Edwards, Jorge


Edwards, Jorge
Viernes 08 de Agosto de 2008
Una vuelta de página

Las imágenes del entierro solemne de Alexander Solzhenitsyn, con su ataúd descubierto, desbordante de flores, rodeado por el Jefe de Estado de mano en el corazón, los grandes dignatarios eclesiásticos de la Rusia de hoy, la familia, los guardias militares uniformados, las banderas y los emblemas, son impresionantes para cualquiera, pero sobre todo para una persona de mi generación. Yo me encontraba en Francia, de recién estrenado tercer secretario de la embajada chilena, cuando se publicó en Occidente Un día en la vida de Iván Denisovitch. Esa novela, en aquellos días de comienzos de la década de los sesenta, fue una sorpresa extraordinaria: una indicación clara, cierta, de que detrás de la Cortina de Hierro, debajo de las capas de hielo del estalinismo en retroceso, había una vida que palpitaba, una humanidad que trataba de manifestarse. Ahora parece probable que sin la denuncia de los crímenes de Stalin, iniciada por Nikita Khruschev en 1957, y sin la primera apertura del propio Khruschev, sin lo que se llamó entonces el deshielo, esa obra de Solzhenitsyn no habría podido salir nunca a la luz y leerse en todos los idiomas. Ese texto demostraba, con su veracidad, con su fuerza interna, con su honestidad indudable, que la gran tradición de la novela rusa del siglo XIX, la de Dostoievski y León Tolstoi, la de Turgueniev y Anton Chejov, no había desaparecido del todo. Nadie creyó en el mundo literario europeo que Solzhenitsyn alcanzara los niveles de Guerra y paz o de Crimen y castigo, es decir, los niveles más altos de la literatura de todos los tiempos, pero había un aire, una atmósfera, un clima emocional que eran reconocibles. Aunque fuera un personaje más modesto, más limitado, menos arrebatado, Iván Denisovitch pertenecía a la misma especie humana de un Raskolnikov, de un príncipe Mishkin, de un Pierre Bezujov. Las décadas del estalinismo, en buenas cuentas, no habían conseguido destruir las raíces de la espiritualidad rusa. De alguna manera, este fenómeno, esta comprobación esencial, anunciaban el inevitable cambio futuro. Se producía una situación mental paradójica: la vuelta del pasado, al menos en los terrenos del arte, anunciaba la aparición de tiempos enteramente nuevos. Porque solíamos escuchar la voz de algunos poetas que habían conseguido sobrevivir o que habían aparecido de repente, no se sabía cómo, en las generaciones jóvenes —los Vozneziensky, los Evtuchenko—, pero daba la impresión de que la censura oficial, la represión generalizada, el imperio de las consignas, habían terminado con el género de la novela, género incorrecto, impertinente, provocativo por definición, para siempre. Y el insospechado relato de Alexander Solzhenitsyn, que llegaba desde el fondo de la vida cotidiana rusa, era una prueba impresionante, contundente de lo contrario.

Me tocó asistir en Salzburgo, en la primavera de 1964, invitado por el editor y poeta Carlos Barral, a una encendida discusión acerca de los valores comparados de Nathalie Sarraute, de Jorge Luis Borges, y del autor de Un día en la vida de Iván Denisovitch y de Pabellón de cancerosos, novela que ahora no sé si ya se anunciaba o si acababa de aparecer en las librerías occidentales. Borges, el conservador, surgía en esos días como el gran renovador literario: la expresión más refinada, más original y a la vez más insólita de la nueva literatura latinoamericana. La francesa Nathalie Sarraute, a la cabeza del llamado nouveau roman, era la experimentación literaria encarnada, una etapa diferente de la gran vanguardia estética del siglo pasado. Solzhenitsyn, en cambio, resultaba muy difícil de clasificar. Nadie podía negar su evidente interés político y hasta moral, pero su primera novela, en el ambiente crítico de aquellos días, parecía demasiado lineal, anacrónica, decimonónica. No sé si los críticos de la reunión de Salzburgo, la gente como Roger Caillois o como Gabriel Ferrater, se equivocaban en sus juicios más bien severos acerca del novelista ruso. Quizá no erraban en las dimensiones narrativas, estéticas, puramente formales, pero creo que no prestaban la debida atención al aspecto más impuro, menos abstracto, menos exclusivamente verbal que tiene y que siempre ha tenido la novela en comparación con la poesía. Solzhenitsyn, en efecto, era un novelista del siglo XIX extraviado en lo mejor del siglo XX. Pero había otro aspecto digno de ser considerado: Sarraute era una delicada tejedora de lenguaje, una maestra indiscutible; Borges, un asombroso contador de historias, un filósofo desconcertante, un humorista, un bromista superior. Solzhenitsyn, en cambio, admirado y vapuleado, aunque no fuera un novelista de la categoría de Dostoievski, era un auténtico personaje dostoievskiano, un Mishkin, un miembro de la familia Karamazov, una especie de pope iluminado y extraviado en las estepas y en las provincias de la vida soviética. Desde una perspectiva exclusivamente formal, el formidable Archipiélago Gulag que vino más tarde es una aberración: mezcla de novela, investigación histórica, alegato, confesión, testimonio personal. Fue un libro excesivo, sin duda, pero a la vez absolutamente necesario en un siglo de excesos, de violencia desatada, de crueldades interminables. Muchos creen que su autor al final se equivocó y que terminó convertido en un santón, un integrista ruso más o menos sospechoso y hasta incómodo. El caso es que había propinado un mazazo feroz a algunos de los pilares ideológicos de su siglo, y el remezón, en definitiva, había sido saludable, redentor, incluso.

