Viernes 11 de Julio de 2008
Inflación de Costos, ¿Remedio monetario o fiscal?

Como resultado del último IPC, que estuvo por encima de lo esperado por el mercado, se ha producido una escalada de declaraciones entre miembros de la profesión económica, y del mercado, en virtud de la cual sería un hecho ineluctable una trayectoria de las tasas de interés de política monetaria con un marcado sesgo alcista de aquí a fin de año. Se dice que de por medio estaría en juego la credibilidad del Banco Central.

 

 

Es evidente que desde el segundo semestre del año pasado la inflación se salió de curso, hasta llegar en la actualidad a cifras que bordean el 10%. Es indudable que dicha cifra no puede dejar contento a nadie, debido a los nocivos efectos que genera en el poder adquisitivo de las personas y sus efectos en la credibilidad del instituto emisor.

 

 

Lamentablemente, la respuesta de política adecuada tiene que ver con el origen del problema. Tal como lo señaló recientemente el profesor Harberger en una conferencia, existe una inflación de demanda y una inflación de costos. Si bien en el caso chileno la demanda ha sido un factor de presión, el factor de costo de precios de alimentos y petróleo lo supera con creces. Mucho más relevante que el comportamiento pasado, es el comportamiento reciente, que muestra una sistemática desaceleración de la creación de empleos en los últimos cuatro meses (de cifras superiores a 250 mil empleos anuales, pasamos a cifras levemente por encima de 150 mil), el frenazo de los créditos de consumo (de tasas reales de crecimiento del 20% hemos pasado a cifras inferiores al 5%). Los salarios nominales crecen en términos reales a 0%.

 

 

Por su parte, el escenario internacional se ve cada vez peor. EE.UU. en la práctica se halla en recesión, lo que está afectando a Europa y al Asia, con lo cual el crecimiento esperado de nuestras exportaciones difícilmente llegará al 3%.

 

 

En estas condiciones, el remedio monetario de alzar las tasas de política monetaria tiene poco y nada que ver con la solución del problema. Ciertamente que un alza marcada de tasas de interés terminará por ajustar la inflación a la baja, pero con un costo en términos de actividad y empleo que puede ser significativo.

 

 

La economía chilena no tiene una restricción de brecha externa, fiscal o de brecha productiva. Esto significa que perfectamente puede crecer más, en la medida en que ello no afecte las metas de inflación. Para ello, la herramienta adecuada es de tipo fiscal: una baja del IVA de 2%, de carácter transitorio (por dos o tres años), tiene el efecto de alivianar la carga del Banco Central y a la vez favorecer la actividad. La credibilidad del Banco Central se juega también en la eficiencia en el control de la inflación, o de lo contrario podríamos repetir los desastrosos efectos del ajuste aplicado en la crisis asiática.

 


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