Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 07 de Noviembre de 2008
Cambio de folio

El martes 4 de noviembre, el de las elecciones en los Estados Unidos, fue un día histórico y, aparte de eso, una jornada muy larga, que se prolongó, en este país tempranero, hasta las primeras horas de la madrugada. A las siete de la mañana, desde mi ventana, vi filas de personas de diferentes edades y condiciones que caminaban rumbo al sur del distrito de Hyde Park, alejándose de la orilla del lago Michigan. Entre ellos había un hombre anciano con aspecto de sabio, de larga melena blanca, sombrero de playa encima de la melena, largo bastón lleno de curvaturas, pantalones blancos y chaqueta oscura. El hombre caminaba con brío, acompañado por una mujer joven, que parecía ser su nieta, en aras de un destino común: el de colocar su voto en una urna, o el de introducirlo en algún sistema electrónico, y contribuir en esta forma a cambiar el destino del país. Los candidatos habían votado mucho más temprano, un poco antes de las seis de la mañana, y se esperaba la llegada de Barack Obama a Chicago en las horas que seguían. Cuando salí a mi oficina de la universidad, un poco después de las diez, tuve la impresión de que el barrio universitario se había quedado desierto, a la espera de que llegara la noche y empezaran a conocerse los resultados. En un parque cercano, el Parque Grant, llamado así en homenaje a uno de los generales victoriosos de la Guerra de Secesión, Ulises Grant, elevado después a la presidencia de la Unión en homenaje a sus servicios durante la contienda civil, se había terminado de levantar un estrado, rodeado de banderas y dotado de un podio solitario en el punto central. Se calculaba que unos setenta mil partidarios de la candidatura de Obama, muchos de ellos parientes y vecinos suyos, además de multitudes de estudiantes de la universidad, cada uno con su respectiva entrada obtenida por internet, es decir, en números calculados y bajo estricto control, se reuniría en la noche para la probable celebración o para un drama colectivo no anunciado.

Supe de la existencia de Barack Obama hace algún tiempo, a través de transmisiones de la televisión chilena, y me sorprendió en profundidad su oratoria: tranquila, perfectamente controlada, dotada de algo que podríamos definir como una pasión fría, con un gran dominio del lenguaje y con ideas claras, ambiciosas, entregadas en una síntesis rigurosa, personal, a veces hasta confesional, y sin entrar nunca en minucias. En mi curso de más de veinte alumnos, número alto en este país y en esta universidad, no encontré a nadie que no estuviera entusiasmado con la alternativa de Obama, salvo que los del otro lado guardaran silencio. A la vez, encontré en otros lados a estudiantes de buen nivel económico, de padres ricos, que hacían trabajos electorales a favor de la candidatura demócrata, comprometidos al extremo. Alguien escribió lo siguiente en uno de los grandes diarios del país: que los padres de estos jóvenes, en sus clubes privados, hablarían de su voto republicano y obligatorio a McCain, pero que en el secreto de la cámara electoral, por acercarse a sus hijos, por preferir el cambio a un presente que los había enriquecido y que ahora, sin aviso previo, los arruinaba, por otro conjunto de razones, sin excluir la del amenazante calentamiento global, votaban por el otro, por alguien que su club jamás habría admitido.

