Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 29 de Agosto de 2008
Cabezas de rumiante

Escribo estas líneas antes de partir a un Simposio sobre Machado de Assis organizado por la Universidad Estatal de Sao Paulo, Brasil, y antes de conocer la decisión del jurado de nuestro Premio Nacional de Literatura. Recibo un correo electrónico que llega de lejos, del otro extremo del continente americano, y me hace notar que alguien, con la mayor seriedad, ha propuesto descartar a los candidatos que estuvieron fuera de Chile durante los años del pinochetismo. Curiosa idea, me digo. De acuerdo con ella, en lugar de presentar libros y otros antecedentes de carácter literario, habría que presentarle al jurado certificados de residencia. Y el premio, a lo mejor, en lugar de llamarse Premio Nacional, debería pasar a conocerse como Premio Residencial.

Parece que otros candidatos y otros opinantes sostienen que el premio debería otorgarse a una mujer. ¿Premio Nacional Femenino de Literatura? Cuando esta crónica se publique, ya habremos salido de la duda. En cualquier caso, si el premio en sí mismo se convierte en noticia, si hace correr un poco de tinta, si estimula a los numerosos escribidores de correos electrónicos que andan por este mundo globalizado, no es mal asunto. En cuanto a las poetas y novelistas mujeres, pienso un poco y llego a la conclusión de que Chile fue un país tonto cuando permitió que a Gabriela Mistral le dieran el Premio Nobel antes de haber recibido el Premio Nacional, y lo fue después cuando no se lo dio nunca a María Luisa Bombal. También cometió errores garrafales al negarles el galardón a Vicente Huidobro, a Enrique Lihn, a Jorge Teillier, entre muchos otros. Pero a lo mejor aplicó los criterios residenciarios que se sugieren ahora. Vicente Huidobro aspiró la mitad de su vida a hacerse escritor francés. A Samuel Becket y a Eugenio Ionesco les resultó bien este empeño, pero lo de Huidobro fue un fracaso estrepitoso. Y méritos no le faltaron. En cuanto a Lihn y Teillier, la verdad es que patiperrearon demasiado por Italia, por Francia, por España, por Cuba. De acuerdo con la nueva norma de la residencia, todavía, es verdad, no legalizada, había que descartarlos sin mayores miramientos.


La historia del viaje que emprendo ahora a la ciudad de Sao Paulo es larga, se origina en la década de los cincuenta, y tiene uno que otro aspecto más o menos sabroso. Allá por el año 1955 me encontraba en la inauguración de una exposición de pintura en el Museo de Bellas Artes. Ya no recuerdo qué se inauguraba ni con motivo de qué. Enrique Bello, gran amigo, gran animador y comentarista de la vida cultural de entonces, fundador de la revista Pro Arte, me indicó a una persona que estaba en un rincón: un hombre de unos cuarenta años de edad, silencioso, con cara de aburrido. Vamos a saludarlo, me dijo, porque es un notable escritor y periodista brasileño, y aquí me da la impresión de un pez fuera del agua. El personaje se llamaba Rubem Braga, era inmensamente leído en sus crónicas diarias en la prensa de su país, y era querido por los poetas del Brasil de esos días por su calidad de poeta bisiesto; esto es, poeta escaso, que sólo escribía un poema en los años bisiestos. Conversamos un rato con Rubem Braga, quien, según supe más tarde, residía en Santiago en calidad de jefe del “escritorio comercial” de su país, y de repente me preguntó si había leído a Machado de Assis. Pues bien, no sólo no había leído a Machado de Assis, ni siquiera tenía la menor idea de quién era.


