Edwards, Jorge
Edwards, Jorge
Viernes 22 de Agosto de 2008
Cuarenta años no es nada
Busco en la prensa escrita noticias de la República de Georgia y me encuentro con una nota sobre los cuarenta años de la invasión de Praga, en los tiempos de la desaparecida Checoslovaquia, por las tropas del Pacto de Varsovia. Sucesos de una época pasada y enterrada, me digo, y a la vez, de un modo paradójico, no tan pasada ni tan enterrada. Teníamos la impresión, hasta hace muy poco, de que el temible Ejército Rojo se había desmoronado, pero ahora, a juzgar por las noticias de Georgia y de Osetia del Sur, parece que hubiera renacido de sus cenizas. Un editor extranjero nos recordó ayer o anteayer una frase de Ambrose Bierce, autor norteamericano del Diccionario del Diablo y de otros textos notables: las guerras son los medios que emplea Dios para enseñarnos geografía. Y para enseñarnos o refrescarnos la historia, podríamos añadir. Busco Georgia en un atlas universal, trato de ubicar Osetia del Sur y Abjasia, y recuerdo, como si fuera hoy, las imágenes de los jóvenes checos que les tiraban piedras a los tanques soviéticos que ingresaban a la Plaza de Wenceslas. ¿Significa esto que la historia se repite, que no hay progreso posible, que la caída del Muro de Berlín fue una simple ilusión? Habrá que ir por partes: tendremos que tratar de entender lo que ha sucedido después del fin de la Guerra Fría. El cambio existe, desde luego, pero los viejos imperios, con sus largas tradiciones, con sus rupturas y revoluciones, cambian menos de lo que uno tiende a suponer. En Rusia siempre hubo algún Stalin antes de Stalin, como lo sugirió con astucia, tratando de eludir la censura, Sergio Einsenstein en su extraordinaria película Iván el Terrible. Y suponemos que siempre existió algún tenebroso Lavrenti Beria, el jefe de la policía secreta estaliniana, antes del propio Beria. Lo cual nos conduce a preguntarnos cuál es y dónde está, por quién ha sido asumida, la herencia, la continuación actual de aquellos personajes.
El año 1968 fue un año agitado, pesado, contradictorio, lleno de ilusiones y desengaños dramáticos. Visité Cuba por primera vez en enero y pasé tres días en Praga a fines de febrero. Salí a la calle una mañana, guiado por un amigo hispanista, editor y traductor, y nos encontramos con una multitud exaltada, que escuchaba a dos dirigentes políticos asomados a un balcón. Uno era Novotny, representante de un régimen estalinista que daba la impresión de encontrarse en sus etapas finales, y el otro Alexander Dubcek, el aparente profeta y conductor de los nuevos tiempos. Cuando hablaba Dubcek, la gente agolpada en aquella plaza aplaudía y lanzaba ovaciones a rabiar, en un estado de emoción colectiva incontenible. Cuando le tocaba el turno a Novotny, el todavía gobernante, las pifias eran atronadoras.
Después de ese breve paso por Praga, llegué a París, me instalé en un hotel barato y me dediqué al periodismo y a la escritura, en un paréntesis de mis tareas en la diplomacia profesional. Una tarde viajaba con mi mujer en el metro y el tren subterráneo se detuvo en la estación de Saint Michel, en pleno corazón del barrio latino. Se abrieron las puertas automáticas y entraron pelotones de jóvenes que reían y que lagrimeaban, seguidos por el olor y el picor inconfundibles de los gases lacrimógenos. Era la revolución estudiantil de mayo que había comenzado por ahí cerca, en los patios del edificio principal de La Sorbona: los sucesos de mayo, como iban a ser conocidos en la prensa de todas partes, sucesos que, al final, en un balance desapasionado, no influyeron demasiado en el sistema político, pero sí en las costumbres, en los estilos, en una atmósfera que iba a dominar en todo el resto del siglo.