Las razones del resultado electoral son muchas, conocidas, comentadas hasta el cansancio, agudizadas, llevadas a una culminación dramática, por la crisis económica, por la evidencia de una desregulación primaria, escandalosa, pero no me parece necesario insistir aquí en ellas. Prefiero tratar de mostrar el ambiente de anuncio, de expectativa, de esperanza a todos los niveles, de cambio de época. Un analista político escribió que la Guerra de Secesión, la de Ulises Grant, justamente, y sobre todo la de Abraham Lincoln, había comenzado en mil ochocientos sesenta y tantos, con la separación de la Unión del Departamento de Virginia, que no aceptaba la liberación de los esclavos, y había terminado el martes cuatro, cuando Virginia, precisamente, contra todos los pronósticos, dio su preferencia electoral al candidato afroamericano. Parece una idea demasiado elaborada, un preciosismo intelectual, pero no carece de sentido, y es una demostración más de la lentitud con que procede la historia, fenómeno que los políticos y los intelectuales politizados tienden a olvidar con excesiva facilidad.
En el atardecer, los primeros resultados, al menos en los programas que pude sintonizar, favorecían a John McCain en votos electorales y beneficiaban a Obama en el voto popular, pero con diferencias muy estrechas. Hacia las nueve de la noche, sin embargo, que en el resto del país eran las diez o las once, la tendencia cambió en forma abrumadora, clara, imparable. Hasta que apareció un cartel en el centro de la pantalla, un aviso que parecía una falla técnica, una interferencia, puesto que no permitía seguir el desarrollo normal de la transmisión, y que decía: el señor Barack Obama es el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos. La cámara se trasladaba, abandonaba el cartel más o menos hechizo, desconcertante, y enfocaba a la multitud reunida en el Parque Grant, a unas veinte o veinticinco cuadras de mi puesto particular de observación: caras que lloraban, o guardaban un silencio extraño, arrasadas por la emoción, por una irresistible incredulidad, o que saltaban y gritaban, en el paroxismo de la euforia. Hacía más de media hora, alguien había lanzado fuegos artificiales a cinco o seis casas de distancia de la mía, y mis amigos, un pequeño grupo que seguía las transmisiones en mi casa, pensaron que era algún desorientado, pero los resultados le dieron la razón en forma retrospectiva. Cuando Obama, al fin, avanzó con Michelle, su mujer, y de la mano de sus dos hijas, hasta la tarima de las banderas, y cuando se instaló en el podio, el momento tuvo un aire de irrealidad, de suspenso, de magia. Pero habló con la claridad, con la calma, con la pasión controlada que ya le conocíamos. Y sus primeros nombramientos revelan una línea seria: el presidente de la Universidad de Harvard, un antiguo Secretario del Tesoro del gobierno de Clinton, entre muchos otros. El Partido Demócrata tiene a los mejores profesionales, economistas, juristas del país, y el futuro presidente ya demostró que piensa recurrir a ellos. No sabemos qué hará y no creo que detrás de su notable discurso político exista un programa global muy elaborado. Alguien recuerda en la prensa que Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia en 1932 y que la política del New Deal, el Nuevo Trato, sólo empezó a implementarse cuatro años más tarde, en 1936. No es seguro, en buenas cuentas, que la presidencia de Obama sea una gran presidencia, al estilo de los períodos de un Abraham Lincoln o de un F. D. Roosevelt, pero es evidente que tiene la posibilidad cierta de convertirse en uno de los grandes presidentes norteamericanos, cosa que influiría en el resto del mundo y nos interesa a todos. No será nada de fácil y tendrá que dedicar mucho tiempo inicial a la crisis doméstica, pero el hecho de que el éxito no sea imposible ya es mucho, ya es asombroso. Tenemos, pues, que abrir los ojos y trabajar bien en nuestros países respectivos, ya que la salida será integrada, negociada, global, o no será. ¿Se puede comparar con las salidas de las obras literarias?, me preguntaron desde una radio española, y contesté naturalmente que no. Las novelas, las películas, las obras narrativas de todo orden, pueden terminar mal, pero el happy ending, los finales felices, son necesarios en la vida política, y hay que perseguirlos a toda costa.


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7 Comentarios publicados
Posteado por:
Alejandro Parada
10/11/2008 15:16
[ N° 1 ]

"...meten las patas, mienten o las manos se les van..."
¿ como Kennedy, como Martin Luther King ?
¿ Como Allende, Mister, quien fuera víctima de un complot (ampliamente documentado) de la CIA ?
¿ El millon y medio de Iraquies muertos son acaso expresión de algún principio democrático ?
Obama, para que lo sepan, tendrá como norte la defensa de los intereses de los EE.UU, y esos intereses NO son los nuestros....

