Errázuriz, Margarita María


Errázuriz, Margarita María
Lunes 14 de Julio de 2008
El poder de un cambio

La noticia de la liberación de Ingrid Betancourt fue conmovedora. Pero este episodio nos puede proyectar más allá de la emoción que nos provoca ver en libertad a esa mujer, que recordamos con la cabeza inclinada y con un gesto de total entrega.

 

Nos da la oportunidad de reflexionar sobre temas que nos atañen. Por mi parte, veo claramente que la situación permite observar la vigencia de una vieja polémica en el mundo de las ciencias sociales que a mí siempre me ha interesado. Ese debate se centra en qué es lo primero que debemos cambiar: las estructuras sociales o las personas.

 

Recuerdo esta vieja polémica porque me ha llamado la atención que lo primero que hacen muchas personas es sacar cuentas políticas frente a este episodio. En nuestro país, la sospecha ronda en los comentarios: que esto no debe haber sido así… qué es lo que se nos oculta… cuántos habrán muerto que no sabemos… Frente a esas dudas, yo también sospecho. No puedo dejar de preguntarme por qué se dicen estas cosas o cualquier otra de este tipo, en lugar de celebrar a la mujer que simboliza el valor y un nuevo tipo de liderazgo: directo, sin aspavientos, liviano, sereno, manso y fuerte, aunque este conjunto nos parezca contradictorio.

 

Leyendo algunos blogs de artículos colombianos, salta a la vista que la ideología está presente en sus comentarios: que Ingrid decida con quién está… que no hable de Chávez… que se calle su mamá… que Uribe no se vanaglorie… que es un democradura. No conocía la palabra, pero imagino su significado. O sea, la reacción ante un acto heroico y sorprendente es preguntarse a qué estructuras o sistemas beneficia y evitar que la leña se vaya a otra hoguera.

 

Ninguna de esas personas se detiene ante el hecho humano. Para mí, el principal mensaje de este acontecimiento es poner de relieve el carácter humano. La gran inspiración que aporta esta mujer después de seis años de cautiverio es su valor moral, sus recursos espirituales. Su capacidad para sobrevivir y llegar a lo más profundo de su mundo interno me da fuerza en lo personal, y recupero una mirada de la naturaleza humana que me hace bien y que muchas veces pierdo. Ese amor sin límites por su mamá y sus hijos; la solidaridad con sus compañeros; esa entereza, humildad y prudencia, todo a la vez, son ejemplares; cómo la alimentó esa fe profunda y a flor de piel, me parece algo difícil de imaginar o de alcanzar.

 

Ese cambio radical en la persona, luego de compartir con otros en medio de la violencia, el desprecio por el ser humano y sus derechos mínimos; con gente que vive la contradicción de prometer un nuevo orden social, mientras abusa de la autoridad —la que se ejerce con despotismo, exigiendo prebendas y en medio de un dinero fácil—, como han descrito a las FARC los cautivos ahora libres, tiene proyecciones sociales incalculables.

 

Frases que suenan tan ajenas a nuestra realidad social, como “vivir es comprometerse”, “la única respuesta a la violencia es el amor”, “pienso que he podido perdonar de verdad”, “es necesario cambiar el vocabulario, los insultos nos alejan… hay que derrotar con grandeza”, nos puede parecer que pertenecen a una persona de otro planeta. Sin embargo, si uno presta atención a su sentido, en una mujer que dice que lo de ella es la política, se puede pensar que en Colombia cabe la posibilidad de una revolución distinta a las que conocemos, pero no muy distinta a la que muchos aspiran aquí y que ven tan lejana.

 

Tengo la impresión de que el ideario político de Ingrid Betancourt es “pactar una negociación de paz”, frase que ha dicho frecuentemente. Una paz que se imprime con proyecciones impredecibles, como, por ejemplo, ¿qué tipo de condiciones sociales y económicas se requieren para lograr paz? ¿Cómo ellas se logran a partir de la negociación?

 

Difícil tener una respuesta inmediata, pero no hay duda de que ese ideario es un cable a tierra. Para la sociedad, la transformación personal es más revolucionaria y definitiva que los cambios de estructuras que no la consideran. Esto último, ya lo hemos vivido.


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4 Comentarios publicados
Posteado por:
Ximena
01/08/2008 09:36
[ N° 1 ]

Margarita: Hay opiniones que merecen un jarrazo. Me pregunto si a estas personas que aplauden este tipo de actitudes, les gustaría recibirlo de quienes no concuerdan con ellas.
"Las ideas no se imponen agrediendo o insultando, se imponen con argumentos y respeto hacia los demás"
Mi abuelita, que era muy inteligente y sabia me enseñó que:
"Mis derechos terminan cuando comienzan los de los demás" y que "La violencia nada engendra, sólo el amor es fecundo". Ingrid Betancourt,lo sabe.

Posteado por:
JIMENA ALLENDE
30/07/2008 08:48
[ N° 2 ]

POR SU FIDELIDAD, CAPACIDAD DE PERDONAR Y AMAR

Posteado por:
JIMENA ALLENDE
26/07/2008 19:20
[ N° 3 ]

SU BLOG ME RECUERDA A MI MADRE, QUE PENA QUE MAS PERSONAS NO LA CONOCIERAN PROFUNDAMENTE...
ATTE

Posteado por:
Jaime Dayoa
17/07/2008 10:41
[ N° 4 ]

Margarita, debo advertirle que su comentario una vez más, lo he leído con mucha atención y la felicito por su claridad de explicar algo más de Ingrid Betancourt, no sé si se ha enterado, que hasta el momento que estoy escribiendo este posteo, le robaron o secuestraron su primer blog, “Tener opinión propia” donde comenzaba diciendo:

“Tiendo a pensar que hemos perdido la brújula que nos conecta con un mundo personal lleno de riqueza, que nos permite discernir libremente y comprometernos con lo que para nosotros es valioso. Esta pérdida de contacto se proyecta a nuestro mundo social, impidiéndonos hacer un aporte propio a la sociedad. A menudo no pensamos en el significado que tienen los acontecimientos para nuestra vida y menos nos damos cuenta del que tienen para los demás. Lo grave de esta forma de convivir es la jibarización de dimensiones como nuestra humanidad, la que solemos decir que tanto apreciamos.

Nos hemos acostumbrado a vivir con verdades a medias, sin llegar a conocer ni importarnos siquiera lo que hay detrás de cada hecho”.

También esas palabras nos pueden parecer que pertenecen a una persona de otro planeta, pero no, las escribió Ud. y cuánta razón tiene, por eso me cautiva su opinión.
Además, encuentro lamentable que a una mujer Ministra de Educación, le arrojen agua en su rostro, nada menos que por otra mujer, una jovencita de 14 años, su nombre, Música, eso es lo que le falta a nuestro país, más Música. Y usó nada menos que un jarrón, con agua limpia, casi bendita, “esta cabra se cocinó…” comentó uno de sus guardaespaldas, que estaba haciendo mal la pega.

Música, con esa acción, comprometió su vida, por sus compañeros estudiantes, así que jóvenes, a inscribirse en los registros electorales, para derrotar a esa mafia que los reprime, con silenciar a Víctor Jara, no se terminó la Música.

Es, el poder de un cambio.

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