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Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 27 de Marzo de 2009
La carta necesaria

Leo por ahí que el senador Adolfo Zaldívar, que inicia una campaña presidencial propia, es partidario de restablecer la pena de muerte en la legislación penal chilena. Tengo simpatía personal por Adolfo Zaldívar, pero creo que aquí se equivocó de causa. Los argumentos en contra de la pena de muerte son antiguos, sólidos, diversos, y forman parte de la tradición intelectual de Occidente. No tiene mucho sentido dar marcha atrás en este asunto y no es un buen punto de partida para una campaña política del siglo XXI. Sin ir más lejos, Adolfo, desde la presidencia del Senado, le dio hace poco una distinción al cineasta Miguel Littin, autor de un clásico del cine chileno, El Chacal de Nahueltoro. Todos estuvieron de acuerdo en lo merecido de la medalla a Littin y él fue el encargado de agradecer al Senado y a su presidente en nombre de los cinco o seis agraciados. Pues bien, su película, El Chacal, es uno de los mejores alegatos que se han hecho en Chile en contra de la pena. El autor del crimen era una fiera analfabeta, miserable, enloquecida por su miseria. El hombre que enfrenta al pelotón de fusilamiento, algunos años más tarde, ha estudiado y ha comenzado un proceso de rehabilitación desde el interior de la cárcel. Se ha convertido en un ser humano y tiene escasa relación con el otro, el autor del crimen. Es otra persona, como se dice vulgarmente: la justicia penal obliga a aplicar la pena capital a otra persona, a un criminal rehabilitado en su conciencia y por lo mismo humanizado.

Claro está, la película de Littin plantea también, a su modo, el tema de fondo del castigo. No se debe matar, la muerte del otro no se justifica nunca, pero al mismo tiempo es obligatorio y necesario castigar, y castigar con fuerza. El primer argumento en contra de la pena de muerte, empleado por muchos de los grandes pensadores modernos, es el del valor absoluto de la vida y el de nuestra imposibilidad moral, como seres humanos falibles, de aplicar a nadie la pena última. De aquí deriva el tema extraordinario de la rehabilitación, que atraviesa toda la gran novela y el ensayo modernos desde el siglo XIX. Crimen y castigo, por ejemplo, la novela maestra de Dostoievsky, es la historia de un crimen infame, repugnante, y de su lenta, dolorosa, conmovedora redención. En buenas cuentas, la pena de muerte es condenable porque impide en forma absoluta, irremisible, el proceso de la rehabilitación. En la versión de Dostoievsky, es una pena cuya aplicación impediría la salvación del alma del criminal, lo cual es una condena todavía más cruel que la otra.

Pero hay otro argumento contundente: el de los numerosos y comprobados errores judiciales que se han producido a lo largo de la historia. Hemos citado antes Crimen y castigo; aquí podríamos hablar del viejo Victor Hugo y de Los miserables. El error judicial, la condena injusta, persiguen a Jean Valjean a lo largo de diferentes, terribles, interminables infiernos en vida. Hace poco, me parece que en Inglaterra, salió de la cárcel después de 27 años un hombre que había sido condenado por error. Las pruebas del ADN fueron irrefutables. El violador y criminal al fin de una noche de juerga había sido otro. El condenado se encontraba más o menos cerca del lugar del crimen, pero era perfectamente inocente. Pues bien, es probable que en una etapa anterior de la legislación penal de su país hubiera sido condenado a muerte y ahorcado o fusilado. Si miramos el tema desde esta perspectiva, la del error judicial siempre posible, los argumentos en contra de la pena de muerte son muy difíciles de refutar.

Ahora, argumentar en contra de la pena capital no significa proponer castigos suaves, relajados, laxos. He seguido con atención el caso de Aarón Vásquez y la sustitución de pena que se ha planteado en estos días. No conozco el caso por dentro, no he leído el expediente del proceso criminal respectivo ni las diversas sentencias que se pronunciaron. A primera vista, sin embargo, la condena final a siete años de reclusión no me pareció excesiva, dado lo horrendo del crimen. Claro está, no conozco las circunstancias atenuantes que fueron alegadas, comprobadas y aceptadas por los jueces. Supongo que la edad del autor y la ausencia de criminalidad anterior fueron elementos que influyeron en la sentencia. En un sentido opuesto, la brutalidad de los hechos ocurridos en las cercanías de la Plaza Pedro de Valdivia, el ensañamiento, la falta profunda de compasión con un joven deportista y estudiante de diseño, produjeron un impacto en la conciencia de muchos chilenos. He escuchado comentarios diversos, de personas muy diferentes, sobre este asunto de la sustitución de una pena de régimen cerrado por una de régimen semicerrado, con salidas diurnas para seguir estudios superiores y reclusión nocturna.

