Foco político
Viernes 10 de Octubre de 2008
Cuestión de confianza

Existe un virtual consenso en la idea de que la actual crisis financiera mundial es ante todo una crisis de confianza y que, mientras ese valor no se recupere, ningún rescate logrará normalizar los mercados. Algo parecido ocurre con la política chilena, donde los distintos actores están en pleno proceso de ajustar expectativas y cálculos, intentando descifrar las motivaciones y jugadas de los otros. Los alcances de la supuesta «bajada» de Ricardo Lagos, el apuro de los dirigentes oficialistas por declarar éste un caso cerrado, los conflictos internos de la DC y las escaramuzas RN-UDI, confirman hasta qué punto la desconfianza está presente, incluso entre aliados y correligionarios. Esta incertidumbre se añade a la que existe en el plano económico, cuya evolución, a su vez, puede transformarse en el elemento políticamente más decisivo, según el curso que siga y su impacto en el desempleo y la inflación. Aquí las noticias se anuncian inquietantes, con revisiones a la baja en las proyecciones de crecimiento y sectores productivos ya en problemas, al tiempo que acertadamente la Presidenta ha convocado a todos los partidos en la idea de enfrentar unitariamente el tema... un espíritu que contrasta con los reparos de la izquierda a que ella asista a la inauguración de un memorial en recuerdo de Jaime Guzmán.

¿Empezó la procesión? La encuesta de la Universidad del Desarrollo que publicamos hoy muestra que un 64% de los chilenos no le creyó al ex Presidente cuando dijo que no será candidato. Su propia intensa agenda en la campaña municipal tras aquella declaración, y frases tan sugerentes como “¿Quién es uno para andar cerrando absolutamente la puerta?”, justifican esa duda. A ello se suman las iniciativas de sus partidarios —desde recolección de firmas hasta declaraciones públicas— para pedirle que sí postule, basados en los sondeos que lo siguen situando como el mejor posicionado del oficialismo. Por otra parte, su crítica tajante a la cancelación del puente de Chacao y de su proyecto ferroviario no sólo implica una dura crítica a Bachelet —dividiendo así al oficialismo, pese a que el gobierno quiere evitar polemizar con él— y una implícita promesa electoral, sino que anticipa el tono del debate si optara por la candidatura.

Apresuramiento sospechoso. La dirigencia de los partidos reaccionó a aquella «bajada» dándola por hecha y apresurándose en señalar que ahora debe buscarse un mecanismo para designar a su abanderado. Hay evidente tensión entre Lagos y el actual establishment concertacionista, al que minimiza aludiendo a sus opiniones como “peccata minuta” (faltas leves), mientras el vicepresidente del PS Carlos Ominami —otrora su acérrimo partidario—, junto con coincidir con que “como candidato, Lagos tendría que dar muchas explicaciones”, dice que él representaría una suerte de “monarquía republicana” y estaría pidiendo una “rendición incondicional” a su liderazgo. El laguismo mira con sospecha a los dirigentes, se queja de que defienden poco la obra del ex Presidente y les atribuye una actitud derrotista, en que —ante la perspectiva de perder el poder en 2009— privilegiarían los acomodos partidarios. Y al contrario de lo que parecía a principios de semana, la figura de Lagos sigue amagando como una sombra a las otras postulaciones oficialistas, en especial a la de su ex ministro José Miguel Insulza.

El documento DC-PS. Ambas colectividades señalaron su “voluntad” de hacer todos los “esfuerzos” para que la Concertación tenga candidato único. Aunque no se usa el término “compromiso” (bajo la excusa de que la DC debe zanjar el punto en su Junta Nacional), ello es un cambio significativo respecto de las declaraciones de Soledad Alvear de que, si su partido la nominaba, llegaría hasta el final. Pero faltan definiciones: mientras socialistas, PPD y radicales privilegian las primarias como mecanismo —pese a los inconvenientes que les ve Insulza—, los partidarios de Alvear llaman a un acuerdo político. El documento tiene otra arista: la DC y el PS se obligan a actuar de consuno en los pasos posteriores a la elección municipal (léase pacto parlamentario), marcando distancia con el PPD y el PRSD.

La valla que le falta a Frei. La encuesta UDD lo muestra no sólo superando a Alvear y en empate técnico con Insulza entre los votantes concertacionistas, sino además como el mejor de los tres a la hora de enfrentar en segunda vuelta a Sebastián Piñera. Aunque con posición menos expectante en otros sondeos —estaría por debajo de Insulza, según Imaginaccion— esta firma también hace notar su «alza sostenida» y lo sitúa en empate técnico con una Alvear en baja. Pocos dudan sí que, en una primaria interna DC, la timonel lo superaría, dado su control del aparato partidario. De allí la estrategia de Frei de deslegitimar —avalado por los cuestionamientos del propio Servicio Electoral— el padrón interno y el que algunos de sus partidarios planteen una primaria abierta a la Concertación entera, saltándose la definición DC.

Alianza tras la tempestad. La semana partió con tambores de guerra, coletazo del «affaire» Lily Pérez: el senador Longueira lanzándose contra Piñera y anunciando «competencia total», palabras reforzadas por la reunión de la directiva de la UDI con posibles candidatos que buscarían arrebatarles sus cargos a actuales senadores emblemáticos RN. El tono de la discusión hacía revivir el fantasma de las antiguas disputas opositoras, pero Piñera optó por una actitud cautelosa y su propuesta de instalar una mesa negociadora post municipales fue bien recibida por la UDI, cuyo senador Andrés Chadwick plantea hoy la fórmula de «competencia inteligente»: propiciar ésta en las zonas donde la Alianza tiene o posibilidades de doblar, o posibilidades de perder un congresista.


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