Regresé a Chile en junio y las autoridades del Ministerio de Relaciones me nombraron jefe de un departamento que acababa de crearse: el de Europa Oriental. Se trataba de organizar las nuevas relaciones diplomáticas, que habían empezado a establecerse hacía poco tiempo, con la Unión Soviética y con los países de Europa del Este. Ahora me acuerdo de interminables conversaciones, recepciones con gente que llegaba desde esa parte del mundo, comidas que ofrecía el embajador soviético a representantes de lo que se llamaba el poder joven, encuentros con funcionarios, dirigentes, intelectuales húngaros, polacos, rumanos, checos, etcétera, etcétera. Parecía que las etapas de aquello que se llamaba Primavera de Praga iban en un crecimiento vertiginoso y se acercaban a una culminación inminente y a la vez imprevisible. Cuando se produjo la invasión de los tanques, en la segunda quincena del mes de agosto, me acuerdo del embajador checo en el salón rojo del ministerio, en el ala sur de La Moneda, asegurándonos que nadie, ninguna autoridad de Checoslovaquia, a diferencia de lo que aseguraban en Moscú, había solicitado esa intervención. La emoción era intensa; la sensación de que la izquierda del mundo había perdido la esperanza de un cambio renovador, refrescante, indispensable, era sentida por muchos como un gran drama del siglo.
La verdad es que los intentos de liberación democrática, los arrestos de un deshielo, de una desestalinización del bloque comunista, no habían comenzado en la Praga de esos meses y tampoco terminarían ahí. Nikita Kruschev había encarnado una etapa, un deshielo sofocado, fracasado, y años más tarde vendrían la perestroika y la glasnost de Mijail Gorbachov. Fuimos muchos los que celebramos la caída del Muro de Berlín como un cambio de página definitivo. Pero si se tiene un poco de experiencia en los avatares y los zigzagueos de la diplomacia, hay que desconfiar de todo lo que parezca definitivo. A juzgar por noticias recientes, los rusos de estos días sienten una nostalgia profunda del imperio, de su influencia perdida, de los hombres fuertes del pasado, aunque se llamen José Stalin o Nicolás II.
En un contexto así, el análisis de la guerra o de la semi guerra de Georgia tendría que proceder con pies de plomo. Uno tiende a pensar que el ataque georgiano a Osetia del Sur, una de las provincias separatistas, se concretó en el momento menos oportuno, más peligroso: cuando los sentimientos nacionalistas rusos, demostrados en el apoyo mayoritario a Vladimir Putin y a su sucesor, empezaban a levantarse y adquirían algo así como una velocidad de crucero. Nadie que haya estudiado un poco estos fenómenos, ya demostrados hace cuarenta años en los días de la invasión de la antigua Checoslovaquia y reiterados a lo largo de los años de las más diversas maneras, podría pensar que la invasión de las provincias separatistas, pro rusas, por tropas georgianas, dejaría a Moscú de brazos cruzados. La reacción política y militar rusa era completa y absolutamente previsible. ¿Para qué se hizo entonces la invasión inicial: para estudiar la reacción de Putin, de Medvedev, de los generales, para provocar un cambio del statu quo, para ver si los rusos, tomados por sorpresa, no hacían nada? La verdad es que no encuentro ninguna explicación medianamente convincente. Y si fue un simple tanteo bélico, estimulado de alguna manera por Washington, temo que haya sido un error garrafal. La situación todavía no está resuelta y la sigo de cerca, en la medida en que la lejanía chilena me lo permite, pero confieso que la sigo sin el menor optimismo. Con un sentimiento que se parece bastante a la angustia.
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15 Comentarios publicados
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Maria irene olivares Venezueal
30/08/2008 09:32
[ N° 1 ]
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Senor Edwards;Muy acertada su reflexion,creo que hemos avanzado en forma impresionante en todo lo que es tecnologia,pero como seres sociales y como muchos que aspiramos a un mundo mejor donde podamos superar nuesras diferencias para subir el nivel de toda nuestr asociedad siempre retrocedemos.Aparecen estos lideres con esos egos y con ideas que muchos no compartimos para nada,y que aplastan a sus coterraneos.
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Enrique Salinas Martìnez
25/08/2008 20:47
[ N° 2 ]
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Don Jorge lo felicito por sus columnas porque son un verdadero oasis dentro de la mediocridad reinante y debo decirle que me siento muy orgulloso como chileno de todos los reconocimientos que Ud.ha obtenido en el extranjero porque ellos hablan mejor que nadie de quièn es Ud..Y lo ùltimo serìa rogarle no hacer caso de esos comentarios tan odiosos que de repente le envìan gente tan detestable.