Recuerdo, ahora, a propósito de Solzhenitsyn, una historia interesante de Pablo Neruda cuando era embajador en París durante el gobierno de la Unidad Popular chilena. En su calidad de gran abanderado de la causa comunista en Occidente, el poeta sostenía que los golpes soviéticos en contra de sus disidentes se traducían en golpes equivalentes contra los intelectuales comunistas occidentales. Era un argumento equívoco, desequilibrado, por la sencilla razón de que los ataques occidentales no conducían al gulag o a la destrucción física. Sea como fuere, Leonidas Brejnev, entonces jefe del Estado Soviético, hizo un viaje oficial a Francia y le concedió una entrevista al poeta y embajador del Chile de Allende. Pienso hablarle de Solzhenitsyn y nosotros, me aseguró Neruda. Lo acompañé en el automóvil nuestro y lo esperé en la antesala de la embajada soviética en París. Poco después, cuando regresábamos a la embajada chilena, situada al otro lado del edificio de los Inválidos, le pregunté si le había hablado a Brejnev, como había anunciado, del autor del Archipiélago Gulag. Sí, dijo Neruda, le hablé. ¿Y qué te respondió? Absolutamente nada, me dijo Neruda, sin inmutarse: me escuchó con expresión de paciencia, y cuando terminé mi argumentación, cambió completamente de tema.

Era imposible imaginar un silencio más elocuente, más terminante. En los años de Brejnev, Solzhenitsyn, el sucesor de Dostoievski, había dejado de existir y hasta fue privado de su nacionalidad y expulsado de su tierra. Nosotros también supimos de esas cosas, de esos destierros y esos silencios, en el tiempo que siguió. Y ahora me pregunto qué habría sucedido si Leonidas Brejnev, el oscuro, el coleccionista de automóviles de lujo, el último de los secretarios generales a la antigua, hubiera sobrevivido y hubiera muerto en estos días. ¿Habría tenido los funerales de Estado, las banderas y las guardias militares del por él silenciado, ignorado, humillado Solzhenitsyn? Supongo que no, y esto me lleva a reflexionar una vez más sobre el poder secreto, nunca entendido a tiempo, pero dominante en última instancia, de la literatura.


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15 Comentarios publicados
Posteado por:
Wilberio Mardones
20/08/2008 15:12
[ N° 1 ]

Excelente artículo, gracias Sr. Edwards. Interesantes las apreciaciones críticas de época sobre S., tal vez merecería que nos diéramos el trabajo de una relectura. Ahora, su pícaro testimonio personal (no exento del infaltable nerudazo a la maleta) aporta la chispa que falta a nuestros opinólogos, derrotados todos en las olimpíadas de la gramática y la sintaxis. Y mejor no mencionar a la mayoría de los distinguidos blogueros que me preceden, me parece que no pulen mucho la prosa que despachan...

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Pablo
18/08/2008 15:16
[ N° 2 ]

Señor Hugo, la poesía no está sólamente en las abstracciones de unos poetas o escritores, y las mejores y más brillantes tampoco.

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Anna Karenina
16/08/2008 09:04
[ N° 3 ]

No entiendo... aparte e ponerse en el mapa al lado de Solzhenitsyn, Neruda y Brejnev y asistiendo a doctas cumbres literarias europeas...que pretendia con este articulo?