Rubem me prestó algunos libros, y ahora, con la perspectiva de tantos años, puedo asegurar que su lectura fue una de las experiencias literarias más duraderas, más constantes, más apasionantes que me ha tocado vivir. No es la única, desde luego. Aquellos fueron los años del descubrimiento de Borges, de Franz Kafka, de William Faulkner, de Julio Cortázar, de muchos otros. Fueron, para decirlo de algún modo, años de descubrimientos, de revelaciones deslumbrantes, de lecturas inolvidables. Leí, por ejemplo, a Proust durante una larga convalecencia, como corresponde, y hay escenas que no he olvidado hasta el día de hoy. Cuando viajé a París por primera vez, en la primavera europea de 1960, conocía calles, plazas, rincones, parques, a través de mi lectura de la
Recherche, detalle que causaba gran sorpresa a algunos de mis amigos. Una tarde me pareció reconocer el paraje de los Campos Elíseos donde la abuela del narrador sufre el primer ataque de la enfermedad que la llevaría a la tumba, y alguien me miró con una expresión que casi era de rabia, que quizá lo era.

El Río de Janeiro que también conocí por aquellos años ya estaba contaminado por mi lectura de Varias histórias, de Memórias Póstumas de Brás Cubas, Dom Casmurro, Quincas Borba. ¿Por qué Machado de Assis?, me pregunta un amigo, casi como un reproche, y le contesto con otra pregunta: ¿Por qué no Machado de Assis? Mi amigo tiene el firme propósito de no leerlo nunca, y seguirá asombrado de mi preferencia durante el resto de sus días. En aquellos años lejanos, ya quizá en los comienzos de los sesenta, me encontré en la casa de Nicanor Parra, en los faldeos de La Reina, con el poeta beatnik Allen Ginsberg. Hablamos, no sé por qué, del autor de Esaú e Jacó, y Ginsberg, el poeta de Aullido y de muchos otros poemarios inolvidables, me dijo lo siguiente: Machado de Assis es nuestro Kafka.

Lo que a mí me sedujo desde el primer momento, desde las primeras líneas de dos cuentos maestros —Unos brazos y Un hombre célebre —, desde las palabras al lector de las Memórias Póstumas, fue el tono original, único, nunca escuchado antes en estos parajes, de los numerosos narradores machadianos. En el capítulo primero de las Memórias, el supuesto autor, el memorialista inventado, nos cuenta: “Durante algún tiempo no supe si debía abrir estas memorias por el principio o por el fin; esto es, si pondría en primer lugar mi nacimiento o mi muerte…”. Siguen algunas reflexiones, y el párrafo termina de esta manera: “Moisés, que contó también su propia muerte, no la contó en la introducción sino en el epílogo: es una diferencia radical entre este libro y el Pentateuco”.

Ahí tienen ustedes un primer esbozo, una muestra mínima. En algún recodo de su obra, larga y variada, Machado de Assis confesó que tenía “cabeza de rumiante”. Otro cabeza de rumiante, pensé, dentro del panorama latinoamericano, es Jorge Luis Borges. Nosotros, en cambio, en Chile, tenemos más de algún rumiante, pero demasiadas cabezas de chorlitos. La situación, en resumidas cuentas, es diferente. Siempre he sentido que Borges y Machado de Assis tienen más de algo en común, pero no es fácil precisarlo. Quizá la afición a la literatura inglesa del siglo XVIII, a lo que antes llamaban humoristas ingleses. Borges, además, es un aficionado a los ensayistas del siglo XIX, a Carlyle, a Robert Louis Stevenson, incluso a Chesterton y Oscar Wilde. Los ingleses, o quizá los escoceses, acuñaron la expresión de “ensayo familiar”. Me siento muy cercano a esa familia de ensayistas. Aunque sea, si quieren ustedes, un pariente pobre. He aquí un rasgo común: se puede releer a Machado de Assis toda la vida, a lo largo de medio siglo y de más de medio siglo. Lo mismo sucede con Borges, aun cuando Borges, a veces, muestra un poco la hilacha, y Machado de Assis, el autor de Dom Casmurro, al menos para mi gusto personal, no la muestra nunca.


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12 Comentarios publicados
Posteado por:
Dario Castillo
02/09/2008 16:55
[ N° 1 ]

Leo sus articulos con detencion y tengo la sensacion que aprendo,aunque aveces me parece demasiado autorreferente.

