Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 21 de Noviembre de 2008
Sanciones del mercado

Si creemos en el mercado, tenemos que admitir las sanciones del mercado, sus reglas inexorables, sus premios y sus castigos. Pero las grandes empresas, cuando les va bien, son “mercadistas” fanáticas, enemigas de toda forma de regulación, y a la menor dificultad, cuando los números se ponen rojos, recurren al Estado. Esto ocurre en Chile, en Estados Unidos y en todas partes: aquí y en la quebrada del ají. Hace un par de días se asistió a un espectáculo que a mí, por lo menos, en mi más que probable ingenuidad, me pareció extraordinario. Los jefes superiores de las tres grandes empresas del automóvil, los “Big Three”, como se los conoce en Detroit, acudieron al Comité Bancario del Senado Federal para pedir ayuda. Lo hicieron sin el menor eufemismo, en forma directa y abierta, y con el pleno y explícito apoyo de los jefes sindicales del ramo. Basta imaginar lo que representan en la economía norteamericana la General Motors, la Compañía Ford y la Chrysler. Sólo en puestos de trabajo son más de doscientos treinta mil. La magnitud del problema, las consecuencias a todo nivel que podría tener un colapso influyen a favor de la tesis de la ayuda estatal. La General Motors, por ejemplo, solicita un apoyo urgente de diez a doce mil millones de dólares. Si no los consigue, anuncia que sus fondos operacionales estarán agotados a comienzos de enero de 2009. En otras palabras, en un par de meses más, si no interviene el Estado en su favor, tendrían que cerrar las fábricas y declararse en bancarrota.

Según un conocido senador demócrata, los tres dirigentes máximos se presentaron en el edificio del Capitolio “con el sombrero en la mano”. Son los momentos en que se terminan las teorías: las del mercado y las del antimercado. Los de las feroces, implacables realidades. Y ocurre que los republicanos, en su gran mayoría, están en contra del principio de la ayuda, y los demócratas no parecen demasiado convencidos. En las cotizaciones de ayer en Wall Street, las acciones de la Ford Motor cayeron en 25%, ni más ni menos. Son cifras asombrosas, mareadoras, y me siento inclinado a cambiar de tema, o por lo menos a tomar un poco de distancia. En circunstancias excepcionales, la historia empieza a perfilarse, a dibujarse en el horizonte. Por mi parte, llego a la conclusión de que he asistido en el transcurso de mi vida a la lenta, inexorable, previsible decadencia de la industria norteamericana del automóvil. Y la decadencia comenzó, me atrevo a decirlo, el día mismo en que el mito, el prestigio, la imagen perdieron fuerza.

En mi infancia, en los años de mi adolescencia, en lugares como Santiago, Viña del Mar, Quillota o Limache, un Buick, un Cadillac, un Ford, un Oldsmobile eran máquinas fabulosas, que llegaban literalmente de otro mundo. Aprendí a manejar en un Chrysler, de los primeros que tenían cambio automático, en las amplias avenidas laterales, de tierra, del Sporting Club de Viña, cerca de los caballos de carrera que hacían sus pruebas. Cuando me atreví a salir de esos recintos protegidos y lanzarme al centro de la ciudad, a la calle Valparaíso, sin ayuda, sin papeles ni permisos, con las puras ganas, a mis quince años de edad, fue, y lo es todavía en mi recuerdo, una mañana de triunfo, de superación de limitaciones y complejos. Lo que ocurría entonces es que un Chrysler de color concho de vino, con su maravilloso tablero y su misterioso sistema de cambios, era un objeto mágico, una máquina del tiempo. Se habría necesitado a un futurista como Marinetti o a un creacionista, a un Vicente Huidobro, para cantar ese misterio. Después, cuando llegué de recién casado a la universidad de Princeton, con una beca de estudios públicos e internacionales, compré en un almacén de Nueva York un Pontiac del año cincuenta o cincuenta y uno. Todavía me acuerdo del vendedor de autos usados, Mr. Dealey, que hablaba hasta por los codos, que hacía honor a su nombre y que nos encajó esa máquina vieja a cambio de doscientos veinticinco dólares flamantes. El Pontiac, dicho sea de paso, también tenía cambio automático, y hacía unos ruidos roncos, asustadores, cuando se introducía la palanca. De todos modos, resistió los diez meses del período universitario, en los calores y los fríos extremos, en caminos marginales, bajo tempestades de nieve o de granizo, con robustez, en forma sólida y casi se podría decir que digna. Al final se puso a mostrar problemas internos incomprensibles. Se lo vendí en ochenta dólares a un compañero de curso oriundo de una remota isla japonesa, y mi última imagen, no exenta de algún remordimiento, cuando abandonábamos el lugar en un tren de trocha angosta, es la del japonés de brazos en jarra, inclinado sobre el motor, ya que el Pontiac se había parado, se había “chantado”, y parecía que para siempre.