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Hugo Errázuris
14/08/2008 12:26
[ N° 4 ]

Podríamos decir que este artículo intenta por todos los ángulos poner por el suelo el rol que jugó Neruda durante la guerra fría. Al parecer, el novelista se olvida, que los poemas de uno de los libros más importantes de la poesía de habla hispánica "Canto General" fueron escritos por Neruda en medio de una persecución generalizada proclamada por la ley maldita patrocinada por la derecha chilena. Y haciendo un poco de memoria no hay que olvidar que Dostoievski por debatir sobre las teorías de los escritores socialistas franceses, por aquel entonces prohibidas en la Rusia zarista de Nicolás I, fue sentenciado a cuatro años de trabajos forzados en Siberia, las tensiones de esta etapa le produjieron una epilepsia, que no lo abandonó nunca. Claro que estoy de acuerdo con la última frase: "sobre el poder secreto....., de la literatura".

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Solzhenitsyn
13/08/2008 19:10
[ N° 5 ]

"El Archipiélago de Gulak (sic) es panfleto, informes, denuncias y poca literatura." Lo afirma Carlos Muñoz, muy suelto de cuerpo, unas líneas más abajo. Me hizo recordar a Wilde: La estupidez humana no tiene límites".

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Fernando I.
11/08/2008 17:12
[ N° 6 ]

Señor Alejandro Parada, monstruos tiranos han existido en todo el planeta, no nos venga con su propaganda acá, vaya a vender su pomada donde puedan caer algunos. Y esos montruos, casi siempre prefieren el totalitarismo, los régímenes estatistas, con el que perpetran su terrorismo, con el que esclavizan, dirigen, denigran, etc, a la servidumbre, al pueblo como llaman a la población.

El Estado es la unidad que más poder concentra un país, adueñarse del Estado es el mejor negocio que existe desde que éste se convierte en un órganismo ejecutivo, jurídico, de administración, político, siempre será acechado por grupos de poder que pretenden acrecentarlo para su convniencia y que son la negoción misma del Derecho que conocemos hoy.

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Chapo
11/08/2008 16:51
[ N° 7 ]

Hablando de muertos, torturados, exiliados, campos de concentración, perseguidos políticos y religiosos, homofóbicos, opresión política e ideológica, asesinatos y purgas, los comunistas se llevan la palma.
Por su parte el egregio vate Neruda, no solo no condenó esos horrendos crímenes, sino que los aplaudió y justificó. Pero todo fue por una buena causa, la de su bienestar personal y la posibilidad de vivir en continuo jolgorio con la plata de los chilenos.
Los comunistas y sus compañeros de ruta deben mirar la viga en su propio ojo antes de criticar la paja en el ojo ajeno, sin duda ha sido la ideología mas homicida que ha existido.

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Cristian Muñoz
11/08/2008 16:31
[ N° 8 ]

Esta enredado su articulo. En el párrafo sobre Neruda creo que falta algo, ese algo lo leí hace años en Persona non Grata. Falta la carne de oso, falta la conversación de Neruda con algunos otros escritores soviéticos que pensaban que Solzhenitzyn si era el heredero de las letras rusas del siglo XIX. En fin – antes del aprovechamiento del terrible Putin de la imagen del escritor. Este había cometido algunos errores típicos de los que se creen iluminados. Si bien su primer libro fue muy bueno, los demás fueron aburridos y a esa altura los campos de concentración se conocían. El XX congreso del PCUS los había denunciado. El Archipiélago de Gulak es panfleto, informes, denuncias y poca literatura. El Primee Circulo tuve la gracia de leerlo en Moscú cuando se decía que estaba prohibido, fue aun mas enredado. Creo que era un escritor de 200 páginas, no más. Como Gogol aceptando en su lecho de muerte ser sepultado como un Pope, Soljhenitzen se veía mas grande de lo que literalmente fue. Estamos de acuerdo que no fue Tolstoy, tampoco Tolstoy sobrino, pero me quedo solo con su primera novela, es genial, es lo justo sin aspavientos que confunden y cansan. Regreso a Rusia, acertó en su pronostico que regresaría vivo ( entrevista a Pívot) inicio una fallida intentona política paneslava que no dio resultado. Para los rusos, que si leen mucho y que son críticos hasta de Heminway, Solzhenitsyn nunca les gusto mucho como escritor. Lo querían como un Pope mal genio, y hubiesen gustado que su mentada literatura sirviera también para denunciar lo que el capitalismo salvaje de Putín hace en su tierra. Pero de eso nada, murió en su dacha y soñó con funerales a lo Víctor Hugo- no esta nada de mal y el mismo decía- fue feliz como solo un ruso puede serlo.