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Audito Saavedra Martinez
01/09/2008 18:32
[ N° 2 ]

No me gustó tanta alabanza a escritores extranjeros, cuando sabemos que en Chile, existen muy buenos escritores, lo que pasa es que siempre se aplica el chaqueteo, se pelean unos a otros por menudencias, yo siempre leo más que a los extranjerros a nuestros escritores y debemos en conjunto destacarlos y no andar buscando a otros de otras latitudes, para mi es un muy mal ejemplo, que si es extranjero y a lo mejor un apellido de difícil pronunciación es mejor que un chileno de pura cepa de nuestro terruño, elevemos nuestros escritores leámoslos y dejémonos de vanagloriar a los que no conocemos, ni mucho menos lo que escriben de su entorno, demostremos que somos buenos para las letras, que no se destacan muchas veces en vida, después los alabamos cuando ya es demasiado tarde, aunque susu escritos traspasen las fronteras y son en muchas oportunidades textos obligados en otros países y en Chile, ni se les nombra porqué, porque somos muy mal agradecidos de lo que tenemos y preferimos aunque malo que sean de otras latitudes. Apliquemos la máxima si es chileno es bueno aquí y en la quebrada del ají.Viva el vino tinto chileno o no...

Posteado por:
Hugo Errázuriz
01/09/2008 13:34
[ N° 3 ]

Artículo premonitorio ,ya que el premio lo recibió un franco-chileno o si ustedes lo prefieren un chileno-franco, sin mayor esfuerzo el retruécano se transforma en las armas que se vale este poeta para decir la verdad . Poeta de lo cotidiano cuya poesía es un grito de denuncia hacia lo que pasó allá adentro, escrita en parte afuera, durante los años duros para muchos y que fue un paraíso para los otros, para aquellos que no necesitaron irse, cuando se volvió a la supuesta democracia y les tocaba a ellos irse, porque todo ya estaba negociado y nos quedamos con esa amargura, ya que estos tal vez nunca alcancen un premio tan preciado
por no haber tenido la suerte de escribir desde afuera, pensando en lo de adentro. Pienso en Cortázar, en su prosa tan argentina escrita en su país de adopción, me refiero preferentemente a "Rayuela", novela cuyos personajes tambalean como los muchachos que juegan al luche y que Cortázar los manipula como si hubiera un puente entre el allá y el aquí, es decir , un adentro y un afuera que los marcará todo el resto de sus vidas.
En cuanto a las lecturas recomendadas, felizmente están los escritores como Edwards que nos evitan de leer respetando el orden alfabético de las novelas que duermen en los pasillos de los estantes de las bibliotecas, pero si por eso del destino les cae en las manos algo escrito por un cierto "Archimboldi", no duden en leerlo; tal vez, les cambiará la vida.

Posteado por:
SIXTO LEMUS
01/09/2008 13:34
[ N° 4 ]

Ud.. con su ego como dijo alguien el otro dia y con la envidia que me corroe le digo que siga viajando nomás..Yo lo hice TRABAJANDO no usufructuando de las arcas estatales ni becas extrañas(15 años en navios de pasajeros por el mundo) y sólo a Ud., se lo digo..pero buen inglés no EL atarzanado de exiliados retornados del oficialismo de hoy..

Posteado por:
JL.L.GUTTY-
01/09/2008 12:17
[ N° 5 ]


ME ENCANTO SU ARTICULO...PORQUE NOS HABRE LOS OJOS...A TAN GRANDES E INTERESANTES ESCRITORES..LO QUE ME HARA BUSCARLO...PARA PODER CONOCERLO...LE DOY LAS GRACIAS POR SU GRAN APORTE A NOSOTROS MODESTOS LECTORES...FELICIDADES Y BUENAVENTURA EN EL FUTURO ...PRESENTE.

ATENTAMENTE...J.L.GUTTY.

