Edwards, Jorge
Edwards, Jorge
Viernes 03 de Abril de 2009
Retratos imaginarios
Todavía podemos hablar de Shakespeare, de Cervantes, de Franz Kafka y Jean-Paul Sartre. Cuando la cultura chilena se base en encuestas de opinión pública, como parece que han propuesto por ahí, tendremos que cambiar de personajes. Y yo, por mi lado, trataré de emigrar: a otra parte o al otro mundo. Pues bien, hablemos del autor de Hamlet y de Romeo y Julieta mientras todavía sea posible. Leo algunos artículos de la prensa europea y descubro que el día 23 de abril se pondrá en exhibición, en su ciudad natal de Stratford-upon-Avon, un retrato hasta ahora desconocido de William Shakespeare. El dramaturgo, dicho sea de paso, nació un 23 de abril y murió en ese mismo día, al igual que Miguel de Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega. De ahí que el 23 de abril sea el día mundial del libro, celebración que no sé si será permitida por las futuras encuestas.
La historia del supuesto retrato al óleo, recibida en Inglaterra con escepticismo, es curiosa. Un señor Alec Cobbe, restaurador de cuadros, visita una exposición en Londres, En busca de Shakespeare, donde se exhiben varios retratos posibles del escritor, fallecido hace ya cerca de cuatro siglos. Todas las pinturas terminan por ser descartadas, pero una de ellas, de aspecto flamenco, se parece mucho a un cuadro que el señor Cobbe tiene en su casa. Nuestro restaurador y coleccionista entra en acción y llega a la conclusión, después, según él, de largas investigaciones, de que el cuadro de su propiedad es el retrato original, pintado en 1610, cuando Shakespeare se encontraba en el apogeo de su carrera y de su gloria. Cobbe tiene un antecedente familiar que parece apoyar su tesis. Su familia heredó parte de los bienes de Henry Wriothesley, el tercer conde de Southhampton, contemporáneo y mecenas del dramaturgo. Pero aquí viene un detalle adicional, importante, y que demuestra que en todas partes se cuecen habas, incluso en la culta ciudad de Londres. Está dedicado el señor Cobbe, en colaboración con el profesor Stanley Wells, gran especialista en temas shakesperianos, a escribir un libro sobre la amistad entre Wriothesley y Shakespeare, texto en el que intentan demostrar, ni más ni menos, que el poeta y su mecenas fueron amantes. Ya ven ustedes. La insidia póstuma puede llegar bastante más lejos de lo que suponemos.
Miro el retrato, reproducido por el diario francés Le Monde, y la tesis del señor Cobbe no me convence nada. En 1610, el autor de Hamlet tenía 46 años de edad. El personaje de la pintura es muy joven, de buena cara, atildado, afeitado y peinado con esmero, y lleva un ostentoso cuello de encaje y una vestimenta de gran lujo. Según la prensa inglesa, una vestimenta así costaría hoy no menos de siete mil libras esterlinas, alrededor de seis millones de pesos. No me imagino al creador del Rey Lear con el bigote y la barba tan bien recortados, con expresión de joven cortesano afortunado, con un cuello de encaje tan caro y de tamaño tan excesivo. Pero, claro está, las caras no dicen nada, las apariencias engañan en los más diversos sentidos. Lo único seguro, en todo esto, es que mucha gente desfilará delante del cuadro y comprará la narración de los supuestos amores del retratado con el tercer conde de Southampton. Así se escribe la historia y así, con trampa, se venden algunos libros, no todos.
El William Shakespeare histórico siempre ha sido un desconocido, se ha prestado a toda clase de interpretaciones y leyendas. Algunos negaron su existencia y hasta se dijo que su teatro había sido escrito por Francis Bacon, el gran ensayista de su época. De cuando en cuando, a lo largo de la historia de la literatura, encontramos a escritores enigmáticos, rodeados de misterio, inalcanzables en su persona física. La novela póstuma de Roberto Bolaño, 2666, comienza con un grupo de críticos especializados en uno de esos autores enigma. Son cuatro críticos en busca de su escritor y no se sabe si al final lo van a encontrar. Yo, por lo menos, me quedé sin saberlo. Uno de los personajes literarios más desconocidos e interesantes del siglo XIX, por lo menos para mi gusto, fue Isidore Ducasse, que firmaba como el Conde de Lautréamont y escribió los Cantos de Maldoror. No existen retratos suyos de ninguna especie y se sabe apenas que nació en Montevideo, Uruguay, hijo de un funcionario del consulado francés, y que apareció en París, en condiciones casi fantasmales, a los veinte y tantos años de edad. Julio Cortázar escribió un cuento notable sobre los devaneos imprecisos del joven Lautréamont por las galerías cubiertas del sector de la rue Vivienne, detrás de los jardines del Palais Royal. Al final del relato de Cortázar, el poeta de Maldoror, mudo, pálido, nunca nombrado, asiste a una ejecución por la guillotina en un amanecer nublado, siniestro. Después de los Cantos, Lautréamont escribió algunos poemas convencionales y murió de tisis a los 24 años. Si uno lee los Cantos con algo de atención, puede concluir que Isidore Ducasse, esto es, Lautréamont, fue un gran poeta sudamericano en lengua francesa, precursor directo de Herrera y Reissig, de Borges, de Pablo Neruda y César Vallejo. En el comienzo de uno de los Cantos dice que el poeta del fin del siglo XIX habrá nacido en las costas americanas, en la desembocadura del Plata, y habla de los grandes espacios de la naturaleza y de la rivalidad entre Montevideo y Buenos Aires. Era, desde luego, una visión de adolescencia, pero si el poeta murió a los 24 años, sólo podemos definirlo y juzgarlo por su mirada de adolescencia y juventud. En resumidas cuentas, Ducasse, o Lautréamont, fue tan uruguayo como francés, a pesar de que siempre escribió en la lengua de su familia y de su casa.
