Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 14 de Noviembre de 2008
Bestiario

Lo que me pidió la Universidad de Chicago, con intenciones precisas, acotadas de antemano, y hasta con una sugerencia de título, fue mi historia personal del “boom”. Es decir, la versión mía, la que tengo registrada en mi memoria, del conocido libro de José Donoso sobre el tema. Pues bien, acepté, sintiendo que tres meses de ausencia, de extrañamiento, de lecturas y relecturas, de observación renovada del mundo contemporáneo, eran más que bienvenidos, y me puse a releer con un lápiz de mina en la mano, a leer por primera vez textos que se me habían escapado, a recordar, a relacionar. Hace pocos días me ha tocado hablar de Julio Cortázar, de algunos aspectos de la obra de Julio Cortázar, ya que el tema daría para un semestre entero e incluso para varios semestres. Pero, ¿cuál podría ser mi historia personal con respecto a este clásico del cuento, de la novela, de las escrituras que podríamos llamar informales? Leer de nuevo significa siempre revisar, reordenar, ponerse de acuerdo consigo mismo, con sus gustos, con sus preferencias, con sus rechazos. Ahora bien, leer a Cortázar de nuevo no es tarea tan sencilla. Comencemos, por ejemplo, con Rayuela, y sigamos con unos quince o veinte títulos, sin contar con una larga lista de ensayos, biografías, textos críticos sobre su obra. Asomarse a los catálogos de una gran biblioteca es una extraordinaria lección de equilibrio, de racionalidad, de humildad. Es hablar con los difuntos, como creo que dijo alguna vez don Francisco de Quevedo. Hay ochenta y tantas entradas de Cortázar en los ficheros de la biblioteca de la universidad. Hay doscientas y tantas entradas de Michel de Montaigne. Hay unas cuantas, no pocas, de Julio Ramón Ribeyro. Desde luego, los profesores profesionales no pierden su tiempo en estas cuestiones secundarias. Compruebo que Montaigne tiene un gran exégeta muy poco posterior a los años de su vida, casi contemporáneo suyo. En el mundo literario nuestro no falta el entusiasmo, pero no sé si existe una comparable perseverancia en la admiración, en el conocimiento, en los trabajos de divulgación.

La primera persona que me habló de Julio Cortázar, hace ya la friolera de cincuenta años, en un balcón de Nueva York que todavía recuerdo hasta en sus menores detalles, fue nada menos que Francisco Ayala. He seguido siendo amigo de Francisco Ayala hasta el día de hoy, en el que ya camina por sus 103 años de edad con envidiable salud. ¿Será que la literatura, la práctica libre de la inteligencia, la voluntad amistosa, abierta, de buen humor, nos mantienen vivos? Me habló de Cortázar y corrí a leer Bestiario, que se había publicado hacía poco tiempo. Ahora he sacado mi viejo ejemplar de Bestiario, he viajado con él hasta la ciudad de Chicago, hasta el barrio universitario de Hyde Park, y lo he vuelto a leer. Me sigue pareciendo que Casa tomada es la obra maestra del conjunto: por su atmósfera; por la metáfora ambigua, ambivalente, enigmática, que representa esa casa; por la extraña, casi incestuosa, relación de los dos hermanos; por esos entes misteriosos que invaden gradualmente el espacio de la casa y que no se sabe qué son, si son fantasmas, animales de alguna especie desconocida, ocupantes llegados de extramuros. Cortázar escribía en los años del primer peronismo y resulta claro que no se sentía cómodo en esos tiempos. Publicó esta primera recopilación de sus cuentos en 1951 y se fue a instalar en París, para siempre, ese mismo año. Claro está, hacer interpretaciones sociales, históricas, como sugerir que esa casa es la Argentina de Perón y Evita, donde dos hermanos lectores, reflexivos, artistas, no encuentran un ambiente habitable, respirable, es demasiado fácil. La idea, sin embargo, ronda por algún lado. Las sugerencias permitidas por la literatura narrativa son casi siempre múltiples y opacas. No admiten sistemas de traducciones o de equivalencias directas. Atención: tampoco los personajes de la ficción novelesca admiten esas traducciones y esas equivalencias. La búsqueda de los modelos reales es una perfecta pérdida de tiempo, aparte de ser un deporte nacional en Chile. Un deporte intencionado, desde luego, y en el que se obtienen los mejores resultados, las medallas de oro, cuando se es manco, rengo, paralítico de algún costado.

Otro cuento de Bestiario que me ha impresionado en la relectura es Circe. Es un relato sobre la maldad, la locura, la histeria, y el tono mitológico, la alusión a la antigua y peligrosa hechicera, está dado con maestría notable. La Delia del relato es una Circe de barrio, en escala menor, pero alcanza a tocar al final las cuerdas mayores. Esos experimentos en la cocina, fabricando bombones que da a probar a sus novios, adquieren a poco andar una condición ominosa. Uno sospecha que les ha introducido, o que les va a inyectar de repente, alguna forma de veneno. Y como es un texto de algún modo realista, aun cuando Cortázar estuviera tratando de huir del realismo, me reservo el final. Aparece otra Circe, de otro estilo, en Las puertas del cielo, pero esta otra, que aquí se llama Celina y está enferma de tuberculosis, no hace tanto daño y termina por destruirse a sí misma. Adiós, encantadora Celina, decimos, y sentimos horror y compasión frente a la reservada y en el fondo monstruosa Delia. A mí también me asombra, en mi lectura de ahora, la densidad bonaerense, de orillas, de barrios marginales, de compadres, que se respira en estos relatos de un autor que escapaba, precisamente, de Buenos Aires: que escapaba y se llevaba a Buenos Aires a cuestas, como en los tangos. El Cortázar que conocí en París, en un departamento oscuro de Mario Vargas Llosa en la rue Malar, en la casa suya de la Place du General Beuret, era fanático del jazz y de la música más avanzada del momento: de Alban Berg, de Pierre Boulez, de Stockhausen, pero antes, casi veinte años antes, había existido un fanático del tango, el creador de un personaje femenino que “se iba en nombres de cantores, en recuerdos de Villa Crespo y El Talar”.