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Carlos Cerda
25/08/2008 18:03
[ N° 3 ]
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Estimado Jorge,
Me ha gustado mucho tu comentario, particularmente el equilibrio de tu enfoque. Al final dejas en evidencia algo en lo que muchos hemos pensado. ¿No se tratará este caso de otro error de la política exterior de los Estados Unidos?
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Aníbal Barca
25/08/2008 17:51
[ N° 4 ]
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Ya es para la risa: este columnista escriba de lo que sea, hace aparecer en escena su YO descomunal. A veces uno piensa que ya está chocheando: pero no. Es su EGO monumental. El columnista de LUN, A. Gil, lo retrató maravillosamente en su columna de hace un par de semanas atrás.
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MONTSERRAT VILAJUANA RIGAU
25/08/2008 15:17
[ N° 5 ]
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¿ CÓMO QUE CUARENTA AÑOS NO ES NADA ? ¿ CUANTOS DEBERIAN SER ?
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YERME
25/08/2008 01:33
[ N° 6 ]
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sr. edwards 40 años no es nada ,pero mas de un siglo es mucho para el pueblo mapuche que esta en guerra ,vemos como los jovenes con boleadora , hondas,y con piedras se defienden,contra policias militares con armas,vemos como la araucania esta en llama ,ya van varios jovenes mapuches muertos en esta guerra silenciada y que han escrito usteden sobre estos jovenes muertos , en estos ultimos años emos visto la caida del muro y la caida de la gurra fria pero eso nadad sirve si sigue la desiglada ,la pobresa,pueblos en la miseria , el pueblo mapuche reprimido por el estado , DEFENDEMOS LA ARAUCANIA QUE ESTA LLORANDO LOS JOVENES MUERTOS ( LA ARAUCANIA ESTA EN LLAMA DETENGAN ESA GUERRA ).
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Francisco Balart
24/08/2008 18:41
[ N° 7 ]
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Rusia es, ha sido y probablemente seguirá siendo... Rusia. Lo demás es música celestial.
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Sandro MIramar
24/08/2008 15:33
[ N° 8 ]
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Creo que la ultima parte del texto del senor Edwards es la mas certera. Lo anterior es solo anecdotico, porque el mundo va muy rapido.
A mi entender, la crisis de Georgia equivale a un partido de ajedrez politico y estrategico internacional donde una de los "jugadores" esta midiendo el peso de su influencia y la capacidad de reaccion del contendiente. Juego demasiado peligroso, por cierto.
El segundo partido, que ya se inicia con los acuerdos entre Polonia y USA, hace recordar la crisis de los cohetes de 1963 y puede ser de consecuencias calamitosas.
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Hugo Errázuriz
24/08/2008 06:09
[ N° 9 ]
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Realmente me parece ingenuo creer que en un dos por tres se puede revertir la historia y sobre todo la historia de estos países que se han invadido los unos a los otros a través del tiempo. En Europa han habido muchos intentos por mejorar la vida de sus ciudadanos y uno de los más importantes, creo, y el que transcendió fronteras fue "La Revolución Francesa", en la cual se cometieron muchos errores, graficando un poco este acontecimiento, no hace mucho que caminaba por un pueblito de la Côte D'or cerca de Dijon y me llamó la atención el arco de la entrada principal del Municipio, que tenía esculpido en la piedra: "LIBERTAD-IGUALDAD- FRATERNIDAD-DECAPITACION", sólo con el correr del tiempo y a más de doscientos años de este acontecimiento podríamos decir que en Francia se intenta, bien digo, poner en práctica sólo las tres primeras palabras del epígrafe revolucionario. Mirando un poco la famosa revolución Rusa, con erre minúscula desde luego, no consiguió sus objetivos fundamentales, ya que no hubo el destronamiento de la clase dominante, ustedes tal vez me dirán que sí, pero cómo explican, que cayendo el muro hayan más ricos que en los propios países que como la Francia nunca han hablado de "revolución proletaria".