Posteado por:
Felicinda Bravo
10/11/2008 11:37
[ N° 2 ]

Si, esta eleccion demuestra que los EE.UU son un pais civilizado , con una democracia real.Se recuperan asi los principios originales de la constitucion norteamericana y los valores plasmados por G. Washington.Ojala sean estos los valores que predominen ahora en ese maravilloso pais, versus lo primitivo y paranoico del gobierno de Bush.

En este aspecto sorprende como la derecha chilena (mucho mas retrograda que los republicanos de USA) busque descaradamanete apropiarse conceptualmente del "cambio" que ha significado esta eleccion.El tema no es el cambio por el cambio.En EEUU la poblacion ha rechazado la especulacion financiera y mercantilista como norte politico, principal causante de la crisis financiera internacional.Considerar el mercado como fin y no como medio es precisamente lo que Piñera y sus amigos empresarios representan.

Posteado por:
German Vallejos
10/11/2008 00:18
[ N° 3 ]

...La noche del triunfo de Obama tipo 2y media de la madrugada verlo en el podio con su familia...fue realmente emocionante y me hizo volver a tener fe en la raza humana....cuanta tragedia en el paìs del norte... son los momentos especiales y positivos del mundo...como la derrota del nazismo...como el mayo frances....como Allende....como la caida del muro de Berlin.....se vuelve a levantar la esperanza.....por un mundo y una sociedad màs humana....

Posteado por:
sixto lemus
08/11/2008 21:22
[ N° 4 ]

Que bueno es subirse al carro de la victoria que no nos corresponde o nos cree corresponder..

Posteado por:
eduardo Silva
08/11/2008 12:13
[ N° 5 ]

Que le parece a Ud. ?La democracia en USA¿. ¡No tan parecida a la Nuestra¡¡. Su Mano Izquerda lo traiciona siempre. Achacando en contra de los de su propio genero ""los ricos"". Para que Ud. Sepa en los Estados Unidos. No hay ordenes de Partidos. alli la democracia es estable. los elegidos cuando meten las patas, mienten o las manos se les van. Deben irse. asi de simple funciona.. El sueño americano hoy ha llegado al grado superlativo, Jamas pensado en mente izquerdista alguna. La democracia se cura sola solo se necesitan HOMBRES HONESTOS. OJALA APRENDAMOS ESO.

Posteado por:
JUAN
07/11/2008 20:51
[ N° 6 ]

LA ESPERANZA NEGRA
También la quisiéramos para eso otro enclave del
Orden Sacrificial (antes de la postmodernidad se decía "reaccionario, pero es más que eso) que es
La Iglesia Católica.
BUSH ganó con votos fundamentalistas cristianos luego de conseguir una audiencia Papal de cual nunca se supo el donativo (todas quienes hablan con los Papas, dejan un "benevolente" donativo).
OBAMA triunfa con los votos del abuelo y su nieta,
del rico arruinado, y del descendiente de esclavos, del Inmigrante (el "mojado"), del Latino discriminado,
del intelectual presuntamente fracasado, de la sobre-explotada trabajadora sexual, asi como del Iluminista
del cine y del arte progresista.-
¿Y por qué? POR CAUSA DE LA PAZ.

Posteado por:
Carlos
07/11/2008 19:30
[ N° 7 ]

El imperio persa duro 2700 años hasta que vino alejandro magno.
EEUU duro lo que dura un chicle. OBAMA es nadie es la esperanza de 350.000.000 de personas que deben pasar por la pero debacle de su historia y su fin como nacion.
Hoy La China emerge como una nacion de 1.500.000.000 con una frontera con una nacion de 1.300.000.000 entre las dos son el centro del mundo tienen reservas en dolares que habrian eliminado la crisis con solamente la plata para el pan.
Preguntence si en esos paices existe la democracia, si existe el libre pensamiento, y preguntense si vale la pena estos sistemas sin ni uno en el bolsillo.

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