En un sistema penal moderno, humanista, democrático, donde se garantice la igualdad ante la ley, las penas deben ser un castigo eficaz y una forma de protección colectiva, pero no una venganza ni una aplicación del primitivo ojo por ojo, diente por diente. Ahora bien, tampoco la rehabilitación, la reinserción en la sociedad, pueden ser pretextos o caminos fáciles para no cumplir una condena. Y, en este punto, interviene un hecho decisivo, sobre el cual los medios de prensa no nos han dado claridad suficiente. Se dijo que Aarón Vásquez había escrito una carta a la familia de Alejandro Inostroza, la víctima, en la que pedía perdón por su crimen y expresaba su arrepentimiento. Ahora el abogado de la familia Inostroza sostiene que la carta referida nunca existió. A muchos de nosotros nos interesaría que se aclare este punto. La educación de Aarón Vásquez no puede comenzar así no más en un aula universitaria. Sería un paso superficial, de contenido ético escaso: el inicio de una educación insuficiente. El primer paso verdadero tendría que consistir, por lo menos, en la escritura y el envío de esa carta de perdón y arrepentimiento. Sería una manera de comenzar a educarse y a rehabilitarse de verdad.

Escribimos nuestros crímenes y castigos con escritura pobre, con reflexión escasa, sin una visión de las cosas de nuestra sociedad que vaya un poco más allá de nuestras narices, sin recurrir a la pedagogía que debería estar implícita en toda resolución de carácter penal. Y, por consiguiente, no leemos bien a los clásicos y a los modernos, de manera que Rodión Romanovitch Raskolnikov y Jean Valjean son perfectamente ajenos a nuestros aprendizajes. Y ni siquiera miramos con la atención debida una película tan nuestra, tan vigente, a pesar de que sus blancos y negros empiezan a desteñirse, como El Chacal de Nahueltoro. Algunos piensan que son errores de siempre, que Chile siempre ha sido así, y otros creen que el Chile del pasado era mejor. No estoy seguro de esto último, pero necesito saber si la carta de perdón existió o fue sólo un recurso de leguleyos astutos.


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6 Comentarios publicados
Posteado por:
Héctor Leiva Ramírez
10/04/2009 13:50
[ N° 1 ]

Fundamentar las afirmaciones por medio de novelas, hace un poco débil un argumento.
Los hechos son que el delincuente no teme, porque no hay castigo que le haga temer delinquir. Los asesinos actuales no son "chacales de Nahueltoro". No fue su falta de educación la que le llevó a delinquir. Eso sería ofensivo para los que en la misma condición han sacado adelante a sus familias. Alemania era muy educada antes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y los que han asesinado en la actualidad tienen mejor educación que el famoso "chacal". "La gente debe respetar la ley o sufrirá las consecuencias" ¿Cuáles consecuencias?

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Carlos Anriquez Loyola
05/04/2009 23:39
[ N° 2 ]

Por suerte que las leyes no las hacen el Sr. Diaz, ni el Sr. Salas Rivera ni D. M.Muñoz. Este sería un país de loscos y lleno de condenados a muerte. D. Sixto ha hecho un aporte extraordinario al progreso de la ciencia. Quizás debería publicar su descubrimiento, ese que afirma que

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juan eleuterio díaz núñez
28/03/2009 20:30
[ N° 3 ]

