Edwards, Jorge
Siempre vuelvo a encontrar en la Colombia que conozco, en barrios de Bogotá, en la ciudadela de Cartagena, rasgos de una cortesía, de un respeto elemental, literario y humano, que a menudo, con excesiva frecuencia, echo de menos en Chile. No sé si son costumbres antiguas, en vías de extinción, pero en caso de que lo sean, me propongo luchar para que sobrevivan. Recuerdo, de mis lejanos días habaneros, una crónica
Por ejemplo, llega a entrevistarme el ensayista, librero de la conocida librería San Librario, lector por excelencia, que es Alvaro Castillo, y no sólo ha publicado un texto estupendo sobre mi última novela. También trae un regalo bien pensado, bien elegido, prueba de una amabilidad superior: la edición original, publicada en 1966,
Escribo las líneas anteriores, pero paso de inmediato, por una cuestión de higiene mental, a otro tema. En mis días en Bogotá conocí en persona a muchos de los novelistas de la nueva generación y me quedé impresionado por la atmósfera amistosa, de camaradería franca, de comunicación frecuente y bien cultivada, que sabían mantener entre ellos. En casa de Fernando y Adriana Quiroz comimos “frijolitos” en platones de greda, acompañados de enormes paltas (aguacates), de salsas diversas, de plátanos fritos, de aguardientes de Antioquia y de otros lugares. Se habló de poetas reales e imaginarios, de personajes marginales, de costumbres desaparecidas. Me pareció que había una intensa vida de familia, de grupos; una especie de tertulia cotidiana y continuada en la que participaban todos, los padres, los hijos de las personas conocidas, los vecinos, los allegados, y hasta los gatos y los perros de los caserones familiares. Soy lector irregular y desordenado, leo de vez en cuando a los jóvenes, pero también dedico largo tiempo a la lectura de Montaigne y a la relectura de Dostoievski. Si lee a Montaigne, me observa alguien, quiere decir que usted es un liberal. Mi única observación es que el Montaigne de esa persona, que me asegura que lo lee todas las noches, está impregnado de liberalismo. El mío, en cambio, es un narrador reflexivo, lleno de movimientos del espíritu, de salidas sorpresivas, de preguntas estimulantes, pero que no tienen respuestas claras. Busco y rebusco, un par de días más tarde, en una librería mexicana, y encuentro un largo ensayo de Juan José Arreola sobre los clásicos ensayos del maestro de Burdeos. Por mi parte, me propongo contribuir al género de alguna manera. Contar a mi modo, quizá, la muerte del escritor del siglo XVI, quien había formado parte de los seguidores de Enrique de Navarra, el rival de Enrique III y aspirante al trono, y después, cuando había sido invitado a incorporarse a la corte por Enrique IV triunfante, había esquivado la invitación y había caído en desgracia. La invitación del monarca, desde luego, era una orden, pero Montaigne había preferido seguir enclaustrado en su torre, dedicado a la lectura de los clásicos y a la escritura. En esos mismos días de su desgracia, una señora joven, “menor que la menor de sus hijas”, se puso a mandarle cartas de encendida admiración y terminó por llevárselo a vivir con ella en su residencia campesina. Ahí lo cuidó hasta su muerte, y suponemos que la edad avanzada del señor de Montaigne, cuyo nombre de familia era Eyquem, nombre también de un famoso vino blanco, lo salvó de los celos del marido y dueño de casa.
Para hacer la paráfrasis de Hamlet en los diálogos con su amigo Horacio, hay cosas en el cielo y en la tierra que la filosofía de algunos plumíferos locales no alcanza a comprender. Además, basta conocerlos un poco para saber que no la comprenderán nunca. A todo esto, en la vida política colombiana se ventila una polémica interesante, llena de consecuencias, que forma parte de los grandes temas históricos del mundo nuestro. En los sectores más partidarios del presidente Uribe se habla de modificar la Constitución a fin de que pueda ser reelegido. Pero salen voces, incluso en el uribismo, que se oponen a esta reforma constitucional por razones de principios. Sería interesante conocer ahora los argumentos originales que se tuvieron en cuenta para instaurar los sistemas hispanoamericanos de no reelección. El caudillismo asomaba su oreja por todos lados, y había que sofocarlo de raíz. Leyendo reflexiones colombianas de estos días, me dije, sin pretender entrar en disquisiciones ajenas, que si el presidente Uribe se retira en el plazo constitucional, adquirirá una fuerza y un poder personal enormes, mayores que los que ya tiene. Y que si se hace reelegir más o menos a la fuerza, podría producirse el fenómeno inverso. Son, a lo mejor, paradojas liberales, que al maestro de Burdeos le habría gustado comentar en sus papeles.
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Posteado por: Alejandra Pérez 15/03/2009 15:27 [ N° 1 ] |
Amo Colombia, sentí exactamente lo mismo al estar allá... gente divina! |
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Posteado por: pedro contreras 11/11/2008 15:05 [ N° 2 ] |
El Sr. Marín, es como los cachalotes, grandote, feo, y con un cerebro reducido. |
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Posteado por: Patricio 16/07/2008 14:17 [ N° 3 ] |
Me tomo en serio los comentarios que sus palabras gereran Dn Jorge. Es necesario estar al dia de como pensamos y discurrimos al respecto. Pero me pregunto con cierta curiosidad, el por que de tanto odio no resuelto.Por desgracia no tengo respuesta y me quedo con lo mejor , que son sus reelecturas de Montaigne. Mismo que se ha metido en mi cabeza para no salir |
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Posteado por: Felicinda Bravo 04/07/2008 15:43 [ N° 4 ] |
Solo ciudades feas y grisaceas en este pais: el horrendo Santiago, como dijo Enrique Lihn.Reflejo de nuestra alma colectiva y desinteres total por la belleza urbana.Pobre pueblo de fin de mundo, que reune las desventajas de un villorio polvoriento y el hacinamiento y deshumanizacion de una enorme ciudad sin alma. |
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Posteado por: Erico Wulf 30/06/2008 15:56 [ N° 5 ] |
Que se diga que Chile es grisáceo y provinciano,no deberia ser motivo de disgusto pues es la realidad que se aprecia actualmente en diversos ámbitos del Chile actual, aunque probablemente ha sido asi desde siempre.Existe una amargura colectiva que data de la epoca de la colonia, que se refleja miserablemente en las conductas diarias, los juicios a las personas, asi como el respeto y valoracion de los meritos de cada cual. |
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Posteado por: Doña Alma Errante vda. de Absburgos 30/06/2008 14:41 [ N° 6 ] |
No puedo escribirte todo lo que quisiese, niño, pero |
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Posteado por: Escipión El Africano 27/06/2008 19:47 [ N° 7 ] |
Mientras personas como ud. sigan haciendo gargaras con las revoluciones..no habra en America nunca un lugar tranquilo. |