Con cada uno de los personajes del “boom” y de antes del “boom” que comento en mis clases, podría seguir leyendo, estudiando, escribiendo, pero no sé si quiero dedicar el resto de mi vida a la tarea. Ahora me gustan más que en la década de los sesenta los escritos informales de Julio Cortázar, libros como Historias de cronopios y de famas, Ultimo round, La vuelta al día en ochenta mundos. En su escritura reconozco un curioso y a veces sorprendente humor latinoamericano. Cortázar reflexiona en alguna parte sobre la seriedad, la ausencia de humor, de la literatura argentina. Dice que el Quijote es un libro de humor, en lo cual estoy perfectamente de acuerdo, y menciona al Sterne del Tristram Shandy. He agregado a esos dos textos, sin haber leído antes la página de Cortázar, al Machado de Assis de los años maduros, heredero de Sterne y, por la vía de Sterne, del Quijote. Pero el humor de Cortázar me hace pensar en otros humoristas por escrito y orales, muy diferentes y mucho más cercanos. No sólo me refiero a Macedonio Fernández: pienso también en Vicente Huidobro, en Acario Cotapos, en Luis Oyarzún, en algunos cubanos y algunos españoles que me ha tocado conocer. No excluyo en absoluto a Jorge Sanhueza, el Queque, ni al Chico Molina. Y no pretendo nombrar a algunos fomes de fomedad irremediable, pero que formaban parte del paisaje humano. ¿Para qué? Me detengo aquí con una excelente excusa: que ya se me acabó el espacio.


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8 Comentarios publicados
Posteado por:
Facundo Rosas Flishfish
20/11/2008 11:22
[ N° 1 ]

Creo que el Sr. Edwards aporta bastante al debate publico pero emplea demasiado la primera persona para todo lo que escribe, pareciera que conjuga los verbos asi :"Yo soy tu soy el soy nosotros soy vosotros soy ellos soy"...se le llena de fruicion la boca al decir "mi, me, mio".Es un excelente monologador, conferenciante, cronista pero interactua demasiado poco y ademas presenta sus libros en los mas horribles hoteles tipo mall en vez de apoyar activamente la recuperacion de abandonado nuestro patrimonio arquitectonico.Dudo de su autentica sensibilidad.

Posteado por:
patricio
17/11/2008 17:54
[ N° 2 ]

Errata en la palabra ojear. Debe de decir hojear...

Posteado por:
Patricio
17/11/2008 14:13
[ N° 3 ]

A Juan: que habra querido explicar ? Me parece un asertijo algo elevado o pretensioso. Pero de ningún modo relacionado con la obra de Cortázar que es el centro de la columna. Extraño por decir lo menos!

Posteado por:
Patricio
17/11/2008 13:56
[ N° 4 ]

Leí su columna y me pareció interesante es decir muy interesante. En mi caso; por un extraño principio, nunca he tenido un tomo de Cortazar y Vargas Llosa en mi mano, es decir no he leído a dichos escritores, sabiendo de ellos, y habiendo ojeado columnas políticas de Llosa, es extraño mi proceder. Recapacitaré en ello. Compraré La tía Julia, y Rayuela.Y me pondré manos a la obra. No sin antes comentarle que pasé por varios, incluso Alejo Carpentier, con su tedioso reino en Haití, "El siglo de las luces".En fin el tema da para comenterios variados.

Posteado por:
lemus
17/11/2008 12:04
[ N° 5 ]

Peralta ref al personaje en cuestión, discutible lo entretenido que lo encuentre en lo ref a actualidad latinoamericana que idiotezcamente se basa majaderamente en los Castros,Los Che, los Chavez, los Evos,los Correa,los Ortega, los KK, etc., todo un engendro de violentos enrraizados en una simpatía o fanatismo por un sistema totalitario nacido en la antigua rusia comunistas de stalin-marx-lenin, obviamente obsoletos desde ántes que desapareciera el partido comunista en toda europa y aflorara acá en nuestras latitudes como mala yerba, así es que para mi gusto zapatero a sus zapatos siendo preferible saberlo envuelto en una cobija literaria aunque sea evocando un incansable ego viajero como acertadamente ya ha sido catalogado.

Posteado por:
Juan José Diez Radovic
17/11/2008 11:23
[ N° 6 ]

Estimado Jorge.
Que delicia de cronicas. Compro la segunda solo por sus brillantes y entretenidos escritos.
Saludos desde Viña del Mar

Posteado por:
JUAN...
15/11/2008 10:09
[ N° 7 ]

HISTORIA PERSONAL DEL "CRAC"
El "boom" es la expansion del neoliberalismo literario.
El "crac" es la deflación de su contracción.
¿O la refracción de su contradicción?
II
Como sea,
Podiamos escribir libros REDONDOS como circulares,
Asi tendriamos que irlos girando para leerlos,
Unidas las páginas por el cordelito de las doce:
¡¡ Don Eduardo, le faltó NICANOR PARRA,
pues !!

Posteado por:
Oscar Peralta Artigas
14/11/2008 20:17
[ N° 8 ]

Me entretiene más Edwards, refiriéndose a la actualidad LatinoAmericana. En eso, es insuperable. Pero entiendo, que se cobije en la Literatura. Es sú deformación programada.

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