EXCELENTE FUNDAMENTACION JURIDICO ANTROPOLOGICA DE LA CONTRAINDICACION DE LA PENA MUERTE COMO NORMA GENERAL QUE RESULTE EFECTIVA PARA DISUADIR O REHABILITAR AL QUIEN INFRINGE LA LEY.
Sin embargo, tengo observaciones discrepantes que nacen
del caracter psicopático profundo de ciertos mega-delitos.
Primero, los crimenes de lesa humanidad, imprescriptibles, que ameritan una represión que, sin ser vindicativa, ponga fin a la carrera criminal de los agentes del Estado, a objeto de cautelar que eventualmente vuelvan al Poder, y de invalidar de raiz su ideologia terrorista.
Segundo, el homicidio con violación reiterado, que es homologable a delito de "lesa humanidad".
Tercero, los femicidios con ensañamiento o reiterados.
Creo, sinceramente, que si en aras de un cristianismo
mal entendido que asume oscuridades existenciales en el criminal, por un lado, y presume que nadie puede juzgar a ningún otro en su fuero interno, por motivos "metafísicos", de otra parte, estariamos poniendonos en inferioridad moral respecto del crimen aberrante, cosa que no ha sido admisible en ninguna cultura, a excepción de la "contracultura decadente" actual. Tráteme de "fascista", quizás me sienta alagado después de todo. "A mucha honra" -- dijeron por ahi.

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eugenio salas rivera
28/03/2009 07:37
[ N° 4 ]

Creo recordar una frase de un presidente norteamericano. Algo como "speak softly but carry a big stick". Habla suavemente, pero anda con un palo grande, sería la traducción. Desafío a mis co-lectores, sin tomar en cuenta este elaborado y sesudo razonamiento del señor Edwards, a negar que el animal humano, en condición de sano juicio, discernimiento lo llaman, solamente sopesa, antes de cometer algo atroz, dos factores: las probabilidades de que lo pillen y el peso del castigo.

Entiendo, pese a que no comulgo con él, la posición del señor Zaldívar. Aquí, en aras de producir la necesaria anarquía para favorecer la agitación social, que es la intención oculta más potente en la agenda de las eminencias grises de nuestros últimos gobiernos, es ya ridículo el peso del castigo de nuestro debilitado sistema judicial por cometer la mayoría de los crímenes. No hay "big stick".

Quedan aparte de esta consideración los hechos de sangre causados por locura. Pero igual se encierra a los locos en todo el mundo sin que sean criminales.

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sixto lemus peralta
28/03/2009 01:14
[ N° 5 ]

No es lo mismo El Chacal de Nahueltoro, raza mezcla de Indios pacíficos sudamericanos con descubridores analfabetos salidos de las cárceles y arrastrados por el paso de los patos por de quienes no me siento para nada orgulloso. Claro que otros fueron concebidos según sus apellidos en poltronas Inglesas o Vikingas. Esos especímenes venidos de la madrepatria no son lo mismo que el mentado Sicario usado por la Quintrala, un analfabeto mejorado con la tecnología, quien planificó todo a traves de un Notebook, lo mismo que el comprador de la moto, que se conectó por internet para el negocio lo cual le permitió darle el bajo al dueño. Por favor no nos subamos por el chorro usando la polítiquería barata para querer quitar algunos votos a un presidenciable dando con ello un muestra de magnanismo caduco apoyando con ello chances de educación perdida para el que con un bate ha muerto a otro. Pareciera ser que entre un ex-diplomático y un Juez hay años luz de mentalidad.La ciencia dice que mucha diplomacia crea débilidad ayudado todo por los mostos gratis que nos adentran en la caminata larga y de tanto ir y venir andando, viejo mi querido viejo, ya sabe lo que sigue. Al parecer se necesita otro detente aún más firme que eso de Non Grato para que entendamos que lo que le dicen a uno cuando ya peina canas y que es un estorbo para los jóvenes, ya que la actual democracia concertacionista post disciplina militar así lo fija, en la que no hay respeto por lo cano y aflora el consabido viejo %$·"!()=/&%$. Y dicho sea de paso la debilidad diplomática arroja pérdida de hitos.

Posteado por:
M. Muñoz
28/03/2009 00:45
[ N° 6 ]

Sr. Edwards, en Chile los polìticos se mofaron de los ciudadanos, ya que no se ha eliminado en su totalidad la pena de muerte, aùn se encuentra vigente en el Còdigo de Justicia Militar.
En los casos en que no se pueda aplicar la pena de muerte, los delincuentes son condenados a una pena màxima de cuarenta (40) años de càrcel, ya que en nuestro paìs no existe la pena de cadena perpetua.
Por lo anterior cualquier delincuente puede asesinar a la mitad de los habitantes de Santiago y solo serà castigado con la pena de Cadena Perpetua Calificada, que corresponde a cuarenta años de càrcel.
Atte.

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