¡Cuántas historias antiguas de automóviles norteamericanos, y qué larga caída! Hubo una etapa, no sé si por los años cincuenta o ya por los sesenta, en que el mundo contemporáneo se empezó a llenar de automóviles franceses, ingleses, italianos, japoneses. Vino la época de los Fiat Topolino; la de las abnegadas Citronetas, que subían las cuestas con dificultad, con suspiros y jadeos humanos, pero que siempre llegaban a la cumbre y aprovechaban la pendiente para volar cuesta abajo; la de los Austin Mini, que se estacionaban con gran facilidad y gastaban un mínimo de bencina. El último amigo mío que tuvo una marca norteamericana fue Rubem Braga, el cronista y poeta bisiesto del Brasil, durante su paso como diplomático de la rama comercial por Santiago. Andaba en un Oldsmobile oscuro que a todos nos parecía enorme, impresionante. Bajaba de su casa en el barrio alto, allá por la calle Roberto del Río, en su artefacto desmesurado, y lo estacionaba en cualquier lugar del centro de la ciudad. Después visitaba a sus amigas y amigos, se asomaba a los talleres de calle Mosqueto esquina de Merced, bebía sus whiskies y se olvidaba del lugar donde había estacionado el vehículo. Se quedaba a dormir, entonces, en un hotel que estaba a la vuelta del Hotel Carrera, en una callejuela del lado. Al final optó por devolver la casa de Roberto del Río y tomó residencia en ese hotel. Para guardar el automóvil en el subterráneo y sacarlo en los fines de semana.

El proceso de disminución, de pérdida de imagen, de deterioro gradual, fue evidente, y ahora parece que los últimos en captarlo fueron estos poderosos dirigentes de los orgullosamente llamados Tres Grandes, tres gigantes con los pies de barro, o, para ser más precisos, con cabezas frágiles, de chorlitos. Y que ahora, cuando el agua les llega al cuello, se presentan en el Cerro del Capitolio, en los recintos neoclásicos del Senado, con caras de circunstancias y con la mano estirada.

Los senadores se preguntan, y los contribuyentes también, si hay que apoyar con los fondos del Estado a los imprevisores, a los arrogantes, a los rutinarios. Pase lo que pase, el mercado, el vapuleado, combatido y a la vez elogiado distribuidor de recursos, no dirá nada, y la historia seguirá siendo lenta. Y mi esforzado Pontiac de nariz cromada, puntiaguda, se perderá en la noche de los recuerdos y de los tiempos.


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18 Comentarios publicados
Posteado por:
MANUEL ERNESTO RODRIGUEZ.
26/11/2008 16:23
[ N° 1 ]

Siempre clarito y hoy mas que nunca, ya nos faltaba que un intelectual plasmara con claro ejemplo la realidad que se les viene a los gringos y se nos viene a nosotros tambien de carambola. GRANDE DON CHOCHE.

Posteado por:
Juan E.
24/11/2008 18:57
[ N° 2 ]

GRACIAS DON JORGE.
De Antología. Nosotros también tenemos un "tarro" del
año 92 un Toyota Exel, también automático, que espero nos dure varios años...
Pero, no se´si lee a sus lectores, en la hora 25, ¿recuerda esa novela maravillosa un poco melodramática?
Como sea, queria preguntarle si puede trazar el perfil
sociológico de las religiones norteamericanas. Tema no menor, digno de su pluma, ya que los teóricos son fundamentalistas de sus aprioris ideológicos. Ud es, como yo, un idealista empírico, mas amante del lenguaje
y sus metáforas, que de los conceptos abstractamente vacios, y más amigo de la verdad que de Platón, ¿como
no?
Asi que... ¿que le pasa a este Imperio de religiones
NEW AGE? Mormones, Católicos Modernistas, Rosacruces,
Evangélicos, Anglicanos... ¿o estaremos ante la
más colosal emergencia de un Neopaganismo Integrista?
Porque está claro que no puede ser un "complot de
los Judios, los cristianos, los demócratas, los niños y las vacas" para pervertir al IV Reich, ¿o si?
Espero estudiar el tema.

Posteado por:
wichiluca@wordpress.com
24/11/2008 16:52
[ N° 3 ]

Muy buen relato...
Lo que pase con la industria automotriz USA tiene efectos en todo el mundo. Son menos autos consumidores de combustible extra, es menos el acero que se necesita, es menos caucho para los neumáticos, otros metales para aleaciones, menos industria de los lubricantes, etc, etc...