Posteado por:
aurelio fernández
01/09/2008 11:49
[ N° 6 ]

En la prensa cultural chilena siempre aflora la descalificación gratuita. ¿Por qué, según Edwards, Borges muestra la hilacha? Soy borgeano de toda la vida y creo que es un insulto gratuito a mi ídolo. Lo mímimo es que Edwards trate de fundamentar su injurioso aserto. En su tiempo, Ignacio Valente sostuvo que consideraba a Borges un poeta menor, pero trató de fundamentarlo en un artículo, bisturí en mano, con ejemplos y análisis que uno puede compartir o no. Eso es honestidad intelectual. Edwards deja caer la pachotada al final de la nota, sin más, como si se tratara de una verdad universalmente aceptada. Eso es mala leche.

Posteado por:
Juan L. Rozas E.
31/08/2008 19:31
[ N° 7 ]

resulta extraño, pero no pude parar de leer hasta el termino del parrafo, da gusto una lectura tan amena y enseñadora felicitaciones

Posteado por:
JUAN
30/08/2008 23:42
[ N° 8 ]

TODA UNA CATEDRA DE LITERATURA. Y después se dice que
en Chile no hay buen periodismo literario.
Resulta que el premio Nacional recayó en Efrain Barquero, a mi juicio una muy digna elección de un poeta de mucha sencillez y sentimiento. Lo leia junto con Teillier, en mi juventud de los setentas.
Pero no tengo ni la erudición ni la pluma de Jorge Edwards (como para comentarlo), como el dice, no soy mas uno de los numerosos escribidores de correos...algo soy entonces.
La Memoria en el arte literario es fundamental. Yo jamás recuerdo "bien" una novela despues de leida, y eso es un pecado contra el "verbum lirico" que quiere atrapar al tiempo a toda costa, ese tiempo psiquico que se va "enrrollando" dentro de nosotros, y que solo la Memoria es capaz de recuperar. Ojalá
que el Maestro Jorge Edwards nos siga enseñando Literatura Chilena y Universal a través de este medio, nos muestra un anticipo de eternidad.

Posteado por:
José Luis Cifuentes T. toledo382@gmail.com
30/08/2008 22:12
[ N° 9 ]

Don Jorge, interesante y oportuno el comentario sobre Machado de Assis. Lo leí por vez primera a comienzos de la década del 80. La editorial Andrés Bello publicó Dom Casmurro, novela que termina cuando uno desea que siga y no queda otra que comenzar a inventar el resto de la historia.
A propósito de los novelistas chilenos, no le parece que en este país, llamado de poetas, adolecen los escritores chilenos de una 'mirada histórica', me refiero a que en la mayoría se nota falta de profundidad en el relato, de cierta insustancialidad, de liviandad banal; eso que hace que uno los pueda leer después de medio siglo y los identifique en una temporalidad que no por pasada se hace añeja.No será que falta una mezcla de historia y poesía, eso que tienen Machado de Assis y Borges.
En cuanto a la hilacha de Borges, puede se la traición de conocer mucho. Se me ocurre...

Posteado por:
Félix Riveros Morales
30/08/2008 18:04
[ N° 10 ]

Brillante artículo de Jorge Edwards. Nos hace apreciar a un escritor brasileño desconocido por muchos. Me incluyo.

Posteado por:
Un ignorante más
30/08/2008 12:07
[ N° 11 ]

Don Jorge:
No creo que en este diario encuentre alguien capacitado para hacer algún comentario. Apenas saben escribir y lo hacen con cualquier cantidad de faltas de ortografía. Es lo que tenemos ¿nó?

Posteado por:
patricio larrain
29/08/2008 21:28
[ N° 12 ]

Tomo nota sobre Machado de Assis, quiza empiece a leer su obra. Sobre Borges, lo lei cuando vivia en Merida Yucatan ; me pasaba horas enteras pegado a sus paginas,tanto asi, que hasta descuide mi trabajo , mismo que era mi propio dueño. La enseñanzas de Borges perduraran en mi por siempre. Me guio por sobre sus fabulaciones ; sus parabolas o metaforas existen hasta hoy en mis recuerdos...amen de otros genios de las letras que releo constantemente; y siempre esta presente Don Jorge Luis Borges, su hilacha como dice Ud., tambien la reconozco pero me hago el occiso con ella. Pues no es relevante, es solamente una micra de algo.

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