Todos los pintores relacionados con la vanguardia y con el surrealismo pintaron retratos imaginarios de Lautréamont. Fue una obsesión generalizada. Salvador Dalí hizo un adolescente borrado por la niebla, con el ojo izquierdo lleno de intensidad y el derecho cegado, esfumado. Max Ernst pintó un ser irreal que se confunde con un árbol y con una piedra. Ahora pienso que Cortázar, fascinado siempre por el movimiento surrealista, contribuyó con su cuento de las galerías cubiertas al ejercicio de los retratos imaginarios del autor de los Cantos de Maldoror. Con Shakespeare habría que hacer lo mismo, sin necesidad de inventar ni de falsificar nada. Pero los señores Cobbe y Wells, ingleses de hoy, son más triviales y comerciantes que los surrealistas franceses y que un cuentista de origen argentino enamorado, como buen latinoamericano, de la vanguardia europea.
Agrego un detalle curioso. Después de leer por primera vez, en el París de los años sesenta, el cuento de Cortázar, me dediqué a caminar por la rue Vivienne y sus alrededores. Una placa colocada en un segundo piso me informó que nuestro Simón Bolívar también había vivido en esas callejuelas, justo encima de la entrada de una de esas galerías, algunas décadas antes de que el poeta de la desembocadura del Plata llegara hasta esos parajes.
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6 Comentarios publicados
Posteado por:
Jorge Camposanto Camposanto
13/04/2009 11:55
[ N° 1 ]
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Isidore-Lucien Ducasse o El Conde de Lautréamont desapareció en Paris entre 1870 y 1871. Su única obra fue un texto en prosa poética que tituló Les Chants de Maldoror. No existe ninguna fotografía de él, y casi nada se sabe de su vida. Parece que la policía lo mató en la revuelta de la Comuna de París (18 de marzo al 28 de mayo 1871). Sin quererlo, el entonces oscuro poeta uruguayo/francés, sería el precursor de todo el surrealismo y la vanguardia posterior de aquel ya muy lejano comienzos del siglo XX.
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Posteado por:
juan eleuterio díaz núñez
10/04/2009 20:16
[ N° 2 ]
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FASCINANTE ERUDICION LITERARIA...
No puede ser seguida sino con admiración, y tomando nota, para revisar libros y autores señeros, tejidos de leyenda, que se evanescen
en una historia improbable, pero vividamente real
en un tiempo onirico interno a medias con lo
que revasa toda decibilidad ... como quizás sea el caso de los propios Evangelistas, y del mísmisimo Jesús.
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Posteado por:
Wilberio Mardones
06/04/2009 16:55
[ N° 3 ]
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Son tres los grandes poetas franco-uruguayos: Isidore Ducasse (seudónimo conde de Lautréamont), Jules Supervielle y Jules Laforgue. De muy distintos estro poético: surrealista el primero, inclasificable el segundo, simbolista el tercero. Pero por acá sólo a Ducasse le suelen dedicar artículos. Es más farandulero, supongo. Ahora, efectivamente se conocen retratos suyos, aunque no muchos. Sobre el presunto retrato "verdadero" de Shakespeare, no vale la pena elucubrar. También hay algunos del dramaturgo y poeta ingles, que son suficientes. Lo importante es "ser o no ser", ¿no es así pobre Yorick?
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Posteado por:
Ruperto Barragan Lienlaf
06/04/2009 12:32
[ N° 4 ]
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Se agradecen tanto estos articulos de Jorge Edwards que contribuyen a nivelar hacia arriba el nivel del debate publico, contrariamente a lo que hace la TV abierta chilena y otros medios, por ejemplo.
Sin embargo, me abisma la poca preocupacion y compromiso de este refinado escritor por el alicaido patrimonio nacional, especialemnte arquitectonico, del casco historico de nuestra capital, lugar donde el vive por lo demas.No comprendo por ej la razon por la cual la presentacion de su ultimo libro se efectuo en un lugar tan poco estetico y patrimonial como el hotel "crown plazza"; podria haberlo presentado en la Biblioteca Nacional , en la piojera o en el palacio de la Alhambra de la calle Compañia por ej, que son lugares que necesitan apoyo......En mi modestisima opinion creo que al Sr. Edwards le haria falta comentar y analizar algo asi como esto: La razon por la cual empresarios indios compraron objetos personales de Mahatma Gandhi en un remate internacional para donarlos a su pais y porque en Chile no tenemos empresarios con ese tipo de filantropia cultural....
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Posteado por:
sixto lemus peralta
04/04/2009 17:53
[ N° 5 ]
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Justo,zapatero a tus zapatos, más aún en época de crisis, los maestros chasquillas nunca han tenido buena fama, más vale hacer una bien y no cien malas, más vale estar en su salsa. Dicho sea de paso ántes se decía que las encuestas eran como las minifaldas, en estos días se podría decir que las encuestas son como el colaless ya que muestran mucho pero tapan lo principal. Buenas tardes Don jorge.
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Posteado por:
Rafael Rosende Alvarez
04/04/2009 00:26
[ N° 6 ]
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En internet es posible encontrar un par de imágenes,
fotografías, supuestamente del joven Isidore Ducasse,
o Conde de Lautréamont si uno digita cualquiera
de esos nombres en Google u otro buscador equivalente.
Tal vez, don Jorge Edwards las conozca
y las haya descartado, o probado
que corresponden a otra persona conocida.
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