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Schopenauer
23/08/2008 21:47
[ N° 10 ]
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Sr. Edwards,
Sigo su lógica, parece una maniobra arriesgada la Georgiana. Pareciera ser una jugada de ajedrez que apostaba al jaque en terrenos de Osetia, a la espera de la movilización de sus amigos en occidente, cuestión que no ocurriría. Una muy mala jugada. Lo próximo: el deseo del Kremlin de remover, o al menos, debilitar al gobierno Georgiano.
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Francisco Solar
23/08/2008 18:09
[ N° 11 ]
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Como siempre de parte de los chilenos : " en alguna parte tienen que meter a USA en cualquier situacion que ocurra en el mundo para de alguna manera que quede ese colgando en el aire y no culpar 100% la maquinaria rusa comunista que actua totalmente sola y que siempre aspiro a retomar su control de los satelites por la fuerza y la muerte de civiles que se opongan.....y ante la mirada inocentes de los paises de EU o de Europa entonces....". Los rojos nunca cejaran en su deseo de oponerse al mundo civilizado y democratico representado por USA.
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JUAN
23/08/2008 17:08
[ N° 12 ]
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UN MUY ERUDITO RECORDATORIO DE LA POLITICA MODERNA.
PERO pienso que avanzados ya en la Postmodernidad las
lógicas pueden ser otras. Es cierto que el Ejercito Rojo busca remozarse, como que sus antiguos cazas estratétigos apenan pueden despegar. De ahi, en parte, sus aventuras sin-destino contra Georgia y sus "bravatas" contra Polonia. Pero las consecuencias serian catastróficas y estimo que el Alto Mando tiene
poco poder político en comparación al que tuvo cuando la cohorte de generales PC-extremo hacian temblar a Occidente entero, incluido el Guardían Solitario.
No. La posmodernidad es una era de Revoluciones de otro tipo que politico-tradicionales y bélicas.
Primero, hay una gigantesca revolución tecnológica, por primera vez desligada de los Institutos Militares.
Segundo, hay una Revolución en paradigmas religiosos,
impulsada por la transversalidad de los valores y un simbolismo renovado. Y tercero, hay una revolución socioeconómica con los mas altos niveles de Movilidad
Social de que se tenga memoria.
Apuesto por un Optimismo Moderado, que, pese a enormes
contradiciones, la Humanidad esta retomando la brújula del destino.
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Francisco Javier Parra V.
23/08/2008 15:46
[ N° 13 ]
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"La historia es un circulo Eterno". cambian los nombres y lugares pero se conservan la sustancias anteriores.
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sixto lemus
23/08/2008 15:38
[ N° 14 ]
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Hablemos mejor que la caridad empieza por casa, si le sumamos la campaña izquierdista al mentado compañero Allende, serían para Chile 40 años de tragedia, son y mucho pasando enseguida por un Gobierno Militar obligado por las circunstancias y cacerolazos de la mujer chilena lo cual nos alejó en la práctica del Comunismo, para caer nuevamente en la tortura izquierdista concertacionista a la fecha.
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Escipion El Africano
22/08/2008 20:49
[ N° 15 ]
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¿ La misma angustia que le provocò participar de esas entretenidas reuniones con la gente de Europa Oriental
en sus tiempos de funcionario del Ministerio de RR.EE.¿
¿ Alguna vez les represento a ellos la necesitad de libertad de millones de personas de esos mismos paises, oprimidas por las "Stassiª,"KGB", "GRU" u otro siniestro organismo similar ?
¿ En Cuba, represento al famoso "Colorado" Jefe de la Inteligencia de ese Pais; las privaciones que sufrìa su pueblo?
Debo suponer que todas mis inquetudes nunca fueron planteadas en forma pùblica ni oportuna, al disfrutar del caviar Ruso ni de un "mojito".
No saca nada con contarlas ahora. Eso no va a consolar ni a los balseros cubanos que se ahogaron en el Caribe, ni a los Alemanes que murieron colgando de las alambradas del Muro de Berlin; como asimismo tampoco a sus familiares.
Le insisto...a ver, si de una buena vez ,escribe alguna columna en forma consecuente.
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