra representatividad politica se mide segun minorias. |
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Posteado por: juan eleuterio díaz núñez 23/05/2009 07:35 [ N° 5 ] |
LA FRAGMENTACION DE LA IZQUIERDA. |
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Posteado por: Fernando Osvaldo Castillo Sandoval 22/05/2009 19:23 [ N° 6 ] |
Hola Edwards! |