Mizala, Alejandra
Centro de Economía Aplicada
U. de Chile


Mizala, Alejandra
Miércoles 15 de Octubre de 2008
La centralidad de los docentes

El reciente movimiento “Educación 2020” liderado por estudiantes universitarios de las facultades de ingeniería de varias universidades del país tiene grandes méritos. Uno de ellos es poner en el centro de la conversación a los docentes y directivos de nuestros colegios.

Esto es clave, porque los profesores son la piedra angular del sistema educativo. En efecto, una reforma orientada a mejorar la calidad debe focalizarse en la escuela y en la sala de clases, con el fin de que se produzcan efectivamente los aprendizajes de los estudiantes. En este sentido, estudios recientes de experiencias internacionales exitosas resaltan tres elementos: la importancia de atraer a las personas más aptas para ejercer la docencia, darles la oportunidad de desarrollarse y convertirse en educadores eficientes, y garantizar que el sistema educativo esté en condiciones de brindar la mejor instrucción posible a todos los niños. Algo similar muestran los estudios nacionales acerca de escuelas efectivas —las que son capaces de lograr buenos resultados con niños en situación de pobreza—, los cuales destacan la existencia de un liderazgo institucional y pedagógico y una gestión escolar centrada en el aprendizaje.

El programa Inicia recientemente anunciado por el Mineduc es un paso necesario, en particular si permite fortalecer y renovar el cuerpo académico de los centros formadores. Sin embargo, no es suficiente, ya que es también importante que la estructura de remuneraciones y la carrera profesional docente generen los alicientes para mejorar su formación continua y su desempeño. El Estatuto Docente actualmente vigente no da la posibilidad de promover al profesor dentro de su mismo cargo, sino que éste debe aspirar a otros puestos con el objeto de avanzar en su carrera y mejorar su remuneración. Los ascensos implican que los buenos profesores abandonan el aula. Al mismo tiempo, no se incentiva a los docentes a realizar un perfeccionamiento pertinente, puesto que la forma en que se accede a un cargo superior fomenta el “credencialismo”.

La estructura salarial actual tiende, con pocas excepciones, a remunerar diferentes esfuerzos y habilidades por igual. No diferencia entre quienes tienen buen o mal desempeño, no retribuye la mayor educación y se encuentra desvinculada de las actividades desarrolladas en los establecimientos escolares, como, por ejemplo, la colaboración con el desarrollo profesional de sus pares. Además, no diferencia entre especialidades donde hay escasez de profesores y aquellas en donde hay sobreoferta, y considera la antigüedad como la principal razón de los aumentos salariales. Esto último determina que finalmente se recompense más bien la edad que el desempeño efectivo en el trabajo.

Todo esto redunda en que, si bien los profesores en promedio no ganan menos que otros profesionales con similares características, los buenos profesores están mal pagados porque al ser los salarios parejos, el techo salarial es muy bajo. Esto desincentiva la entrada de los mejores estudiantes a la carrera de pedagogía y la mantención de los buenos profesores en la docencia. Por ello, es urgente diseñar una carrera profesional docente que premie el mérito profesional a través de la acreditación de diversas competencias, fortaleciendo la incorporación de esquemas de incentivos monetarios y no monetarios.

Esto por cierto no significa desconocer todo lo que se ha hecho hasta la fecha, ni olvidar la importancia que tiene contar con un marco institucional que defina los objetivos sociales y los transforme en estándares mensurables y verificables, estableciendo los mecanismos para su exigibilidad. Sin embargo, ninguna política dará frutos si los profesores no tienen la oportunidad de formarse adecuadamente, capacitarse y participar activamente de un gran esfuerzo colectivo por la calidad de la educación.


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1 Comentarios publicados
Posteado por:
Javier
18/10/2008 02:20
[ N° 1 ]

Estimada Alejandra.

Concuerdo con tu análisis y mi experiencia lo confirma. Yo soy profesor en un colegio municipal y estoy terminando un magíster en educación en la Universidad de Chile. De corazón me gustaría permanecer en este colegio trabajando con los alumnos que más lo necesitan. Pero lamentablemente los incentivos económicos y, quizás los más importante, los incentivos no económicos no permiten que con mi formación permanezca en el sistema.

Pero el movimiento generado por Educación 2020 me da esperanza de que en algún momento existan los incentivos no económicos necesarios para que ser profesor de un colegio público sea la profesión más valorada de nuestro país. Espero que no sea tarde para mí y para tantos profesionales que se esfuerzan por capacitarse y que nos veamos obligados a buscar mejores expectativas económicas y sociales.

Soñando y luchando para que un día, en mi país, todos tengamos una educación de calidad, se despide atentamente Javier.

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