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Foco político
Viernes 08 de Mayo de 2009
El statu quo bajo fuego

Desde la entrada de Fernando Flores a la Coalición por el Cambio, hasta las complicaciones que vive la Concertación por el auge de Enríquez-Ominami, las principales noticias políticas dieron cuenta de grietas y hasta fracturas en el statu quo. Que un senador que estuvo con Salvador Allende en La Moneda el 11 de septiembre se integre a la campaña del candidato de la centroderecha posee un alto simbolismo, más allá de cuestionamientos e historias personales. Y que, habiendo un abanderado único ya proclamado, vicepresidentes del PS y PPD le expresen simpatía al postulante díscolo, el senador PRSD Nelson Avila vea su candidatura como la única vía de salvación electoral y el mismo ex Presidente Lagos que antes criticó su actitud ahora la destaque como expresión ciudadana que debe ser oída resulta inédito, y deja a las dirigencias partidistas en máximo estrés.

“Marquito” —como despectivamente lo llamó Camilo Escalona— puede terminar siendo un fenómeno pasajero o incluso no reunir las 36.000 firmas que requiere para inscribir su candidatura (aunque sus partidarios también evalúan otras alternativas, incluyendo posibles pactos con partidos pequeños para asegurar que su nombre figure en la papeleta), pero el posicionamiento que hoy ostenta lo hace actor de primera línea y otro símbolo de las demandas ciudadanas de recambio. Ello le ha permitido incluso pasar de la negativa a negociar su postulación, a llamar anoche a nuevas primarias abiertas que lo incluyan.

El aporte de Flores. No está vinculado a la cantidad de adherentes de ChilePrimero o a la votación alcanzada en la municipal (no sólo fue entonces en pacto con el PRI, sino que después ha sufrido deserciones); su gran capital es la propia imagen del senador (y también la de Jorge Schaulsohn) como figuras del ADN concertacionista que ahora —incluso manteniendo críticas a la centroderecha, que consideran “arrogante”— señalan la necesidad de darle “una chance al cambio”. Así, Piñera le da más amplitud a su opción y gana puntos en la disputa por ser el candidato de la renovación política, terreno donde también para él Enríquez-Ominami constituye amenaza. En esa contienda —donde Frei, a su vez, apuesta por las figuras jóvenes de su comando—, el punto fuerte del aliancista es, sin embargo, otro: su oferta de una mejor gestión del aparato público. Un área en que, por otra parte, los dichos de Ricardo Lagos minimizando los casos de corrupción de su gobierno (“dos pesos allí, cuatro por allá”) en muchas personas causaron estupor.

«Establishment» desafiado. Los argumentos paternales de Carlos Ominami para justificar el apoyo a su hijo adoptivo son razonables. El detalle (y lo que marca la fuerza de la opción díscola) es que el senador también es vicepresidente PS y hasta hace poco señalaba la conveniencia de que Marco se alineara con Frei. El presidente PS, Camilo Escalona, vive así un momento complejo: sus detractores lo acusan de haber cerrado el camino al diputado y dejado al partido sin candidato propio, al apoyar al DC Frei, con tres figuras socialistas (también Jorge Arrate y Alejandro Navarro) corriendo por fuera. Las experiencias DC con Adolfo Zaldívar y PPD con Flores muestran contraproducentes las medidas disciplinarias, pero ayer Escalona se pronunció con dureza respecto de las señales de simpatía para el díscolo, llamando a “respetar los compromisos políticos” contraídos con Frei. En el PPD, Guido Girardi y algunos diputados piden acercarse a Enríquez-Ominami y advierten que, si Frei no recoge sus postulados, puede perder al mundo progresista. No puede descartarse que tales inquietudes al interior de la Concertación y la fuerte reacción de las directivas se vinculen, además, a las tensiones de la instalación del comando freísta, en el que los partidos no se resignan a un papel disminuido. Pero el desafío del díscolo no se reduce a cuestionar las decisiones de las dirigencias que proclamaron a Frei; su anuncio de que apoyará candidatos al Congreso enreda la ya compleja negociación parlamentaria con el PC (aunque dice que evitará poner en riesgo ese pacto) y es amenaza directa para figuras del oficialismo, siendo éste tal vez el punto más complejo de manejar por los partidos.

¿Qué hacer? Aunque él dice hoy que el asunto no le preocupa, ése es el dilema de Frei con Enríquez-Ominami. En su comando tienen claro que (pensando en una eventual segunda vuelta) la peor estrategia es la de enfrentarse con él. Así se entiende la actitud aperturista de Océanos Azules, dispuestos a conversar asuntos programáticos, pero el freísmo ve precipitado pactar desde ya el tema del balotaje, estando aún en la incógnita el asunto de las firmas. El punto, además, es que la presión parlamentaria para un entendimiento puede ir en aumento y, si el fenómeno sigue en alza (ya Enríquez-Ominami decidió apoyar a Nelson Avila contra Lagos Weber), el riesgo de desafecciones se hace mayor. Una agudización del problema colocaría, además, a la DC en un escenario imposible, sin lista parlamentaria potente y con un candidato de sus filas al que el progresismo no entrega pleno respaldo: ello confirmaría los temores de todos quienes ven en la izquierda oficialista el ánimo de fagocitar a los democratacristianos.

El gran activo. La Presidenta Bachelet —quien recordó que la coalición “ya definió un candidato”, en una señal a Frei— confirmó su popularidad en nuevas encuestas y su gobierno se anotó un punto importante con el acuerdo pro empleo entre la CUT y la CPC. Así, el manejo de la crisis económica por parte de la Mandataria y el ministro Andrés Velasco se confirma como la gran fortaleza para la opción freísta y para el continuismo amenazado.


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