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Georges-Michel Darricades
11/08/2008 15:36
[ N° 9 ]

Estimado Jorge: más allá de estar de acuerdo o discrepar con el fondo de sus columnas, muy bien escritas, dicho sea de paso, ya estoy cansado de algunos "críticos" suyoos especialmente de, uno, no aportan ningúnn argumento sólido o peor aún los que no usan su nombre en la firma, como un tal Escipión el africano.Siga jorge escribiendo más allá que compatamos o no sus puntos de vista.
Saludos.
Georges-Michel Darricades.
Columnista de Corporación Proyectamerica y Centro de Estudios Sociales Avance.

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Alejandro Parada
11/08/2008 14:18
[ N° 10 ]

El Senador Comunista y poeta Pablo Neruda fue desaforado por la "justicia" durante el Gobierno de González Videla. Esto con el fin de enviarlo al campo de prisioneros de Pisagua. En ese mismo campo fué encerrado Volodia Teitelboim y otros intelectuales y políticos del PC.

24 años mas tarde, en 1973, permanecerían presos un sin número de adherentes de la Unidad Popular, tan denostada por J. Edwards. Otros como Victor Jara no tuvieron ese "suerte".

Edwards y los suyos fingen olvidar las mounstruosas represiones en el mundo occidental, represiones que, en el caso macabro de Argentina, contaron con el visto bueno de Borges.

Hace la vista gorda frente al martirio y muerte del millón de irakies, de los 4 millones de vietnamitas, del millón de argelinos, de los 800 mil tutsis de Rwanda y de los centenares de miles de latino americanos desaparecidos por las Juntas militares.

Posteado por:
Alfonso Barcelo
09/08/2008 20:09
[ N° 11 ]

Gracias Jorge, exelente y ameno comentario. La Gran Literatura, a la larga, siempre va a prevalecer sobre los
sátrapas de todas las tendencias. En este caso, la literatura rusa, de los autores que tu mencionas, será siempre el faro que guie a su pueblo, por sobre los ocasionales gobernantes de turno, cualquiera sea el afán de sus ideas.

Posteado por:
José Wurgaft
09/08/2008 18:08
[ N° 12 ]

Nuestros grandes escritores y poetas chilenos y comunistas (Neruda, Teitelboim, José Miguel Varas, etc,)dicen que protestaban por las persecuciones y asesinatos a los intelectuales disidentes de los años de Stalin y posteriores. Pero lo hacían "pa callao", y si no recibían respuesta, como en su anécdota sobre Neruda, hasta ahí no más llegaban. En el caso de los mencionados su doble estandar moral, tan difícil de entender para los laicos, les impidió utilizar el poder de su literatura.

Posteado por:
Juan
09/08/2008 11:40
[ N° 13 ]

"El poder secreto del Verbo"

Posteado por:
Escipión El Africano
08/08/2008 20:28
[ N° 14 ]

Digale eso mismo a sus amigos "Stalinistas" de su bien amado Partido Comunista de Chile. ....Se soprendera con sus respuestas.
No me extraña nada de lo que cuenta; especialmente viniendo del siútico del Neftali Reyes.
Acuerdese que en Chile,el Presidente del Colegio de Profesores, hace un año atras dio de puntapiés y por la espalda a un profesor del Instituto Nacional y, no paso nada.
Hace una semana atras, otra miembro del Partido Comunista ofendio gravemente la dignidad de un Ministro de Estado y por ese medio a todos los profesores de este país y; este mismo fulano( no cabe llamarlo de otra manera), la defendió a brazo partido.
La litearuta es un arma poderosa pero, la publicidad lo es aún mas. Acuerdese que la propaganda del vencedor siempre se transformara en la historia del vencido.
Ya esta bueno que deje de razonar como adolescente sr. mio y...deje de lamentarse por las cosas que supo o sospecho y que, siempre calló cuando le convino. No saca nada ahora con sacar a colacion la anécdota con Reyes (neruda). Las verdades deben ademas ser oportunas sino, son simplemente mentiras disfrazadas.
Le repito " consecuencia amigo...consecuencia"

Posteado por:
ximena vera
08/08/2008 19:41
[ N° 15 ]

El poder secreto no sólo reside en la literatura, sino también en el arte. El arte es preclaro olfatea expresiones de la realidad que los historiadores o analistas ilustrados son capaces de describir.

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