Al final del día, todo tiene cola.

W.

Posteado por:
Dario castillo
24/11/2008 15:54
[ N° 4 ]

si Ud lee los blog,siempre lo contrareo en algo,ahora estoy absolutamente de acuerdo con su articulo.

Posteado por:
Juan Manuel Rodríguez
24/11/2008 15:31
[ N° 5 ]

Qué fácil es encontrar causas a la crisis ahora, cuando antes nadie las vio. Qué fácil es decir que se "chuparon" las utilidades y ahora piden ayuda al Estado. Quien haya estudiado un poco el tema verá que la plata está comprometida en cientos de miles de trabajadores jubilados, en poderosos sindicatos y en beneficios laborales que se han hecho insostenibles. Los han mantenido más allá de lo razonable, no han invertido en innovación, y por eso están quebrados. Los autos norteamericanos ahora son demasiado gastadores, tecnológicamente atrasados y de calidad insuficiente. Así de simple. Los ingleses entendieron esto hace mucho (a fuerza de golpes) y por eso ya no fabrican automóviles. Tienen bancos grandes que les prestan plata a japoneses, chinos y latinoamericanos que ahora fabrican los autos. Ya no habrá más Pontiacs, estimados amigos, sino que Lifan, Chery, etc. Lo demás, es pura nostalgia.

Posteado por:
Patricio
24/11/2008 15:20
[ N° 6 ]

Entretenida y evocadora su crónica sobre el automóvil y sus experiencias con él. Yo siento que tarde o temprano todos tuvimos algo que ver con estos armatostes, imponentes y a veces inútiles. En lo personal tambien tengo historias variadas al respecto, aunque nunca fué mi inquietud, el lujo del automóvil. Lo veia como una necesidad, hasta el día de hoy. Pero lo que me extraña es su comentario sobre los tres sombreruos, frente al capitolio para pedir recursos. En EEUU puede pasar de todo, pues todo lo hace.El día en que mi país haga máquinas para hacer máquinas; lo empazaré a respetar de verdad. Por ese motivo no me pongo a cuetionar al gobierno de los EEUU con este tema. Y de seguro, le van a prestar todos los recursos para seguir con su industria...a veces olvidamos quien es el país del norte.

Posteado por:
Francisco Aguilera
24/11/2008 15:15
[ N° 7 ]

Desarrollo Tecnologico

Pregunto, como puedes diseñar un vehiculo y satisfacer la demanda de la poblacion en metarias de transporte, en una poblacion cuyo promedio de estatura es alrededor de los dos metros con su peso respectivo ?, se incluyen en esta pregunta algunos criterios, satisfacer habitabilidad, funcionalidad, para quien adquiere el vehiculo y su familia.

Posteado por:
JLArias
24/11/2008 14:09
[ N° 8 ]

Y la guinda del cuento, es que los tres "capos" llegaron en sus aviones privados a pasar el sombrero

Posteado por:
Roberto
24/11/2008 13:47
[ N° 9 ]

Señor Jorge Edwards, si una empresa grande, mediana o pequeña es enemiga o le agrada la regulación, eso no es lo que manda, no mandan las conveniencias de las empresas. Es la legislación, son las normas jurídicas, las garantías judiciales lo que se impone, lo que manda, en cualquier país civilizado.

Si las tres empresas de automóviles norteamericanas que señala están en quiebra, esto no es culpa del sistema económicojurídico que no le conviene a los detractores de siempre, es culpa exclusiva de los que administran esas empresas, el problema es de administración. Muchos deberían conocer algo de la Ciencia de la administración.

Los únicos que tienen un verdadero poder, en cualquier país, son los que se apropian del Estado, quienes se apropian de éste son los que establecen las normas legales que regulan los mercados, los que muchas veces crean concentraciones monopolísticas y desigualdades, los que arruinan, destruyen, ahogan a los que quieren emprender, para evitar la competencia, para apropiarse de todo medio de producción.

Adueñarse del Estado es mejor negocio que existe, el Estado es el organismo que más poder tiene o concentra un país.

Ojalá la gente lea más, y cree sus propias defensas ante la propaganda de mentiras de algunos.

Posteado por:
Hugo Errázuriz
24/11/2008 11:59
[ N° 10 ]

Es interesante la forma de la construcción de esta moraleja, por medio de una marca, en este caso de automóvil, se puedan despertar situaciones que están ahí sostenidas en una parte de nuestro recuerdo, como si estubieran dormidas y se despertaran de golpe reconstruyéndolo todo, parafraseando a Neruda podríamos agregar : "... contadme todo, cadena a cadena,/ eslabón a eslabón, y paso a paso,...". Volviendo un poco a lo cental del artículo, Edwards, por medio de un recuerdo que estaría más cerca de un
cuento moralizante, nos señala la fragilidad de lo que a veces creemos eterno. En efecto el automóvil marcó el triunfo de la era industrial y el triunfo del capitalismo, ese capitalismo que creció como un niño mimado que tuvo derecho a todo y pensó que nunca iba a necesitar la ayuda de alguien.

Posteado por:
rolando mendez brieres
24/11/2008 11:37
[ N° 11 ]

lindo relato, elegante, que recuerda tiempos idos y la fragilidad del mercado con sus castigos silenciosos pero implacables. su pontiac seguirá navegando en los recuerdos como un verdadero potro precolombino ..

Posteado por:
Fernando P.
24/11/2008 11:19
[ N° 12 ]

Don Jorge, se dice que en éste país, hay que deber harto para que te presten plata y aunque es una incongruencia, también es una realidad.
Apartes de sus recuerdos literarios, entendibles en ud., el echo es que la ruptura de éste tipo de empresas, acarrea una crisis social tan grande, que al gobierno le sale más conveniente apoyarlas. Sin embargo, nadie habla de dónde fueron a parar las tremendas utilidades que tuvieron en épocas de bonanza.
La verdadera vergüenza, es que sus dueños permanecen incólumes, mientras se desmoronan sus empresas, a sabiendas que son prácticamente intocables.

Posteado por:
Samuel Barlow
23/11/2008 09:48
[ N° 13 ]

Sr Edwards. Su relato me trae recuerdos de mis primeras correrias en Citrola, a los 12 años -- Creo que el mundo del liberalismo comercial a abusado, y llegó al triste final del camino -- no puede seguir creciendo, y si no crece, desaparece -- asi de simple -- todo deberá ser controlado por el estado?? cuotas, limites de producción?? puede ser -- y puede que este "final de una epoca" nos humanice y nos vuelva un poco a nuestras raices -- termine con el "consumismo" y "lujos" (excesos) innecesarios para una vida feliz.

Posteado por:
GABRIEL OSORIO OZU
22/11/2008 17:34
[ N° 14 ]

El estado es una entidad que se nutre de los impuestos de casi todos los ciudadanos en proporción directa a sus ingresos y que da servicios a esa misma comunidad, pero, esta vez, en proporción inversa al patrimonio personal.
Por lo tanto, en teoría, el estado es de todos, por lo tanto, todos podemes solicitar servicios de éste.
Empresas como las mencionadas no están pidiendo regalos sino préstamos de bajo interés cuyo costo, para el estado, es significativamente menor al de cubrir seguros de cesantía para esa enorme masa de desempleados a lo que debe sumarse el incalculable efecto social.
Esa forma de operar no es una salida del mercado. Es introducir al estado en la estrategia de mercado para salvar fuentes de empleo e impuestos lo que, con un mínimo de sentido común, resulta tener una gran rentabilidad social.
El socialismo que el Sr. Edwards plantea veladamente, en su comentario como en la omisión de las condiciones del traspaso de fondos solicitados, ya se encuentra en plena retirada en el planeta.
Me permito sugerir que siga escribiendo novelas, pues eso lo hace muy bien, y permita que los comentarios político-económicos los hagan los expertos.

Posteado por:
R, Lusano
22/11/2008 12:21
[ N° 15 ]

Bonita epoca la del Pontiac don jorge, epoca de admiracion al paladin de las libertades y ejemplo de como debia de manejarse la economia, alla fueron a estudiar, los imprevisores arrogantes y rutinarios y por que no agregar avispados,que con sus titulos debajo del brazo empezaron a denostar al estado como administrador y hoy piden su apoyo, creo que deberian rascarse con sus propias uñas y que prendan velas o hagan mandas a su Dios mercado,y peregrinen a la meca de la economia Chicago. Respetuosamente

Posteado por:
Carlos
22/11/2008 00:00
[ N° 16 ]

Estimado Jorge, así es la historia, quizás asistimos al fin del poderío norteamericano. ¿quién sabe?. sólo el tiempo lo dirá.

Posteado por:
Francisco Aguilera
21/11/2008 18:43
[ N° 17 ]

Me pregunto, de que manera esta observando este evento economico el mercado asatico ?

Posteado por:
René Pascual Rodriguez
21/11/2008 18:35
[ N° 18 ]

La crisis o problemas financieros que tienen estas empresas, bien poco me pueden importar dentro de este comentario... si me gustó mucho todo el relato de recuerdo y vivencias propias que le acompañan. No soy tan mayor, pero la lectura de estas letras me lleva inmediatamente a una epoca de la cual me habria gustado ser partícipe. Muchas gracias por tener algo a que aferrarme para observar este pasado.

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